El banquillo revitaliza sensaciones

Después de dos derrotas consecutivas y una remontada reconciliadora en casa, llevarse los tres puntos frente al Astana se antojaba como una victoria moralmente necesaria más allá del partido. El estreno europeo suponía la carta de presentación perfecta para reivindicar un proyecto deportivo que, aunque había mostrado ciertas dudas en el inicio liguero, seguía siendo un firme candidato a ocupar posiciones privilegiadas y llegar lejos en la segunda competición continental.

DOMINIO SÓLIDO

La primera parte fue mayoritariamente del Villarreal. La vocación asociativa del submarino amarillo sacó de quicio al Astana, con un juego más vertical y asimismo más puntual. La horizontalidad en la zona de creación se transformaba en verticalidad cuando el equipo alcanzaba la zona de tres cuartos. El juego de Manu Trigueros dotaba al equipo de más control delante de un Astana poco intenso en la presión. Escorado en banda o liberado en la mediapunta, Samu Castillejo capitaneaba el juego ofensivo de los amarillos con su izquierda demoledora.

En las jugadas que Castillejo interiorizaba su juego y dejaba espacio al carril, Mario Gaspar aprovechaba su virtuosa proyección ofensiva para acechar el área rival ya fuese como asistente, con centros al rectángulo, o como rematador, llegando para la segunda jugada. En el repliegue, el Villarreal no sufría en exceso, pues la falta de imaginación del Astana con el balón y la poca participación de sus referencias ofensivas, sobretodo Twumasi, no les exigía en las transiciones defensivas.

En los últimos minutos del primer tiempo, el Villarreal estuvo desubicado y menos intenso en el repliegue y eso permitió al Astana se apoderase de la posesión y rompiese líneas más fácilmente, preludio de lo que acabarían deviniendo los segundos cuarenta y cinco minutos.

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REANUDACIÓN INCIERTA

Si la primera parte fue para el Villarreal y acabó siendo para el Astana, el segundo tiempo mantuvo el mismo guión pero a la inversa.  Como afirmó Escribá después del partido, al Villarreal le faltó control y alguien que lo liderase.

El Astana subió su línea de presión y eso puso en apuros a la sala de máquinas formada por Trigueros y Rodrigo. Los locales necesitaban ser más verticales en el despliegue y estrechar más las líneas en el repliegue. El objetivo era que el Astana avanzase todo su equipo hasta el campo del Villarreal y así potenciar la profundidad y los espacios al contraataque.

Pero le faltó intensidad para llevarlo a cabo. La imprecisión en el pase desembocó en un juego espeso e irregular. Las numerosas pérdidas permitieron al Astana ganar terreno sin mucha dificultad y crear peligro con pocas combinaciones. El empate del conjunto kazajo fue el colofón a una segunda parte que, hasta ese momento, estaba siendo muy mediocre por parte del conjunto amarillo.

A LA ALTURA DE LAS CIRCUNSTANCIAS

Para revertir la situación, Escribá introdujo Bakambú para que dinamizase un juego ofensivo desdibujado y poco productivo. La actuación del delantero congoleño fue determinante para el desenlace del partido pues, además del gol, avivó las esperanzas del submarino con su descaro en la punta de ataque.

El Villarreal ganó personalidad y dejó de deambular. Con el mismo fin de potenciar la zona ofensiva, Escribá también dio entrada a Cheryshev, que vestía de corto después de una larga lesión. Nada más entrar, el jugador hispano-ruso puso la sentencia rematando un balón a bocajarro. La diana cargaba con un contenido emocional ya que, además de poner la guinda al pastel a la vuelta triunfal de Cheryshev, dejaba rendido al conjunto kazajo. El vulnerable y decaído Astana, que había sabido aguantar al Villarreal durante 75 minutos, veía como se le iban los tres puntos en el desequilibrante duelo de banquillos.

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