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En el inicio de la temporada 2014/2015, el Real Madrid de Carlo Ancelotti la empezó como un tiro. Los resultados acompañaban a un juego preciosista de la mano de Modric, Kroos y James Rodríguez. Ese triángulo fue, quizás, lo más valiente que realizó Ancelotti, pero terminó por condenarle. Cuando los equipos se tornaron más peligrosos y rocosos, la ausencia de un mediocentro defensivo era una losa demasiado pesada. Terminó la temporada con el adiós de Carleto y la llegada de Benítez, que fue etiquetado como defensivo por su apuesta por un chaval de nombre Carlos Henrique y de apellido Casemiro, que era la antítesis a lo visto. James se cayó de la alineación y el Madrid ganó consistencia. El resto es historia.

Casemiro es el pivote defensivo por excelencia; no construye pero sí destruye

Ayer en el Signal Iduna Park, los de Zidane consiguieron ganar por primera vez en su historia. Lo hicieron con un juego vertical que evocaba épocas pasadas en donde un portugués estaba en el banquillo. Volvió a ser el Madrid de las contras y la velocidad. Pero, ¿hasta qué punto es sostenible jugar así en un equipo que posee a Isco, Modric y Kroos? La respuesta la tiene el brasileño, que cuajó un partido soberbio a nivel defensivo y volvió a ser la escoba y la pieza básica en la que se asienta todo lo que no tiene que ver con el balón: recuperaciones, presión, ayudas y consistencia. Con la pelota brillan unos, sin ella Casemiro se impone.

El jugador del Real Madrid fue el que más balones interceptó, el que más tiros blocó y el que realizó entradas con mayor acierto. Un combo perfecto que pasó, por muchos, desapercibido por los goles de Cristiano o la brillantez de Modric con el cuero. Pero lo uno no se entiende sin lo otro. El Madrid planteó un partido para castigar la espalda del juego de los de Bosz; transiciones rápidas y balones largos a la espalda de los centrales, con Carvajal como- casi- extremo. Allí Casemiro era fundamental. Las subidas constantes del lateral provocaba que tuviera que asistir constantemente a las ayudas en defensa para tapar a Toljan y Philipp. Sus anticipaciones en balones filtrados por los Borussen fueron clave para facilitar el planteamiento de Zidane, que vio como su equipo recuperaba y corría en muchas ocasiones.

Hay un hecho destacable en el papel del brasileño. A diferencia de otros pivotes recuperadores como Gabi o Busquets, él no es quien inicia la presión. Casemiro aguarda, consciente de que sus virtudes están en los últimos 30 metros, y cede a Modric o Kroos la tarea de apretar arriba. Si el rival consigue superar esta presión se encuentran con Casemiro, y allí emerge como una figura superlativa en el arte del robo y la deconstrucción.  Puede que este Madrid pase a la historia como el de los centrocampistas, pero de bien seguro que no sería posible sin que el brasileño les aguardara la espalda.

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