Conexión con V de Vendetta

El fútbol no siempre es justo. Las lesiones o las malas rachas afectan al nivel psicológico de cualquier deportista y más de los que se dedican al máximo rendimiento, a la élite deportiva. Porteros, defensas o mediocentros están expuestos a la crítica continua si su papel sobre el verde no es el que se espera.

Pero si hay una posición exigida y exigente esa es la de delantero. Si los goles llegan solos no hay problema, el juego se desarrollará casi por arte de magia. Sin embargo, un delantero sin ritmo y sin suerte puede convertirse en un elefante en una cacharrería.

La inversión que el Valencia realizó en sus fichajes desde la llegada de su máximo accionista y dueño del club, Peter Lim, ha sido desorbitada. Las grandes cantidades de dinero siempre provocan en el aficionado una sensación de rápida adaptación de los jugadores. Rodrigo fue una víctima de estas inversiones. El delantero internacional español vio siempre en su precio y en su rendimiento poco constante un lastre a la hora de encajar con Mestalla.

Las dos grandes lesiones sufridas que le apartaron varios meses de los terrenos de juego unidas a una mala etapa general de los valencianistas provocaron que nunca fuese el jugador que se vio en el Benfica. En los tres años que portó la casaca roja de los lisboetas, el jugador nacido en Río de Janeiro pero nacionalizado español aportó 46 tantos en más de 100 partidos. Buenas cifras para un killer que estaba empezando a destacar.

Datos que hicieron más fácil su desembarco a Valencia. Rodrigo, delantero rematador que puede moverse en todo el frente ofensivo dada su gran capacidad para asistir a compañeros y a disparar desde posiciones alejadas con un potente disparo de zurda, no llegó a ser un fijo en su posición natural. A él se le atribuyeron las bandas, algo a lo que no estaba acostumbrado. El trabajo defensivo en banda es mucho mayor y las coberturas que se deben realizar implican un gran desgaste físico.

Rápido, potente, vertical, trabajador y rematador. Estas cualidades definen bien la figura del internacional absoluto con España. Pese a que las cosas no le hayan salido del todo bien y pese a recibir en muchas ocasiones la desaprobación de su público, Rodrigo está encontrando ahora el fruto de su trabajo.

Rodrigo es el desmarque perfecto y la potencia adecuada. Solo le faltaba la definición.

Por otro lado, desde Policoro (Italia) el fútbol apostó por Simone Zaza. Apostó por él porque Simone es de esos jugadores nacidos para jugar y hacerlo disfrutando. Un romántico que se define por el sentimiento que se desgrana en todos sus movimientos y la pasión que se puede observar en todas sus celebraciones.

Este delantero italiano se encuadra mejor que Rodrigo en la definición de delantero centro puro. Su movilidad con el balón no le hace ser precisamente un fuera de serie pero sí sus movimientos inteligentes sin el esférico y su gran capacidad de remate.

Su mejor versión se vio en el Sassuolo. En 69 partidos anotó 21 goles, lo que le permitió desembarcar en la nave juventina en la temporada 2015. Sin embargo la falta de minutos y las continuas cesiones provocaron el gran bajón de un jugador visceral.

Su paso por el West Ham terminó por ahogar más su juego y su confianza, algo que encontró desde el minuto cero en Mestalla. A su llegada, Simone se ganó a su nueva afición por su coraje y determinación. No es un delantero al uso ya que el italiano aporta en todas las facetas del juego. Si podemos destacar su saber estar en el momento oportuno, su gran disparo y su olfato hacia el gol también podemos decir que no se trata de un jugador rápido, posiblemente el punto débil del killer azurro.

El delantero italiano aporta el saber estar de los grandes rematadores, el sigilo de los killers.

Zaza y Rodrigo, Rodrigo y Zaza. Estos dos delanteros son para Marcelino la mejor combinación posible y una apuesta casi segura en el once titular. Figuras claves en el 4-4-2 del técnico asturiano, ambos aportan cosas similares y diferentes. Rodrigo es la verticalidad, la rapidez tanto con balón como sin él y con una gran potencia en la definición. Estos últimos años en Mestalla y pese a que no le hayan salido bien las cosas, Rodrigo realiza siempre movimientos perfectos. Sus desmarques a la espalda y entre líneas de las zagas contrarias son de manual pero no estaban acompañados por una buena finalización de las jugadas. Algo que sí ha mejorado esta temporada, con unos número envidiables.

Pese a que su fuerte no es el juego aéreo parece que se está viendo una gran mejora del mismo como muestra el último partido frente al Athletic de Bilbao. Un penalti forzado por su empeño y un gol de cabeza que dejaron en mala posición a Kepa.

En otra vertiente tenemos a Zaza. El italiano no aporta la velocidad del español pero sí el saber estar de todo buen delantero en el área. Además, se erige como clave a la hora de desatascar el juego blanquinegro bajando a posiciones cercanas al medio ante posibles dificultades en la salida de balón. Mejor en el juego aéreo que Rodrigo, también ofrece una salida por alto notable.

Además, la pasión que se desata en todas las jugadas hace de él un valuarte ofensivo. Con Marcelino los delanteros tienen que ser los primeros defensores y es un automatismo que tiene que estar muy claro. La pasión que ambos le ponen a esto del fútbol los convierte en los mejores defensores de la primera línea posibles. No se arrugan si tienen que echar una mano bajando a posiciones defensivas.

Los desmarques del italiano son menos verticales que los de Rodrigo pero más posicionales. Él encuentra siempre el sitio oportuno desde el sigilo del gran delantero. Cuando nadie lo espera, ahí está Simone.

Ambos cuentan con un potente disparo y no se lo piensan a la hora de finalizar. Quizás se lo piensa menos el italiano y más el internacional español. Esto se produce ya que Rodrigo es el delantero más móvil, el que se mueve en más posiciones de ataque y tiene un puesto menos fijo. Desde las bandas o la mediapunta pero siempre con la posición de delantero como referencia, Rodrigo aporta más asistencias que el italiano pero porque sus roles así están marcados.

Figuras perfectas para el 4-4-2 que Marcelino quiere imprimir por su agresividad, su pasión y su implicación a la hora de jugar por y para el equipo. Ellos son los referentes ofensivos, la primera línea de un equipo muy bien organizado. Delanteros que encajan a la perfección ya sea por sus similitudes o por sus diferencias.

Algo tienen claro los dos: con trabajo y entrega llega el éxito. Y pese a que en los últimos años no todo les ha salido como querían, ahora es su momento. Y los datos hablan por sí solos. Rodrigo ha conseguido 4 goles y un total de 19 recuperaciones de balón mientras que Zaza ha convertido 6 tantos y ha realizado 14 recuperaciones de pelota en lo que va de Liga.

Dos jugadores que saben lo que es sentir el amargo sabor de la decepción y la frustración y que a base de empeño y sacrificio han encontrado una grata recompensa. Dos románticos del fútbol que portan bien alto una Vendetta personal que les hace estar con el gol entre ceja y ceja. Dos referentes que procuran hacer de su oficio algo más que eso, hacer del fútbol un disfrute para sus aficionados.

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