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Una prueba de fuego para el muro blaugrana

El Barcelona es, a día de hoy, la mejor defensa del campeonato español con 7 goles encajados. Números brutales considerando los problemas defensivos que había sufrido durante los últimos años ante el adiós de una leyenda del club como Carles Puyol. Ernesto Valverde llegó esta temporada como uno de los técnicos que mejor trabaja y ejecuta la presión adelantada para solucionar ese déficit, y encontró esa figura del defensor agresivo en Samuel Umtiti. El francés no decepcionó y se convirtió en uno de los nombres propios de La Liga. Todo iba perfecto hasta que el nacido en Camerún salió lesionado en el partido contra el Celta de la jornada 14 de liga. El txingurri, sin ninguna opción más, tuvo que optar por jugar con Thomas Vermaelen como titular.

Ahora El Clásico representa la primer gran prueba para el sistema defensivo culé sin Umtiti. Porque el Real Madrid por sí mismo, por el empuje individual con el que cuenta, ya puede ser un verdadero quebradero de cabeza. Los merengues tienen distintas opciones sobre cómo acosar a la defensa barcelonista, y no es tarea sencilla para Zidane decidir cuál es la indicada. Tener el balón o cederlo. 4-3-1-2, 4-3-3 o 4-4-2. Isco o Bale.

Lo menos probable de acontecer es que Zidane decida ser el protagonista del encuentro. Primero porque se necesitaría a Modric, Kroos y sobre todo Isco a un nivel superlativo para con el ataque posicional realmente generar daño. Segundo, porque a los culés les conviene ese contexto. Podrían defender arriba, que los centrocampistas sean los principales activos en la presión y los centrales se encontrarían en una situación más cómoda al preocuparse únicamente por un posible balón largo. Sabemos lo dominante que es Piqué en el juego aéreo, y sobre todo Vermaelen reduciría considerablemente su peso en el juego al no ser requerido en demasía para adelantarse a la jugada rival, robar y luego comenzar.

Robarle el protagonismo al Barcelona o utilizar su arma más efectiva: el contraataque.

El problema viene con el que seguramente será el escenario del partido, y es que el entrenador francés apueste por esperar en campo propio para después recaer su sistema ofensivo en las transiciones. El Madrid es una verdadera bestia en el contragolpe, sus atacantes están hechos para él. Cristiano Ronaldo y Karim Benzema se entienden a la perfección en esa situación,  Isco conduce el balón siempre en el lugar correcto y Gareth Bale es capaz de hacer muchas cosas cuando se encuentra a campo abierto. Los primeros dos resultan inamovibles, por lo que sólo uno de los últimos dos podrá aparecer en el cuadro titular.

Si Zidane opta por mantener el 4-3-1-2 donde Isco es el actor principal del fútbol blanco, la zona de Sergio Busquets será clave. El mediocentro tendría que preocuparse por el malagueño y cuidar su espalda del mismo, por lo que estaría verdaderamente ocupado. Benzema, y sobre todo Cristiano Ronaldo, aparecerían entre líneas sin ninguna dificultad,  tendrían la oportunidad de realizar una conducción y quedarían en igualdad numérica con los centrales, donde claramente Piqué y Vermaelen quedarían en desventaja. Por el otro lado, que Gareth Bale esté en el campo de juego significaría tener una gran vulnerabilidad en una banda izquierda a priori vacía por las subidas de Jordi Alba, que le permitirían tener espacios donde el galés pueda correr. Otro riesgo considerable, sea cual sea el once que se enfrente, sería una ruptura a la espalda de la defensa.

Para no dejar desprotegido a Sergio Busquets será necesaria una rápida y ordenada transición defensiva ante la verticalidad madridista.

Por esto último es que el partido estará definido por qué tan bien manejen la transición defensiva los azulgranas. Si realizan una buena presión tras pérdida, la mitad del trabajo ya está hecho. Que a partir de ella no se permita construir un contragolpe al mismo tiempo que se alargan las posesiones para encontrar el gol de una u otra manera, resultará fundamental. En algún momento ya se detuvo el ataque en transición del equipo que mejor trabaja esa faceta como lo es el Valencia de Marcelino García Toral, por lo que no suena como algo imposible que Ernesto Valverde ahora logre hacer lo propio con el Real Madrid.

 

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