Un ‘braveheart’ muy celeste

Camp nou, 13:00 horas. Una fría y soleada Barcelona acogía un duelo de polos muy parecidos pero que atraen y mucho. El F.C Barcelona recibía en su casa al R.C Celta de Vigo, dos equipos que ya han demostrado la belleza de su fútbol cuando se les da por jugar bien. Y no es solo por el toque.

El toque atrae, gusta e incluso a algunos enamora, pero catalanes y gallegos no solo tocan con calma y parsimonia si hace falta, también corren, luchan y pelean. Dinámicas positivas que prometían entretener a los aficionados que se sentaban en las butacas del Camp Nou y a los que lo seguían a través de sus televisores. Y así fue.

Por parte celeste, Unzué apostaba por las novedades. Hugo Mallo, Fontás y Sergi Gómez formaban una línea defensiva con Sisto y Wass como carrileros. En ataque la formación se establecía en un 3-5-2 y en defensa era un claro 5-3-2. Por el medio la novedad de Brais Méndez, que junto a Lobotka y Jozabed buscaban los espacios por dentro producidos por los carrileros, siempre bien abiertos.

Por otro lado el Barça. Los pupilos de Valverde se establecían sobre el verde sin muchas novedades, con Paulinho e Ivan Rakitic como interiores llegadores de segunda línea y con Busquets e Iniesta para repartir los ritmos y el tempo del partido. Arriba la asociación perfecta entre Messi y Suárez prometía dar guerra eterna a la zaga céltica. El habitual 4-4-2 que encontraba como carrileros largos a Jordi Alba y a Sergi roberto. Y la valentía le salió bien a los celestes. El buen trabajo de los mediocampistas permitió al Celta una salida muy aireada y limpia. Lobotka y Fontás se entendieron a la perfección e idearon el partido perfecto.

Si bien el Barça, como es habitual, comenzó dominando el esférico, este no fue un dominio acosador e intimidatorio ya que el Celta le peleó la disputa del balón. Leyendo muy bien las salidas al primer o segundo toque, los jugadores de Unzué consiguieron crear ocasiones de mucho peligro sobre la portería de Marc André Ter-Stegen. Y así fue como llegó el primer gol a los 19 minutos de encuentro.

Un Celta muy abierto, generando muchos espacios con sus carrileros, encontró el perfecto desmarque de Aspas a la espalda de los centrales culés y de Jordi Alba, originando una contra vertiginosa. Su pase dejó solo a Maxi Gómez que vio como el portero alemán del Barça volaba para ganarle la partida, pero en el rechace apareció de nuevo el de Moaña para culminar.

Poco duró la alegría viguesa pues llegaron los mejores minutos del Barça. Con Messi subiéndose a su habitual altar y con un Paulinho notable, el conjunto de Valverde conseguía acechar los dominios de Rubén. El crack argentino interpretó su papel de juez en la sala e impartió su ritmo, vertiginoso e inesperado. Bajó más hacia la mediapunta y comenzó a correr, y con él su equipo. De ahí que en el minuto 21 la ventaja de los gallegos ya hubiese sido extinta por el rosarino, que con un tiro seco y colocado por debajo de las piernas de Rubén Blanco, hacía el empate a uno en el marcador.

Llegó el temple culé y el Barcelona se hacía dueño del partido pero con un Celta que no escatimaba recursos a la hora de robar, salir y crear peligro.

Con una presión alta sobre Piqué y Umtiti cuando Ter Stegen controlaba el esférico, el conjunto vigués quería obligar al cuadro catalán a jugar en largo, consiguiéndolo en varios momentos del partido. Además, los repliegues de los carrileros fueron claves para mantener la estabilidad necesaria que te permite llegar vivo a los minutos finales en el Camp Nou. Tanto tocó el Barça que en el minuto 61 realizaba una triangulación perfecta que le permitía adelantarse en el marcador. Aprovechando una de las debilidades de la defensa celeste, Messi visualizaba y ejecutaba el habitual pase perfecto para el desmarque en velocidad de Jordi Alba que dejaba solo a Luis Suárez para batir a Rubén.

El Celta comenzaba a acusar el gran desgaste de sus jugadores y el gran despliegue físico del primer tiempo se comenzaba a notar. Las revoluciones bajaron pero no lo suficiente para parar el corazón. Un corazón representado en la figura de Iago Aspas, aquel que nunca se rinde. Tanto corrió que en velocidad se marchó de Umtiti, lesionado en esa jugada, y esperó hasta encontrar al killer uruguayo del Celta. Su pase hacia atrás llegó a Maxi que con un potente disparo colocó el empate a dos definitivo.

Un partido lleno de claves tanto por uno y por otro equipo:

La defensa celeste

Su posicionamiento y variación durante el partido le otorgó espacios y fluidez en ataque y estabilidad y orden en defensa. La baja de Jonny obligaba a Unzué a inventarse otra idea que diese buen resultado y lo logró. La sobriedad con la que Hugo Mallo, Cabral y Fontás lideraron al conjunto desde la base fue el punto clave del partido. Fontás cuajó su mejor partido de la temporada, convirtiéndose en el actor protagonista a la hora de transmitir la idea de una salida limpia y clara, siempre ofreciendo pases hacia adelante, con riesgo y al primer o segundo toque, lo que produjo el inicio de las contras gallegas y de las superioridades.

El papel de Mallo y Cabral fue más sucio pero igual de efectivo. Ellos eran los mariscales. Especialmente clave fue el papel de Hugo Mallo en la presión a los hombres que recibían el balón de espaldas. Ese típica frase de entrenador de “no dejes que se gire” fue interpretada a las mil maravillas por el capitán celeste. Se llamara Messi o Suárez.

Messi, el director de orquesta de la nave blaugrana

Cuando el Celta marcó, el de Rosario se echó a su equipo a la espalda. Dejó las posiciones fijas más adelantadas para venir al medio a recibir más y comenzó a correr. Y cuando Leo corre los demás miran y eso está claro. Busquets, Iniesta y Paulinho se contagiaron y el Barça dominó. Los dos primeros organizaban y calmaban la pelota, la mimaban como tan bien saben hacer. Y el rock lo ponían un brasileño y un argentino. Leo marcó y asistió, como de costumbre y Paulinho sorprendió desde la segunda línea. Su potencia evidenciaba los puntos débiles de la defensa céltica y la lentitud de Fontás y Cabral era aprovechada por el internacional brasileño.

Lobotka, generación de bajitos

El eslovaco fue el perfecto pivote que mostró el camino del toque en el Camp Nou. Aunque es cierto que a veces el riesgo que corre puede suponer sustos y peligros, precisamente en ese riesgo está la clave de su juego. Con el balón pegadito al pie y con una conducción envidiable, el internacional con Eslovaquia permitió salir al Celta de la presión blaugrana y su conexión y entendimiento con Fontás fue clave para romper la primera línea de presión. Además, su potente tren inferior le otorga una gran capacidad física para poder disputar una gran cantidad de minutos a buen ritmo y su papel en el robo de la pelota y en el estorbo al contrario es fundamental.

Piqué y Umtiti y su flojo papel

Esta gran pareja de centrales no cuajó su mejor partido de la temporada. Superados por un gran Iago Aspas, permitieron disponer a los vigueses de muchas contras claras. También es cierto, que sería injusto echarles únicamente la culpa a ellos. Jordi Alba y Sergi Roberto, laterales del equipo culé, hacían de las subidas por banda una obligación, eligiendo mal las situaciones en muchas ocasiones. Esto unido a que los de Valverde se vieron partidos en muchos momentos en el centro del campo por las subidas de Rakitic y Paulinho, provocaba que Busquets, Piqué y Umtiti se vieran en inferioridad ante las subidas, rápidas y efectivas, de los Aspas, Maxi, Sisto, Wass y Jozabed.

Hoy las alas fueron danesas

Dos carrileros poco usuales se establecían como titulares nada más y nada menos que en el Camp Nou. Pione Sisto, habitual extremo izquierdo, y Daniel Wass, habitual interior o mediocentro, eran los encargados de dejarse los pulmones en el terreno de juego. En ataque se encargaban de abrir mucho el campo para generar dudas y espacios en el centro del campo. Esto originaría que los pases desde el medio fuesen más peligrosos hacia ellos, pudiendo llegar a línea de fondo con asiduidad y peligro.

Por otro lado, en defensa eran las alas de la defensa de 5 jugadores. Mantenían el orden ante las subidas de Sergi Roberto y Jordi Alba, siempre como puñales. Un partido muy notable de ambos.

Jordi Alba el correcaminos

Sus subidas son conocidas por todos y pese a ello sigue siendo su arma letal. Tan mortífera como en el segundo gol blaugrana en el que el lateral internacional con España, encontró un pequeño hueco y apostó por llegar. Su conexión con Messi es el arma perfecta para desactivar momentos de partido en los que el equipo contrario se encuentra encerrado y replegado y sus tiempos como extremo le otorgan saber donde y cuando puede hacer más daño en ataque.

Aspas, el guerrero que siempre lucha

En muchos momentos de partido no se encontró en disposición de tener el balón en sus botas pero su madurez futbolística le ha enseñado a no desesperarse. Aprovecha su momento, siempre valiente y siempre a disposición de su equipo. Iago fue el guerrero bravo que mantuvo a su equipo con esperanzas arriba y que obligaba al Barça a echar siempre un pasito atrás en su habitual vuelco hacia el ataque. Él y Maxi hicieron daño a las espaldas de la defensa culé y tanto lastimaron que anotaron.

En resumen, un partido con muchas claves dado la atracción que provocan los dos estilos de juego, muy parecidos pero con diferentes planteamientos. Podemos decir que por situación y por potencial, esta vez la partida la ganó Unzué que en su vuelta al Camp Nou demostró tener los conocimientos y la valentía de apostar por ganar y aunque finalmente se produjo un empate, las sensaciones son muy positivas.

Un duelo de los que gusta ver, con equipos que salen a ganar y de esos que por ritmo vuelven locos a los entrenadores. Unzué tiene que estar satisfecho ante la jugada que le hizo a su compañero Valverde. El Celta plantó cara y de qué manera.

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