El termómetro del Girona

La entrada del Girona por todo lo alto en la Liga Santander ya es irreprochable. Las actuaciones imperantes contra Atlético y Málaga han sido la carta de presentación ideal para un equipo debutante. Una de las claves de esta buena dinámica ha sido que la consolidación del cuadro gerundense con el modelo de Machín, introduciendo solo cuatro piezas nuevas en el once del curso pasado, haya topado con el poco conocimiento que tienen los rivales de este nuevo Girona. Aunque ambos partidos han evolucionado de formas distintas, el dominio de los catalanes ha tenido un denominador común: el medio del campo.

Machín reconvierte su sistema y demuestra su competitividad en la nueva categoría.

La zona ancha gerundense ha adquirido otra perspectiva en este nuevo curso. Machín ha vuelto a retocar la parte más moldeable de su clásico 3-5-2, incrementando su protagonismo en el juego y dotándole de más poderío asociativo con dos parejas de mediocampistas. La primera, formada por Àlex Granell y Pere Pons, tiene un rol más estricto en la posición y más orientado en la dirección y la salida del balón, mientras que la segunda, compuesta por Borja García y Portu, se encuentra entre el doble pivote y el delantero y está caracterizada por su perfil más asociativo y de soporte a los carrileros en una zona de influencia más liberada.

Para tener mejor detalle de este cuadro en el centro del campo del Girona, dividimos las parejas según su perfil en vez de su situación en el rectángulo.

BORJA GARCÍA Y ÀLEX GRANELL

Àlex Granell es la pieza angular del Girona. Su calidad era indudable pero su espléndido rendimiento en 180 minutos de juego no admite otra alternativa más sólida en su posición en la medular a corto plazo. Sus principales aportaciones han sido en la basculación y en las jugadas a balón parado. Su visión de juego ha dosificado el trato del balón del combinado gerundense y ha permitido ser más imprevisible para el rival mediante desplazamiento hacia los carrileros, sobretodo al del lado opuesto que ocupa Maffeo. Asimismo, con su particular pierna izquierda ha desequilibrado la balanza en ambos encuentros y se ha convertido así en el protagonista de las jugadas a balón parado, seña de identidad del juego de Machín.

Junto a Granell, otro de los jugadores que parecen tener un sitio fijo en ese nuevo 3-4-2-1 es Borja García. Dotado de una cualidad técnica impecable, el jugador madrileño ha sido el encargado de modular el juego del cuadro catalán en campo rival. Le ha otorgado pausa y riqueza asociativa al equipo en un terreno precario de ambas virtudes el curso pasado. Por otro lado, la libertad posicional de la que dispone le ha permitido caerse con más facilidad en la banda de Aday, el carrilero izquierdo, incrementado su participación en la combinación en el ataque estático.

PERE PONS Y PORTU

A diferencia de Borja García y Àlex Granell, la pareja compuesta por Pere Pons y Christian “Portu” Portugués ha perdido impacto en el juego a raíz de este nuevo sistema. Sus maneras de hacer no han casado con esta reconversión del modelo y, aunque sus perfiles tienen diferencias evidentes, los motivos de su leve intervención proceden de razones sinónimas.

Uno de los principales motivos es la carencia de espacios: ambos disponen de una capacidad de desborde que se ha visto minimizada debido al jugador de más en zona de tres cuartos y el carácter horizontal que ha adquirido el juego. Otro de los inconvenientes nace a partir de la intensa presión que ha mostrado el equipo durante las primeras partes, cuando vivía en campo rival y los espacios se reducían. El papel determinante de Borja y Granell en la asociación y la dirección del juego se oponía a la escasez participativa de Pere Pons y Portu, más involucrados en tareas defensivas. Este hecho interfería en el papel de Maffeo, que asumía más profundidad a diferencia de Aday, por el perfil vertical de Portu y Pons y por ocupar una zona contraria a Granell y Borja, donde se concentraba el juego asociativo.

Por otro lado, en estos dos partidos, cuando el encuentro se abría, sus funciones ganaban peso en el juego. Aun así, la menor incidencia ofensiva de los carrileros a medida que pasaba el encuentro, por circunstancias determinadas del partido, provocaba consecuentemente que su impacto no fuese tan incisivo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *