Paulinho contra todos

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Parece que Bartomeu tiene muy claro lo que presenció durante la temporada pasada y, a consecuencia, lo que se necesita para la entrante. Y también, parece, le da bastante igual cualquier petición del nuevo entrenador -si es que hubo alguna-, a juzgar por las palabras de este un día antes de la llegada de Paulinho; “No tengo constancia de nada. Sé que suenan muchos jugadores. De momento no hay nada o yo no me he enterado”, sentenció Ernesto Valverde en la previa del partido de ida de la Supercopa.

A decir verdad, Bartomeu y la cúpula directiva vieron lo que muchos aficionados. Y hasta hoy nada les ha hecho cambiar de parecer. Finalmente Paulinho ha llegado en agosto, pero pudo sopesar la oferta desde mitad de junio, cuando declaró que “el interés de un grande como el Barcelona no tiene precio. No tengo un plazo para responder, a diario hablo con mi representante. Los clubes tienen que ponerse de acuerdo”.

En Can Barça se sabía de la necesidad de reforzar el sector derecho.

Ellos observaron que el equipo hacía aguas en la derecha, de punta a punta. No se producía demasiado en ataque y, principalmente, se concedía todo en defensa. Messi ya no estaba ahí apenas, como el año previo. Ni tampoco Alves. Y las soluciones, particulares o grupales, no cuajaron.

Por eso, aun manteniendo a Sergi Roberto y Aleix Vidal, ficharon a Semedo. Así, incluso teniendo a una pieza similar como es Rákitic, han fichado a Paulinho. Todo ello por blindar la espalda de un Messi desentendido en presión o achique de espacios y centrado exclusivamente en hacer fluir la vanguardia. En ser determinante con el balón.

Seguramente, los refuerzos no son lo que el equipo necesitase para crear juego, pero esta vez el presidente quiso cimentar sobre terreno defensivo. Ambas contrataciones parecen indicarlo. Se ha fichado con la firme intención de asegurar el flanco débil defensivamente.

Entre la llegada del lateral portugués y la reciente del brasileño, la inesperada salida de Neymar igual hacía pensar en un cambio de estrategia de mercado con el fin de potenciar a un desamparado Messi, pero Bartomeu se ha mantenido firme. Por eso aterriza Paulinho. Se solidifica la parte derecha y ya se verá lo que hacer para suplir al astro carioca en la izquierda.

Triunfante en Brasil. Agridulce en Europa. Comandante en Asia.

Lo cierto es que Paulinho, pese a sus 29 años, está en su mejor momento. Un estado de forma similar al que lo lanzase al estrellato en la Brasil de Scolari allá por 2013, cuando se comió al centro del campo español en la final de la Confederaciones. Tras el Corinthians campeón de Libertadores y Mundial de Clubes de Tite llegó al Tottenham, a una Premier hecha a su medida, y fue desaprovechado. Tras una buena primera temporada, la siguiente no tuvo el desempeño esperado. Ya en China, nuevamente a las órdenes de Scolari, ha vuelto a disfrutar y, como si el tiempo no hubiese pasado, la potente Canarinha dirigida ahora por el citado Tite, depende en gran medida de él. Coutinho y Neymar tienen libertad artística por el caballete que los sostiene. Ese triángulo invertido donde Paulinho no solo brega ni brega solo, sino que esta labor la comparte con Casemiro y Renato Augusto. Ahora también elabora, cualidad que a priori nunca le ha sido propia pero que la laxitud técnico/táctica de la liga asiática le ha permitido desarrollar.

El Paulinho actual corre y transita como hace un lustro, pero además baja a recibir, apoyando el origen de la jugada. Una “veteranía” bien alcanzada que le ha hecho mejorar este extremo.

Pero Bartomeu no lo ha traído para esto último, sino para que todo lo que pase por su zona sea recuperado. Para preocuparse lo menos posible de las despreocupaciones de Leo sobre el césped. La intención del mandamás sigue sin mácula, porque la vista no miente y su retina engulló los innumerables torrentes contragolpeadores rivales la pasada campaña.

Paulinho necesitará metros que recorrer y no tratar de ser el mediocampista posicional que nunca fue.

En clave Valverde, y suponiendo que a este le parezca un futbolista atractivo, en el eterno 4-3-3 catalán al que se ha adaptado ya, lo normal es que el brasileño actúe en lugar de Rakitic. Aunque el croata entusiasma al técnico y en la pretemporada ha sido, quizá junto a Umtiti, el mejor de los azulgranas. De producirse el cambio de cromos, mirando hacia adelante, el Barça perderá toque y circulación y ganará amplitud y llegada al área. La vía directa hacia Messi que inician Piqué y Busquets probablemente sufra interrupciones, obligando al diez a procurarse alguna que otra jugada por la vía heterodoxa; la de sobrepasar la línea divisoria del rectángulo en dirección contraria.

En esencia, Paulinho es un interior de recorrido, ese doble pivote al que le es permitido descolgarse, no un futbolista posicional. Su actitud defensiva está más relacionada con la espera, presión en campo propio cuerpo a cuerpo y salida potente que con la recuperación tras pérdida en mitad de cancha rival, con pocos metros ante sí y mucho oponente aglomerado. Ahí, en la situación normal de un ataque barcelonista llevado a su mejor versión, se hace imprescindible la agilidad mental, no la cualidad física. Paulinho no tiene esa luz.

De seguir con este planteamiento, como se prevé con Valverde, la limitación principal del centrocampista seguramente salga a relucir: la lentitud en la distribución. Al recuperarla arriba, el pase adecuado y veloz que demanda el sistema no será igual de certero que con Rakitic.

Por tanto, retomando lo dicho, si el entrenador pretende volver al fútbol de posición característico del Barça -algo olvidado con Lucho- Bartomeu debería haber cambiado el plan, máxime con la salida de Neymar.

Con el actual panorama, queda ver si el mecanismo de Ernesto Valverde varía algo sobre el exhibido en pretemporada. De darse este caso, si el equipo va a mirar un poco más hacia atrás y arriba va a seguir armando un ataque a tres, Paulinho es un refuerzo muy válido. En repliegue, pocos jugadores hay actualmente como él. Al volante sudamericano el largo del terreno se le queda escaso, y con una fuerza impropia del arquetipo brasileño, abarca todo lo exigible.

Si Paulinho se sitúa más en paralelo con Busquets y el esférico le es entregado a Messi con prontitud, él será beneficiado. Si el Txingurri pretende acercar a Messi al área, darle el balón más adelante y seguir con el control total y la presión intensa arriba, Paulinho perderá esencia y solo veremos desarrollada su capacidad de correr hacia atrás. Como seguro ha pretendido Josep Maria Bartomeu al abonar los 40 millones que le ataban al Guangzhou Evergrande.

ARTÍCULO DE FCO. JAVIER ROLDÁN (@JaviHipo en Twitter)

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