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Boudebouz, magia argelina para el Betis

Ryad Boudebouz ya es del Betis. El jugador argelino de 27 años ha sido el galáctico del equipo sevillano en un mercado de fichajes en el que han dado un salto cualitativo, con jugadores contrastados como Tello, Guardado, Sergio León, Barragán o Camarasa.

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Tras la baja de Dani Ceballos, el Betis necesitaba un futbolista que atesorara magia en sus botas y que fuese decisivo en los metros finales. Boudebouz es idóneo, aunque el ex de Montpellier tenga características muy distintas a las de Ceballos.
Boudebouz no ha sido siempre extremo. En sus inicios en Sochaux, François Gillot, un técnico amante de las innovaciones tácticas con los jugadores, empezó colocándolo de volante. Su facilidad para desbordar, su uno contra uno en el que destrozaba a su rival y su gran disparo hacían de Boudebouz un futbolista perfecto para comenzar a jugar en la posición de volante, por delante del pivote defensivo.

Como durante toda su carrera, Boudebouz siempre ha tenido un socio con el que ha generado mucho fútbol. En el Sochaux, Marvin Martin se erigió como uno de los futbolistas con más futuro del fútbol francés, y en parte gracias a los pases al espacio que aprovechaba Boudebouz. Su mejoría de cara a puerta y su llegada hicieron pensar a Gillot que igual lo mejor era adelantar su posición para jugar con Martin aún más liberado y no quitarle el protagonismo que necesitaba un jugador que también poseía cualidades técnicas extraordinarias. Entonces, Boudebouz se pegó a la banda izquierda, aunque la irrupción de Maurice-Belay en dicho sector puso en un dilema a Gillot, quien lo metería en la derecha para potenciar su regate y disparo, rindiendo Boudebouz a un magnífico nivel en un sector que no ha sido el que más ha usado a lo largo de su carrera, pese a que le potencia las virtudes.

El FC Sochaux realizó una de las mejores temporadas de su historia en la temporada 2010/2011. Poco importó que el Lille ganara la liga ya que todo el mundo habló del maravilloso equipo que armó Francis Gillot. Sobre todo, por sus variantes en ataque y porque tenían a un jugador tan diferencial como Boudebouz, reconvertido en extremo por su falta de sacrificio defensivo pero liberado por toda la parcela de ataque para permitir las subidas de los laterales, tanto en la banda izquierda como en derecha, ya que actuó en ambos lados. Era extremo sobre el papel pero nunca se quedó encorsetado en la banda, él necesitaba combinar, moverse cerca del área y armar su disparo o asistir para sentirse protagonista. Prueba de ello son los 8 goles y 8 asistencias que consiguió en dicha temporada, valiendo una clasificación para la Europa League -en la que cayó en la previa ante ese Metalist que jugaría los cuartos de final aquel año- y siendo el jugador más destacado de aquel equipo junto al venerado Marvin Martin.

Dos temporadas a un alto nivel preludiaban que Boudebouz se marcharía pronto a un equipo importante de Francia. Pero el innovador proyecto del SC Bastia, fichando a jugadores como Khazri, Romaric, Djibril Cissé, Squilacci o Modesto, era un equipo que le aseguraba tener el protagonismo que él siempre anheló. Si bien es cierto que en Sochaux por números fue el mejor, los flashes y los méritos siempre fueron para Marvin Martin.
Las mismas sensaciones que en Sochaux, sobre todo en cuanto a juego se refiere, se dieron en la isla de Córcega. Boudebouz volvió a tener libertad, comenzando en la banda izquierda, para lanzar diagonales, irse mucho al centro y tener mucha más posibilidades de armar su disparo. Cuatro goles y seis asistencias en su primera temporada, teniendo a un socio como Wahbi Khazri cerca del área con el que poder combinar y sobre todo, mejorando su uno contra uno en espacios cortos. Regates imposibles, constancia durante muchos minutos y amagues que zafaban al rival de un plumazo, Boudebouz se convirtió en una delicia para el espectador en sus dos temporadas en Bastia.

En Francia se ha puesto de moda ahora lo de jugar con falsos extremos, como en buena parte del panorama europeo. Podemos encontrar el caso en el AS Mónaco del año pasado, cuando Lemar prácticamente no usaba la banda izquierda para que subiera el carril izquierdo, en el PSG de Blanc con Pastore, cuando, empezando en la banda izquierda, era un media punta más que permitía las subidas de Maxwell en el sector izquierdo. Ejemplos que se fijaron en el mencionado Sochaux de Gillot y que también se hizo viral en el Bastia.

En Bastia, Boudebouz tuvo los mismos automatismos que había divisado en Sochaux. En Khazri encontró su propio Marvin Martin y en Palmeri, un lateral ultraofensivo que no se cansaba de correr los 90 minutos, su Sauget de Sochaux. Él, comenzando en la banda izquierda, se movió por todo el ataque para despistar y descoser los sistemas tácticos rivales. 74 partidos en Bastia, 8 goles y más de 15 asistencias que, aunque ya tenía el nivel para dar el salto a un grande, volvió a ser discreto, en una muestra más de su madurez, para fichar por el Montpellier.

En el Montpellier, hemos visto la versión de Boudebouz más “egoísta”. No solo porque ha generado múltiples ocasiones al mejorar su disparo a media-larga distancia, sino porque también ha asumido unos galones, a la postre de su mejoría en el juego, que le han permitido lanzar casi todo a balón parado. Reforzánose en su prodigiosa zurda, muchas de las asistencias de Boudebouz en el sur de Francia han venido a balón parado, ya que en él tiene un guante y son prácticamente medio gol los servicios que dispone con su bota izquierda.

El Boudebouz “egoísta” se explica mejor desde el punto de vista defensivo. Si bien es cierto que en Bastia y Sochaux su comportamiento defensivo ya era un tanto pasivo, en Montpellier le idearon un sistema para que prácticamente él fuera el único que no defendiera junto a Mounié del equipo entrenador por el ex técnico del Montpellier, Jean-Louis Gasset. A Boudebouz le colocaron a Skhiri de media punta, un futbolista sin dotes técnicas que en transición defensiva se incrustaba en la banda izquierda para que Boudebouz esperara en ataque hasta que sus compañeros robaran la pelota. Un pasivo que luego a la hora de atacar era un plus, ya que físicamente también ha driblado a rivales con más facilidad gracias a su potente tren inferior.

Boudebouz se convirtió en un arma letal en campo contrario para el Montpellier. Jugando con total libertad, escudado por Skhiri, Mbenza -al que le ha servido bastantes balones al espacio en este último pase tras zafar a un rival, que tanto le gusta- o Paul Lasné -también trabajador- el argelino prácticamente no participaba en el juego, aunque en ocasiones bajaba a recibir para sentir el contacto con la pelota. El no entrar tanto en juego le hacía ser un jugador que aparecía pocas veces en los partidos, pero cuando lo hacía, era para asistir o marcar gol. 12 asistencias, siendo el máximo asistente de la Ligue 1, le valieron en la 15/16 para callar a todos los que le pedían más sacrificio en defensa, respondiendo con jugadas maradonianas en ocasiones o con regates casi imposibles que seguían cimentando su diferencia individual.

En Montpellier también vimos cómo Boudebouz se tiraba al centro para que el lateral izquierdo, Roussillon -que coincidió con él en el Sochaux de Gillot- tuviera todo el carril disponible para generar juego por su perfil. Boudebouz disputó dos temporadas en Montpellier en las que solo se ha perdido 5 partidos en Ligue 1. Se habla de su fragilidad para lesionarse y los datos evidencian que ha jugado 5 temporadas en Ligue 1 disputando 38 partidos del campeonato doméstico. Regularidad sí, pero es común verle con calambres y problemas físicos en los partidos aun no perdiéndose casi ninguno por lesión. Es un hándicap que deberá regular Setién si quiere tener en él al jugador decisivo de las últimas dos temporadas en Montpellier.

Quizás la transformación definitiva de Boudebouz se ha visto en la presente temporada. Sus 11 goles y 9 asistencias son el mejor registro personal suyo, y quizás mucha culpa de ello tiene el liderazgo que le dio el Montpellier con Jean-Louis Gasset. Partiendo de una posición totalmente centrada, poco importaba cómo transitara su equipo. Él siempre atacaba la espalda del medio centro rival y, con movimientos constantes de ruptura entre líneas que le permitieran encarar, sacó a relucir su potente disparo. Si alguno ve goles de Boudebouz, es un jugador que siempre antes de disparar amaga o intenta regatear a su oponente. No es un jugador de recibir y disparar, sino que le gusta hacer bonito el gol. Es algo que a otro jugador le podría penalizar, pero su superioridad en el cuerpo a cuerpo y en espacios cortos, sobre todo en cintura le han permitido hacer goles de degustación para el espectador.

Ryad Boudebouz llega al Betis para intentar ser uno de los jugadores más diferenciales de todo el campeonato en la línea de mediapuntas. Muchos piensan que será el sustituto natural de Dani Ceballos en el club, pero la realidad es que no se parecen en nada. Mientras que el sevillano es un jugador que pide la pelota los 90 minutos, que quiere participar en el juego y que es un torbellino alocado cuando va a la portería, parecedor de ansia, Boudebouz es mucho más pasivo. El argelino no tiene la necesidad de querer la pelota, no participa mucho en transiciones -si bien es cierto que a veces, como hemos mencionado, baja a combinar para entrar en contacto con la pelota- y es un jugador que tiene mucha más facilidad para ver el último pase, y eso que estamos hablando de todo un jugador como Dani Ceballos.

El Betis se lleva en Boudebouz el descaro, el desnudo y sobre todo, uno de los mejores driblistas del campeonato francés. Poseé un tren inferior muy potente, de ahí su violencia en sus disparos y la dificultad para quitarle la pelota. Imponente en el último pase y por su facilidad para combinar en situaciones en las que muchos jugadores no ven la opción de pase, Boudebouz puede ser una de las gangas de este verano. Los 8 millones que paga el Betis por él cuando hace un año el Montpellier pedía 20 es un precio bastante asequible por un futbolista que hace muy poco tiempo se estaban rifando varios equipos grandes de Francia como el Lyon o el OM.

Su poco compromiso defensivo, su irregularidad en ciertos momentos y que es argelino -estirpe de jugadores como Ghezzal o Feghouli que cuando no les sale una jugada se concomen consigo mismos durante mucho tiempo el partido- son aspectos que deberá mejorar Boudebouz en una liga que por adaptación es distinta a la francesa. En España prima la táctica y las defensas zonales mientras que en Francia siempre hay duelos 1 vs 1 en casi todas las zonas del campo, algo que beneficiaba a Boudebouz. España no es Francia y el argelino aquí no tendrá tanta dificultad para desbordar y armar su disparo ya que cuando quiera pensar, tendrá otra pierna a su lado para quitarle la pelota. Si pule eso y las lesiones le respetan, estamos ante uno de los fichajes de La Liga esta temporada.

ARTÍCULO DE ANDRÉS ONRUBIA (@AndiOnrubia en Twitter)

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