Un portero para dominar el fútbol

25 Agosto de 1992. La FIFA implanta la prohibición de la cesión al portero. Esta decisión generó una enorme controversia en el mundo de la portería, pero supuso la reinvención del guardameta, de sus fundamentos, y del trabajo y desarrollo de estos.

Este hecho fue el detonante de la maravillosa tecnificación del portero, la llave que abrió el futuro a un guardameta realmente incidente en el fútbol, el empujón hacia la sobria figura de un portero completo, que no solo aunase aspectos condicionales superiores, sino que comprendiese una fundamentación técnica que, en muchas ocasiones, supera al propio jugador de campo.

La implantación de la prohibición de la cesión al portero fue la llave que abrió la puerta al portero moderno.

Resulta realmente impactante leer las valoraciones – sobre la prohibición de la cesión – de los porteros más influyentes de la época, declaraciones que serían impensables en el contexto futbolístico de hoy en día: “Estoy en contra de la norma porque limita al portero. En el Barça utilizamos el pase al portero como arma ofensiva, no para perder tiempo. Me pasan el balón y yo saco largo o corto, pero es una forma de iniciar la jugada”; Andoni Zubizarreta – guardameta internacional del FC Barcelona por aquella época –.

Ochotorena, portero del CD Tenerife en 1992; “Al prohibirse entregar el balón al portero para que éste saque no siempre se logra agilizar el juego, ya que hay equipos que lo hacen para conseguir que el portero envíe con rapidez la pelota al área contraria. La medida provocará más antifútbol, ya que obligará al patadón”.

Ochotorena es hoy uno de los entrenadores de porteros más reconocidos del panorama español, formando parte del cuerpo técnico del Valencia CF y de la Selección Española de Fútbol. José Manuel es el encargado de optimizar, en los porteros a los que entrena, ese juego del que renegó ferozmente en aquel histórico agosto del 92. Es este uno de los mejores ejemplos de la adaptación a los tiempos, y de la aceptación de la innovación como fuente de desarrollo futuro.

Paco Buyo: “A los porteros cada vez nos presionan más y nos están quitando recursos”. José Manuel Sempere, mítico guardameta del Valencia de los 90: “la norma representa un poco de lío. Nosotros somos porteros, no jugadores. Seguro que el que ha inventado esa regla no es un portero”.

Aquella decisión cambió el fútbol. Supuso la implantación de un juego más atractivo, más preciso, más fluido, más estudiado, más completo, más exigente y también más emocionante.

Frases como estas han fracasado con tanto estrépito que no sólo han demostrado la severa equivocación de las mismas, sino que han dejado en evidencia las ideas y argumentos que exponían, con pruebas tan empíricas y tangibles como lo son el fútbol de hoy; pudiendo representar éste en la enorme importancia del juego del portero y su incidencia en el desarrollo del mismo.

Aquella decisión cambió la historia de este deporte. Con esa simple prohibición, el fútbol y su esencia vivieron un antes y un después en la concepción de un juego mucho más depurado tanto técnica como tácticamente. Supuso la implantación de un fútbol más atractivo, más preciso, más fluido, más estudiado, más completo, más exigente y más emocionante.

Toda aquella vorágine fue impensable, aquel cambio había modificado la percepción del fútbol y la concepción del juego. Aquellos tipos de portero tan excéntricos como René Higuita, Jorge Campos, o José Luís Chilavert – que ya habían surgido en Sudamérica desde los años 80 – pasaron a ser, de la noche a la mañana, realmente influyentes y deseados por los clubes.

El fútbol comenzó a concebir al portero como un elemento más en el equipo, como un recurso para generar superioridad en el juego a partir del dominio de sus maniobras con el pie.

El fútbol cambió en un detalle, los estereotipos dieron un giro de 180º, las corrientes de ideas para desarrollar conceptos novedosos comenzaron a aparecer y el fútbol mejoró; comenzó a emprender un viaje en busca de la excelencia.

A partir de ahí apareció Carlos Busquets, Johan Cruyff y el Barça, estandarte de la concepción del inicio del juego combinativo. Johan, pionero en la idea y ejecución, aparte de ser catedrático futbolístico en la ciudad condal, fue el verdadero artífice de considerar al portero como un recurso primordial en la iniciación del juego ofensivo.

Los postulados de Cruyff no solo implantaron una idea; crearon escuela. El fútbol comenzó a concebir al portero como un elemento más en el equipo, como un recurso para generar superioridad en el juego a partir del dominio de sus maniobras con el pie. Esto generó que el guardameta pasase de ser último hombre en facetas defensivas, a primer hombre en ofensivas – todo esto en pequeñísimos intervalos de tiempo – lo que se tradujo en una asimilación de conceptos técnico-tácticos elevados, que le permitiesen desarrollar con solvencia ambas perspectivas.

Tras esto aparecieron – entre otros – Francisco Molina, Pepe Reina, Victor Valdés, Claudio Bravo, Manuel Neuer, Ederson Moraes, Bernd Leno o Marc André Ter Stegen.

A día de hoy Marc André es, sin duda alguna, uno de los mejores porteros del mundo. Un guardameta que lo engloba todo. Agilidad, potencia, movilidad, desplazamiento, dominio del juego aéreo, dominio de los espacios a la espalda de su defensa, soberbio 1vs1, velocidad en la reacción, y un manejo superlativo del juego de pies. Todo esto convierten a Ter Stegen en el portero total. Al igual que a su compatriota Manuel Neuer – al que Marc André ha sucedido tras su lesión – o el infortunado Víctor Valdés, que demostró ser el mejor con diferencia en la última etapa que vistió la elástica del FC Barcelona, antes de romperse el ligamento cruzado anterior.

La incontestable realidad es que el fútbol ha crecido de forma exponencial con la incursión del desarrollo de las capacidades y fundamentos del juego del portero. Los guardametas le han abierto el camino a un fútbol tremendamente atractivo y vistoso, en donde la concepción de su empleo como hombre libre en la iniciación, le convierten en un recurso para generar superioridad y comenzar, partiendo de su figura, en la búsqueda de la portería rival.

 

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