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Más que 15 minutos de descanso

Tras 45 minutos malos, lentos, espesos y poco fluídos, Ernesto Valverde se vio obligado a darle vueltas a la máquina e inventar un plan «B» para reconvertir la imagen que estaba dando el equipo y así intentar darle la vuelta al resultado del partido. En la segunda mitad, el Barcelona cambió por completo, parecía otro equipo. Fueron más que 15 minutos de descanso.

Los azulgrana saltaron al terreno de juego con mal pie. Acostumbrados a jugar sobre una lona perfecta de césped verde, cortado y húmedo, los de Valverde se encontraron un caluroso Coliseum Alfonso Pérez con un césped con una altura superior a la normal y sin haber sido regado minutos antes del partido. El campo estaba seco y lento, y al Barcelona le costó entrar en el partido puesto que vio cómo el balón no rodaba como querían que rodase y esto dificultó el juego de posesión del conjunto culé. Tras largos minutos de posesiones largas e ineficientes, la lesión de Dembélé fue un gran varapalo para Valverde que tuvo que mover su banquillo antes de lo previsto, aunque no hay mal que por bien no venga. Mientras que Ousmane había estado totalmente perdido sobre el campo, inexistente sin balón, mal ubicado sobre el terreno de juego y muy desacertado con balón, Deulofeu revolucionó la banda derecha del ataque azulgrana con ese descaro que nos tenía acostumbrados años atrás. El primer gol azulgrana viene de una recuperación del extremo derecho culé en área rival y, en líneas generales, Gerard cuajó una notable actuación desbordando de manera constante e inquietando el carril izquierdo del equipo de Bordalás. Deulofeu mejoró los pobres minutos que dejó Dembélé sobre el campo.

Valverde tuvo que mover el banquillo antes de lo deseado, pero todos sus cambios aportaron más sobre el césped.

Pero lo peor estaba por llegar. La falta de control y rumbo del Barcelona dio lugar a varias internadas por el centro del Getafe, poniendo en peligro la portería de Ter Stegen a través de balones a la espalda de Umtiti y Piqué. Éste último estuvo especialmente flojo, perdiendo la posición en muchas ocasiones y viéndose superado en velocidad por Jorge Molina en la mayoría de duelos. Corría el minuto 39 y Gaku Shibasaki empalmó una estratosférica volea que le cayó del cielo para poner a los del sur de Madrid por delante en el marcador con un trallazo que entró por toda la escuadra, convirtiéndose así en el primer jugador japonés en marcar un gol al Barcelona y al Real Madrid -al conjunto blanco le anotó en el Mundial de Clubes-.

Y qué cambio vimos tras el descanso. Tras tres plácidas jornadas de Liga y una brillante actuación ante la Juventus, el Txingurri se vio obligado a cambiar el rumbo de su sistema para no perder el hilo victorioso del conjunto culé en competición doméstica. Ganar en Getafe era muy importante para meter todavía más presión sobre el Madrid, que tendrá un encuentro más que complicado ante una Real en racha. El primer cambio que hizo Valverde fue dar relevo a un Iniesta que había estado totalmente desaparecido en los primeros 45 minutos de juego. Y acertó. La entrada del gallego Denis Suárez reforzó al equipo con ese punto de explosividad que ya había implementado Deulofeu con su entrada y dotó al equipo de desborde y descaro que ayudaron a empatar el partido 30 minutos antes del pitido final. Tras el descanso, pudimos ver a un Barcelona mucho más agresivo, mucho más convencido y sobretodo con identidad. Sergi Roberto y Jordi Alba volvieron a ofrecer esa profundidad que les había faltado durante la primera mitad, Rakitic se volvió a juntar con Busquets en salida de balón para darle más continuidad al juego azulgrana, a Leo Messi le volvían a llegar balones en condiciones y sobretodo, el Barça volvía a pisar el área rival. De las posesiones largas e ineficientes de la primera mitad, pasamos a un juego totalmente efectivo y ofensivo basado en recuperaciones rápidas de balón y constantes internadas al área rival, con movimientos muy interesantes de Luis Suárez que por muy mal partido con balón que estaba mostrando, dejó un gran hueco a su espalda con el desmarque que aprovechó Denis para empatar el partido. El Barça parecía otro equipo, Valverde cogió las riendas del barco al descanso y dio sus frutos, desarrollando minuto tras minuto su particular idea de juego y de atacar al rival.

Faltaba la guinda del pastel. El fichaje más cuestionado probablemente de todo el mercado de fichajes veraniego, fue quien resolvió el partido en el tramo final con una demostración de su particular juego con balón. Con su contundencia y llegada desde segunda línea, Paulinho puso las tablas en el marcador partiendo del banquillo. Otra jugada maestra de Valverde, que revolucionó el partido desde la banda tras solo quince minutos de descanso.

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