La magia del fútbol

La noche del 21 de noviembre de 2017 difícilmente la podrán olvidar en el barrio de Nervión. Una hazaña de esas que con el tinte de la máxima competición europea convierten todo hito en épica. El Sevilla se veía las caras frente a un histórico, con un peso social inmenso, de enormes dimensiones, el Liverpool. Un conjunto red que no pasa por su mejor época, aunque poco a poco va recobrando la identidad y competitividad que le merece, pero con un largo camino aún por recorrer. Parecía que estos factores ajenos al fútbol que se plasmaban sobre el terreno de juego estaban teniendo su peso, y es que en apenas media hora el equipo de Jürgen Klopp ya aventajaba en tres goles a los andaluces.  Y no era cuestión de fútbol, sino de acierto.

El Sevilla llegó a este partido acusando muchas bajas en la zona defensiva. Un lastre que Eduardo ‘Toto’ Berizzo lleva tratando de suplir los últimos días con la incorporación de Geis como central, un rol que no se le presumía en su llegada al Sánchez Pizjuán. Para la cita más importante hasta ahora en la temporada, y ante una de las delanteras más veloces y temidas de Europa, la zaga sevillista debía estar concentrada al cien por cien desde el minuto uno, minimizando los errores y resguardando los espacios. Y es que este Liverpool con nada te hace mucho daño. Así lo demostró cuando, apenas pasado el minuto de encuentro logró adelantarse a través de un saque de esquina, una faceta en la que el Sevilla se mostraba sólido hasta la fecha. El partido solo arrancaba, y los pupilos de Berizzo no variaron el plan que tenían en mente. Quisieron ser protagonistas con el balón, trenzar con paciencia sus jugadas de ataque para hacer daño a la parte más endeble de los ingleses, y lo consiguieron, pero les faltó determinación. Determinación en ambas áreas. Y es que al final este deporte se reduce en su esencia a ser el equipo que más goles marca, nada más. Ante los errores de la zaga sevillista y la falta de puntería de su delantera, el Liverpool llegó, con total merecimiento, con tres goles de diferencia al descanso. No por fútbol, pero sí por eficacia.

El cambio al descanso fue más que mental. Banega se acercó al origen, y el fútbol comenzó a fluir.

No sabemos qué les dijo Berizzo a sus pupilos al descanso, pero consiguió que el equipo saliera con ese mismo plan pero distinto traje, y es que la garra que demostraron los siguientes cuarenta y cinco minutos desbordó por completo a los reds. El equipo continuó manejando el balón y buscando siempre la versatilidad del juego interior a través de los constantes movimientos de un Ben Yedder que acabó fundido, con el juego exterior a través de Sarabia y Nolito. Sin embargo hubo un cambio táctico que significó todo. El técnico argentino dio entrada al Mudo Vázquez, que ocuparía el espacio de Banega, para permitir retroceder unos metros al rosarino. Lo hizo sorprendentemente por un N’Zonzi clave en los planes sevillistas. Pero fue fundamental. Acercando al astro argentino al origen de la jugada, el Sevilla logró conectar con abrumadora facilidad con sus delanteros. Ben Yedder volvió loca a la pareja de centrales red y Éver hacía circular el balón a su antojo. Todo giraba en torno a él, haciendo que batir líneas de presión parezca sencillo. Y a partir de ese momento el Liverpool no consiguió entrar más en el partido. En palabras del propio Klopp, parecía que se habían desconectado del fútbol, su segunda parte se hizo eterna. Y tiene razón el técnico alemán. El Sevilla minimizó todos los errores que había tenido en la primera mitad y comenzó a ser certero en ambas áreas. Con un Banega inspirado, el fútbol ofensivo en pos de la remontada sevillista comenzó a tomar sentido. Siendo eficaz atrás y conciso arriba, el conjunto de Nervión consiguió dar la vuelta a un partido que parecía perdido, una remontada que parecía imposible, pero que como bien dijo el maestro Miguel Ángel Román al finalizar la retransmisión: “A veces nos preguntan por qué nos gusta tanto el fútbol… Y es porque el fútbol todavía nos reconcilia con los sueños. Es de esas pocas cosas que todavía te hacen creer que lo improbable puede ser posible”. Una magia que hace posible lo improbable y que pasa por los pies de Éver Banega. La magia del fútbol.

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