Sin determinación ni control emocional

En partidos con tanta diferencia de nivel profesional y competitivo como el que ha jugado el Real Madrid contra el Al Jazira en la semifinal del Mundial de Clubes es complicado sacar conclusiones verdaderamente constructivas. Motivacionalmente es difícil conectarse por la calidad del rival. Sin embargo, sobre el césped se han desarrollado problemas muy similares a los que viene teniendo el equipo de Zidane a lo largo de esta temporada, por lo que lo podríamos considerar una extensión de la misma y tomarlo como un signo de agravamiento.

Empezó muy bien el Madrid. Concentrado, intenso y con una movilidad tanto a lo ancho como en profundidad que bien le podría haber dado una ventaja de dos o tres goles en los primeros quince minutos. Pero, como en tantos encuentros esta temporada, esto no ocurrió. Le faltó quizás algo de pausa cuando el partido se desordenó, siendo Kovacic un punto de conflicto que Zidane podría haber resuelto con una pieza más cerebral como el infrautilizado Dani Ceballos. Además demostró que el rival no es su principal problema en este momento, pues el nivel del Al Jazira era realmente bajo. El principal problema del Madrid es el propio Madrid.

El Real necesita probablemente más soluciones tácticas por parte de Zidane.

Se aprecia una falta preocupante de determinación. Solo Cristiano Ronaldo parece encontrar tras varias semanas el acierto y el peligro inminente de gol que requiere un equipo como el Real Madrid. El resto de sus compañeros que lo rodean y lo complementan dan sentido a la posesión de balón y proporcionan vías de acceso al remate tanto por dentro como por fuera, pero el luso no está encontrando a nadie con quien repartir la responsabilidad del gol de manera continuada. La dependencia es manifiesta.

Emocionalmente el Madrid tampoco es el del año pasado. A pesar de iniciar bien los partidos, cuando las cosas no salen le está faltando aplomo para bajar pulsaciones y darle una vuelta más de potencia a su control emocional de la situación para volver a intentarlo, algo que la temporada pasada sí ocurría y le sirvió para alcanzar varias remontadas basadas en una confianza absoluta en la victoria y que le dieron finalmente el título de Liga. Cuando el balón entra, como contra el Sevilla, el terreno se allana y el verdadero potencial blanco sale a relucir.

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