Yannick Carrasco al margen del sistema

El Atlético de Madrid no es un equipo para solistas. No es una banda de Jazz, como lo puede ser su vecino, el Real Madrid. La palabra jugador siempre queda diluida entre el vocablo Equipo, una palabra formada por muchos significados que, prácticamente siempre, desembocan en un final que ensalza el valor de lo colectivo. Un significado que llevan tatuado con fuego jugadores como Koke, Gabi, Saúl, Godín y Griezmann, el único solista capaz de ser Él y el Equipo a la par. No hay distinciones en la exuberancia del galo, pero si hay un jugador que lleva hasta el límite los solos con el balón en los pies, que se lanza a la aventura y desafía la coral Cholista, es Yannick Carrasco.

Ahora, con la llegada de Vitolo -jugando en Las Palmas hasta enero- se reabre un debate que ya viene retumbando en la cabeza de muchos atléticos y, por supuesto, en la del propio Cholo. Él como nadie sabe de las virtudes de Vitolo, jugador con ADN Cholista, de trabajo incansable y espíritu guerrero. A eso se le une su enorme verticalidad y su liderazgo, ya probado en tierras del Nervión. Ante este panorama, Carrasco debe emerger como lo que, por sus condiciones técnicas, tiene que ser; la segunda espada de un conjunto demasiado dependiente de Antoine Griezmann.

La problemática de encontrar a alguien diferencial en los últimos metros a la par que entendible en el esquema del Cholo ha llevado a Vitolo al Manzanares.

Pero ¿cómo afecta la posición de Griezmann en el juego de Carrasco? ¿Qué tiene Vitolo que Carrasco aún no ha logrado aportar? Para empezar, los costados siempre han sido pieza fundamental del Atlético del Cholo. Empezando por los laterales y siguiendo con los hombres en la consiguiente línea de 4. Pero todas las piezas que se han juntado en esta posición tenían un denominador en común: su capacidad de mimar la pelota y de asociarse en espacios cortos. El caso de Arda Turan, que ejercía siempre de faro para el Atleti, o el de Koke, que imponía la pausa y el poso necesario en cada situación. El Cholo encontró en Carrasco a una figura totalmente contrapuesta por naturaleza. El belga exige espacio, libertad y conducción. Precisa de un contexto diferente y, por lo tanto, de un recorrido antagónico. Si los otros jugadores se adaptan al dibujo, en el caso del belga es el dibujo quién debe adaptarse a él.

La libertad de movimientos de la que precisa topa de frente con la imperiosa necesidad de Antoine de moverse con total desenvoltura por todo el terreno de juego. El francés es, al mismo tiempo, el creador y el finalizador. La pausa y la aceleración. Concentra todas las virtudes de este nuevo Cholismo más vistoso, pero igual de inflexible. Solo con Griezmann ha habido libertad. La pasada temporada ya vimos como Simeone situaba a Carrasco escorado en el costado derecho, algo que al belga no le gusta nada. Allí se ve obligado a abandonar sus galopadas y su naturaleza le empuja a carreras desbocadas que terminan descomponiendo al equipo. Prescinde de lo estático. Le va el ritmo.

Con la llegada de Vitolo es muy probable que el Cholo busque un perfil mucho más permeable a sus ideas. Capaz de ubicarse donde sea más necesario para el equipo y a la vez de ser igual de dañino. Allí Vitolo sí resulta diferencial. Su capacidad de desborde es compatible con su adaptabilidad en un sistema táctico mucho más férreo. Además, su sacrificio defensivo, ya visto en el Pizjuán, donde ostentaba el estrellato, está fuera de toda duda, mientras que Carrasco mira con escepticismo esta faceta que forma parte de manera incontestable de su posición.

Nadie duda de la calidad y determinación de Carrasco que, en algunos tramos, alcanzó el nivel de finura necesario para hacernos dudar sobre cuál debía ser su papel; ¿jugador limitado por espacios/funciones o pieza fundamental, con más libertad? Su irregularidad y su conducta hacia lo salvaje han hecho de él un elemento extraño en el rígido ecosistema de Simeone en donde solo Antoine es capaz de saltarse las premisas. Aún queda mucho hasta que veamos a Vitolo vestir la zamarra colchonera, pero si Yannick quiere conservar su titularidad, deberá adaptarse a las exigencias tácticas de su técnico y, en cierto modo, abandonar ese espíritu aventurero. El Atlético no es lugar para solistas.

Un comentario Agrega el tuyo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *