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El libreto de Valverde

Hablar del derbi reduciéndolo todo a la actuación de Leo Messi sería injusto, aunque lógico. El argentino catalizó el juego azulgrana, le puso ritmo al ataque y acabó las jugadas. Volvió a ser el principio y el fin del Barça ante el ruido de fondo que apabulla a la entidad, el argentino actuó en silencio, dejando otro derbi más para el recuerdo.

Pero Ernesto Valverde es otro de los grandes protagonistas en este inicio liguero. Sus continuas innovaciones en el once en busca de mayor control y efecto sorpresa, están dando sus frutos. Ayer el Txingurri vovlió al «clásico» 4-3-3 de inicio, pero con la gran diferencia que Deulofeu se incrustaba en el costado derecho y no en el izquierdo, por lo que se reactivaba una banda que en muchos partidos era una mera anécdota. Eso provocó  consecuencias directas dentro del juego culé. La primera es que vimos todo el carril para un excelente Jordi Alba, que se sentía muy cómodo en ese espacio, entrando como un cuchillo en diagonales que Leo Messi se encargaba de hacer productivas. Además, Andrés Iniesta estuvo más participativo al quedar su zona más vacía y se le vio entonado y con buen ritmo.

El nuevo Leo

Pero me gustaría centrar el análisis en dos matices muy interesantes -a la par que muy importantes-. El primero es la posición de Leo Messi como falso 9. Ante la baja del charrúa todos nos preguntábamos qué posición ocuparía Leo cuando el uruguayo volviese. Y en su primer test juntos ambos compartieron punta, Leo con libertad total para bajar y Luis escorado un poco a la izquierda. El partido de Messi reafirma la necesidad de acercar al argentino al balcón del área. Allí, su capacidad para producir es diabólica y su mera presencia hace cambiar todo el sistema defensivo rival. De esta «nueva» reubicación de Messi, nace la nueva posición de Luis Suárez. Suárez escora su posición cuando Leo se acerca para dar el espacio necesario y no estorbarse. Allí no se le vio cómodo, pero puede que sea fruto de su actual estado de imprecisión.  Ya sin partir desde la derecha, la posición de Messi naturaliza al equipo, que el año pasado vivía con Rakitic de falso extremo en muchas ocasiones, para ocupar una posición meramente estratégica y sin peso ni influencia en el juego.

9 goles a favor y 0 en contra en sus 3 primeros partidos de Liga son un buen aval para Ernesto Valverde.

El resurgir de la medular

Ante este planteamiento de Valverde, los grandes beneficiados son los centrocampistas, que vieron perder su peso de forma progresiva durante el trienio del tridente. Sergio Busquets se encuentra más arropado, protegido, y allí es donde vemos la mejor versión del sabadellense, un jugador capaz de ordenar, crear y recuperar en pocos metros. Pero el gran beneficiado es Ivan Rakitic. El croata llegó al Barça con el cartel de «pelotero», de jugador capaz de asociarse y, sobretodo, de mover al equipo gracias a sus cambios de juego y su físico. Pero mientras la etapa Luis Enrique avanzaba, íbamos viendo una deformación en el juego del croata. Sus funciones se iban distorsionando y tornando cada vez más oscuras. Básicamente era el encargado de tapar el costado izquierdo ante la baja de Messi en defensa y acrecentado esto por la falta de un lateral de nivel. En ataque estiraba su teórica posición de interior hasta convertirse en un extremo para equilibrar el esquema. Esto generaba que el Barça se viese muy inseguro a la hora de sacar el balón jugado y que Leo Messi tuviera que bajar en demasía su posición en pro de poder hacer fluir al equipo. Y esto derivó en cuestionar a Rakitic y a su papel. Valverde se ha dado cuenta de que la mejor forma de reforzar la medular, a falta del Verratti de turno, sea naturalizar el esquema con un Rakitic más interior que nunca, con peso en el juego y con capacidad en la toma de decisiones.

El libreto de Valverde es complejo y rico en variantes, y de momento esta es la mejor noticia para el Barça, dado que en un proyecto incipiente, siempre es temprano para entrar en disquisiciones sobre su rendimiento, sino que se debe profundizar en las intenciones del conjunto. Y las del Barça son claras: no renunciar al espíritu de la época de Lucho, pero su gran objetivo es tener la pelota.

 

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