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Un ángel alborotador

La evolución que el Cholo Simeone está implantando en su Atlético de Madrid es merecedora de un Long-form propio. Una evolución de su estilo que transita poco a poco hacia un carácter más ofensivo y combinativo, un planteamiento visto, aunque de manera muy pobre, ante el Chelsea de Conte. Pieza clave en esa evolución es Ángel Correa, un alborotador de partidos puro, al cual Simeone le está dotando de mucho más protagonismo que en temporadas anteriores. El rosarino, tras dos temporadas muy irregulares, parece haberse instaurado de forma definitiva en los planes de Diego Pablo Simeone.

La llegada al Atlético de Madrid de este joven argentino significaba reforzar el costado izquierdo del equipo, pero en un primer momento, Simeone solidificó al equipo con Koke y Saúl en los costados, haciéndose imposible para Correa ganarse un puesto. Supo llevar a cabo su papel como secundario, alborotando los partidos saliendo del banquillo, pero para un jugador tan ambicioso como él, se le quedaba corto. Ha sido esta temporada la elegida por Simeone para darle un papel diferente al argentino, formando una doble punta junto a Antoine Griezmann.

El momento de forma de los delanteros colchoneros, sumado a la conversión definitiva de Koke como acompañante de Gabi o Thomas en el doble pivote y el afianzamiento de Carrasco en el costado izquierdo, propicia la adaptación de Correa a una posición más adelantada, dotando a la ofensiva colchonera de una mayor movilidad que dificulta la labor de las zagas contrarias. Tanto como punta derecho como izquierdo genera peligro, pero no de igual forma. Ante la defensa poblada de Conte, Simeone optó por la libertad de movimientos de Griezmann y Correa. Ambos rotaban su posición, e incluso el argentino llegaba a ocupabar el carril diestro en varios tramos del partido.

Cierto es que en muchas fases del juego tiende al caos y genera desorden, pero en ciertas ocasiones puede ser un plus para los de Simeone.

Como punta izquierdo, en el perfil más asociativo del equipo, aprovechó la fijación de los rivales sobre jugadores como Koke o Filipe Luis para romper por dentro o asociarse en la creación de la jugada. Como punta diestro -visto en la mayor parte del encuentro- y dejando a Griezmann estas tareas, entró menos en juego, pero sus diagonales en la zona menos poblada del ataque generaron varias situaciones de peligro que, por el desacierto general del conjunto madrileño, no acaban en nada. Cierto es que en muchas fases del juego tiende al caos y genera desorden, pero en determinadas ocasiones puede ser un plus para los de Simeone. Incluso a la hora de desatascar juego, con Griezmann fijando a los centrales, la opción de Correa en un costado se convirtió en una tónica habitual en la salida en largo de balón.

Tres goles en seis partidos ligueros, partiendo como titular en cuatro de ellos, le avalan. Contra centrales corpulentos puede sufrir, claro está. En muchas situaciones ante David Luiz o Cahill salía perdiendo, e incluso tras algunos duelos perdidos se le veía dubitativo al encarar. Una jugada destacada le define perfectamente; al borde del descanso, ante Cahill, recibe de espaldas, engaña al inglés en el giro, sale con velocidad y verticalidad, conduce y genera superioridad en el costado izquierdo. Explosividad y verticalidad. Cualidades que encajan con lo que necesita Simeone para evolucionar por completo el estilo de su equipo. Un alborotador de partidos.

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