El carril de Alba

Comprender al Barça de Ernesto Valverde es entender la relación que guardan Leo Messi y Jordi Alba. Su comunión es la principal generadora de puntos del conjunto azulgrana a expensas de aquella chispa que resulta diferencial en zonas de ataque. Sin brillo, el Barça sigue confiándolo todo a Leo Messi y su tremenda capacidad asociativa y finalizadora. Y nadie entiende al argentino como Jordi Alba.

El lateral de Hospitalet de Llobregat terminó la pasada temporada cuestionado, señalado por Luis Enrique en forma de suplencias en partidos importantes, a favor del 1-3-4-3 que le dio la esperada remontada ante el PSG. Aquel punto de inflexión arrinconó a Jordi Alba en un sistema que escondía algunas de las carencias del equipo, pero para nada las solucionaba. Neymar ocupaba todo el carril, y sin nadie que le doblase, la defensa lo tenía mucho más fácil. Con la marcha del astro brasileño todo ha cambiado. Ernesto Valverde ha optado por una decisión que, a priori, pareció extraña. El 4-3-3 asimétrico fue mutando hacia un 4-4-2 en rombo, pero siempre con una premisa básica. Todo el carril para Alba.

Alba ante el difícil reto de ser lateral y extremo a la vez.

Y es en este nuevo contexto donde se ve al mejor Jordi Alba, aquel que goza de espacios para llegar y explotar su velocidad y su timing. A eso se le debe que sea el segundo máximo asistente de la Liga (con 6 pases de gol) y uno de los nombres propios en lo que va de campeonato. Y no solo un Messi más próximo al balcón del área que en temporadas anteriores agradece su presencia, sino que es un apoyo vital para Andrés Iniesta. El manchego habita en muchas ocasiones el pico del área, y la profundidad y el oxigeno de Alba son oro para Andrés. Centrar toda tu atención en cerrar ese pase tanto como vía de escape o como opción más dañina buscando a Jordi deja al descubierto todas las demás opciones para Iniesta y Messi. Si por el contrario no cierras ese posible pase, te lo acaban haciendo y ganando un espacio en el área. Una jugada prácticamente de jaque mate para las defensas rivales.

Alba no es ni un excelso centrador, ni posee cualidades para regatear en parado, pero su característica principal recae en su capacidad para leer las llegadas y hacer de su tremenda velocidad un arma verdaderamente poderosa. Y estas llegadas se activan cuando Leo levanta la cabeza. Desmarque a la espalda del lateral, balón picado y ocasión manifiesta de gol. Ni Luis Suárez tiene esa conexión con Messi.

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