El reto de Valverde

El clásico es siempre un partido que queda fuera de cualquier análisis previo. Da igual cómo lleguen ambos equipos o qué se juegan; es una final. Pero como todo partido, habrá ciertos puntos que condicionen el devenir del encuentro. Y Ernesto Valverde, como prácticamente en todos los choques, tomará cartas en el asunto para empezar el partido antes de jugarlo. La pizarra volverá a ser clave.

El último partido entre ambos equipos terminó con una de las derrotas más contundentes del Barça en los últimos años. Aquel 2-0 fue un partido en el que el Real Madrid cuajó una primera parte primorosa, fruto de un juego colectivo agresivo y vertical, en el que Modric y Asensio certificaron su superioridad en la medular. Ese día el Barcelona salió con un 3-5-2 para poblar el centro del campo y poder acercar a Busquets a la zona de Leo Messi, a sabiendas de que esta relación es clave para el buen fútbol de los catalanes. Pero la poca convicción y la flaqueza defensiva del equipo, propició que el Real Madrid, con un 4-3-3 de inicio, saliera vencedor en cada jugada, planteando una presión muy alta, con sus 3 atacantes mordiendo a la línea de 3 de Valverde. La incapacidad de salir jugando hizo que el Barça se diluyera y el Madrid se mostrase imperial. Aquel partido pronosticaba un duro camino para el FC Barcelona.

La temporada ha ido modificando los esquemas de ambos equipos en busca del equilibrio desde las bajas de Bale y Dembélé.

El liderato que ostenta el Barça deja fuera de toda duda que el camino que se dibujaba a finales de Agosto era- hasta ahora- equivocado. Ernesto Valverde contestó al golpetazo con un sistema asimétrico, dejando todo el carril para Jordi Alba, y Gerard Deulofeu actuando como contrapunte en el otro costado. El mal momento del catalán y la creciente figura de Paulinho ha hecho cambiar de esquema al extremeño. El 4-4-2 es hoy por hoy el sistema de Valverde. Y es con este esquema con el que va a volver a los inicios del proyecto.

Actualmente, el FC Barcelona no se puede permitir un partido de ida y vuelta, de ritmo veriginoso, exponiéndose en defensa y dejando espacios. Es por este motivo, que el planteamiento con 4 mediocentros es lo más parecido al fútbol control al que aspira Valverde. Articulados en torno al triángulo Messi, Iniesta, Busquets, todo lo bueno que le pueda pasar al Barça saldrá de esa zona. Para ello, Valverde puede plantearse alejar a Busquets del pivote y colocar allí al croata, almenos en zonas más ofensivas, para sí permitir que la sociedad Busi-Leo se haga efectiva. El rol de Paulinho podría acentuarse aún más. Ante una presión alta, el brasileño se verá obligado a esconderse aún más en zonas de creación para saltar a la espalda de los centrales, atacando un espacio desocupado y creando una ventaja que, segundos antes, no existe. Para ello, Leo Messi deberá recibir en zonas en las que sí puede ser el que marque la diferencia. Si el Barça consigue activarlo a la espalda de Casemiro, las posibilidades se multiplicarán.

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