Ernesto Valverde sin Leo Messi

Con la mirada puesta en Mestalla, Ernesto Valverde volvió a dejar un titular previo al arranque del choque entre la Juventus y el Barcelona. El talante intervencionista del técnico extremeño volvió a aparecer al dejar en el banquillo al único jugador de campo que había disputado todos lo minutos esta temporada. Messi, agazapado y tapado con su anorak, permanecía quieto, escudriñando el terreno de juego como un niño castigado sin recreo.

Sin el astro argentino, el Barça salió con un 4-4-1-1, con Paulinho ejerciendo de segundo delantero en muchas ocasiones, siendo muy útil a la hora de estirar la presión en campo contrario, acompañado por Rakitic y un Busquets que se sentía protegido, más custodiado que en otras ocasiones, con la capacidad para presionar si miedo a quedar desguarnecido. Deulofeu ocupó la posición de extremo, pero su papel volvió a ser únicamente el de un jugador clave para llevar a cabo un sistema basado en la recuperación, el orden y la presión. Todo lo bueno que hicieron sin balón, ahogando a la Juve, dejando sin espacios a sus delantero, no lo tuvieron con la pelota. Iniesta no pudo recibir en el balcón del área y la soledad de Luis Suárez no hizo más que volver a dejar la sensación de que el uruguayo ya no es aquel delantero autosuficiente que era, devastador por sí solo. Necesita socios.

El 4-4-1-1 aún no se había visto esta temporada. La flexibilidad táctica de Valverde volvió a quedar patente

Mención especial merece Samuel Umtiti, que sigue empeñado en demostrar su condición de titán, de zaguero total. Su partido volvió a ser colosal ante dos piezas tan distintas entre ellas como Higuaín y Dybala. Ninguno de los dos jugó cómodo. El francés condicionó cada recepción suya, achicó los espacios, corrigió los errores y se impuso con solvencia. Hasta Piqué parecía menor. Hasta tal punto ha llegado Samuel Umtiti. Pero si además cuentas con un portero tan en forma como Marc-André Ter Stegen para cuando superan al francés, la seguridad atrás se da por descontada.

Valverde pronosticó un duelo lento, sin demasiado ritmo, y lo controló desde la pelota. No hubo velocidad con la pelota, pero así propició un clima de partido que le favorecía en vísperas de un encuentro tan importante como el de Mestalla. Mientras Deulofeu pedía ritmo y verticalidad, la medular imponía una pausa excesiva, un control estéril que dejó sin respuestas a Allegri. El partido fue muriendo poco a poco. Ni la entrada de Messi, ni la rebeldía de Dybala cambiaron este guión. Se jugó a lo que quiso Valverde.

 

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