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Partiendo desde la base

Una de las principales incógnitas del inicio de la temporada fue la respuesta del renovado Alavés. La marcha de sus jugadores franquicia y su entrenador habían aguado las aspiraciones de un proyecto que había empezado de ensueño en su primera temporada en la vuelta a la élite. El novel Luis Zubeldía se haría cargo de un grupo de jugadores con pocas piezas de aquel equipo que cosechó el subcampeonato de la Copa del Rey y finalizó la campaña en novena posición. La andadura del técnico argentino no pudo comenzar de peor manera con seis derrotas en seis partidos y la dirección directiva decidió prescindir de él. La apuesta para enderezar el rumbo fue Gianni de Biasi, con una única experiencia en territorio español en el banquillo del Levante. El objetivo era claro: minimizar el bagaje goleador rival. Partir desde la base para ir evolucionando hacia zonas más avanzadas.

Para cumplir ese cometido, el cambio más relevante de su llegada fue la modificación del sistema. Del 4-2-3-1 de Zubeldía se pasó al 4-1-4-1 defensivo que se transformaba en un 4-5-1 en el repliegue. El italiano retrasó la presión hasta campo propio y el rendimiento atrás mejoró. Prueba de ello son los seis goles recibidos en cinco encuentros- uno de penalti y otro en propia- frente a los diez que recibió Zubeldía durante los seis partidos que dirigió. Como De Biasi también hizo en la selección de Albania, la transición defensiva constaba en minimizar los espacios y orientar el ataque rival hacia la banda y, una vez alcanzado eso, hacerse fuerte en el área. Aun así, uno de los defectos más acentuados de este inicio está siendo la falta de contundencia en el área propia y la poca seguridad que está transmitiendo el conjunto cerca de su arco.

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Uno de los datos más llamativos sobre la línea de presión retrasada que efectúa el Alavés de De Biasi. La acumulación de jugadores en campo propio impide el juego vertical y obliga al rival a masticar su ataque (vía @FutbolAvanzado).

Si bien su estreno frente al Levante fue convincente, el partido en casa ante la Real Sociedad mostró las flaquezas reales de la idea de juego. Una vez el Alavés gozaba del esférico le costaba mucho gestionarlo y darle altura al equipo mediante la posesión por su posicionamiento retrasado. Para remediarlo, De Biasi pasó del 4-1-4-1 a un 5-3-2 asimétrico con Álvaro Medrán como centrocampista con vocación ofensiva y Alfonso Pedraza acompañando a Munir en punta. El planteamiento fructificó y el Alavés ganó recorrido y personalidad con balón mientras dosificaba el juego por el exterior.

El nuevo sistema ha generado una asociación ofensiva determinante en su devenir: Pedraza – Munir

De hecho, la irrupción de jugadores en perfiles que no eran afines al suyo ha sido decisiva para dar forma y profundidad a ideas ya implementadas por Zubeldía. Uno de los principales beneficiados de este cambio de guión ha sido Munir El Haddadi, la referencia ofensiva de los albiazules. El nuevo papel de Medrán en la posición de enganche y la capacidad asociativa de Pedraza con el marroquí han restado responsabilidades a un Munir muy solo en las primeras jornadas. El finalizador del cuadro vitoriano ya no está tan exigido en tareas más combinativas y puede dedicarse a buscar la espalda rival y la finalización con más frecuencia, siendo una de sus especialidades.

Después de un mes y medio liderando el banquillo, parece que De Biasi, por encima de todo, está consiguiendo una cosa que Zubeldía no pudo: revitalizar el espíritu colectivo de un equipo menguado por la falta de calidad.

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