André Gomes en el Metropolitano

Hay jugadores para todo. Algunos nacen para ser aplaudidos, reconocidos y elogiados hasta la saciedad. Otros para ser criticados y relegados al ostracismo constantemente. Así es el fútbol. Y André Gomes está en el segundo grupo.

Defender lo indefendible resulta provocador para algunos, valiente para otros. El Camp Nou ya dictó sentencia ante la reiterada insistencia de Luis Enrique de apostar por el luso ante la iracunda grada culé, que miraba con recelo los gestos de Gomes. Cada error equivalía a diez, y cada balón hacia el que no se avalanzaba era condenado. Pero aún hay un grupo de gente que cree en el jugador y en sus posibilidades y que, tras el partido en el Wanda Metropolitano, ve signos para confiar y ser optimistas.

Ernesto Valverde apostó por André en el equipo de gala. Deulofeu, Denis o Sergi Roberto se quedaron en el banquillo. El portugués jugó pegado a la derecha y su primera parte fue mala. Desubicado, correteaba por el costado taponando las subidas de su compatriota Semedo, ansioso por cabalgar por la banda, y apenas entraba en juego allí donde sí puede mostrar sus virtudes.  Al descanso, y con el Barça perdiendo, eran muchos los que pedían su cabeza y le achacaban todos los males. Incluso la baja forma de Piqué parecía ligada con André Gomes y su rostro hierático.

André Gomes, como el partido del Barça, tuvo dos mitades bien diferenciadas. Ya en su posición, tomo el mando del juego interior culé.

En la segunda parte entraron Sergi Roberto y Gerard Deulofeu. André Gomes se reubicó en el interior izquierdo y desde allí sí se le vio mucho más suelto y participativo. Se asoció y movió al equipo. En el otro carril interior, Ivan Rakitic pasó desapercibido, incluso para los más críticos que depositaron en el portugués todos los males del partido del Barcelona. El croata estuvo insulso, sin creatividad para acelerar el ritmo ni asustar a un Atlético demasiado rocoso y organizado. Algo que no por esperado iba a ser fácil de lidiar.

Si bien es cierto que su partido no fue para sacarse el sombrero, cuando actuó en la posición que es suya mostró un nivel notable. Una posición donde ya dio muestras de su calidad y potencial tanto en Valencia como en la selección lusa. Además aguantó los 90 minutos, algo reseñable ya que en la mayoría de ocasiones no sucedía. En un FC Barcelona con tantas exigencias la primera impresión es la que prevale en muchos casos. Al luso le va a costar remediar esta situación, pero la confianza de Valverde es punto clave en la recuperación de una culerada desencantada con André Gomes. ¿Fue el Wanda un punto de inflexión?

 

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