Bale o Isco: velocidad o clase

Gareth Bale se lesionó hace aproximadamente tres meses, algo que hizo reorientar todo el trabajo de Zinedine Zidane en un nuevo esquema para su equipo. Las opciones eran variadas pero todas atractivas: Ceballos, Asensio, Isco, Lucas Vázquez.. todos podían ocupar el puesto del galés, unos con mejor adaptación al ya implementado 4-3-3 y otros que acercaban más al Madrid a ese 4-4-2 que ya tenía lugar en diversas fases de los encuentros con Cristiano Ronaldo más echado hacia el centro compartiendo espacios con Karim Benzema.

Dado su estado de forma y la calidad diferencial del malagueño para el último pase y la organización del juego ofensivo en campo rival, Isco acabó siendo la principal alternativa para suplir al extremo de Cardiff. Su irrupción dio paso a un 4-4-2 definido en el que el rombo, al igual que sus homólogos culés, toma todo el protagonismo. En este sistema los laterales vuelven a tomar cierto protagonismo en las acciones ofensivas, aunque sin esa figura del extremo que rompe hacia dentro para dejarle el espacio en banda a sus subidas, puesto que tienen todo el carril para ellos, completamente libre, simplemente con el apoyo de un media punta que se acerque a posiciones cercanas a la banda y darles así la cobertura necesaria para mantener el balón y buscar espacios. Esta asociación posiblemente reduzca la movilidad del equipo en tres cuartos, algo de lo que el Real Madrid está adoleciendo severamente, pero vuelve a confiar en un recurso que las últimas temporadas se antojó clave en el juego ofensivo madridista: los centros laterales. Con Cristiano ya en el área, además de Benzema, la capacidad rematadora del conjunto blanco ha crecido exponencialmente, aunque ni luso ni francés están teniendo su mejor temporada en cuanto a acierto, la intimidación ya está presente.

Los números de Cristiano Ronaldo poco a poco van cogiendo forma, pero su tasa de acierto esta temporada está muy por debajo de lo habitual en el luso.

Para la gran cita del sábado frente al Barcelona, el Real Madrid llega en una dinámica positiva de resultados rodeada de un aura de dudas que asolan el juego merengue. Bale ha llegado justo a tiempo para rescatar a sus compañeros en un Mundial de Clubes exento de acierto pero pleno de dominio, aunque tuvo que ser el galés el que con su marcha extra permitiese al Madrid estar en la final y volver a ser campeón del mundo. Esto plantea un reto importante para Zidane que se juega quedarse muy descolgado en la lucha por el título de Liga o bien recortar distancias con un Barcelona intocable en resultados pero al que también merodean ciertas incógnitas respecto de su juego.

Con Bale disponible se abre un abanico de opciones: volver al 4-3-3 habitual, relegando a Isco al banquillo y optando por la vía más «clásica», mantener el 4-4-2 en rombo con el malagueño como titular y reservando la opción de Bale como recurso desde el banquillo aprovechando la frescura del galés para darle esa chispa a la ofensiva madridista con su potencia y desequilibrio en el último tramo de encuentro si éste está igualado, o incluso optar por mantener el dibujo y dar entrada a hombres diferentes como Asensio y el propio Bale en un intercambio de cromos con Isco o Benzema, aunque seguramente el conservadurismo de Zidane, para el que la BBC es algo que no se negocia, hará que el francés se aleje de experimentos o elecciones arriesgadas de cara a un partido de tal magnitud.

La profundidad de Bale y la amplitud que daría al conjunto madridista puede ser clave para desestabilizar la defensa blaugrana.

El ataque merengue adolece de la fluidez de antaño. El equipo se atasca con facilidad en campo rival cuando tiene la pelota, con Benzema y Cristiano ocupando zonas del campo muy cercanas, intercalándose a la hora de caer a bandas, Isco y sus conducciones le dan ese aire necesario y su visión para el último pase en muchas citas está siendo determinante, pero el Madrid no termina de dar con la tecla para ser tan efectivo como las últimas temporadas. En este plano, la marcha extra que podría darle Bale a la maquinaria blanca podría suponer una diferencia sustancial para dotar de sentido al ataque de Zidane. Sin duda su presencia haría más laborioso el trabajo de Sergio Busquets, pues la amplitud del Madrid le haría tener que abarcar más terreno con el galés sobre el campo que si únicamente debe estar pendiente de Isco por delante y en la cobertura de sus centrales para marcar a la doble punta merengue. Habrá que ver cómo se desarrolla el partido y qué alternativa escoge el técnico marsellés para su juego ofensivo, pues siendo el equipo más peligroso de Europa al contraataque, el papel de Bale en esas transiciones se puede antojar fundamental. El galés ha llegado justo a tiempo para una de las citas grandes de esta temporada, y el Bernabéu ya espera que sus carreras por banda vuelvan a dar al Madrid esa vertiginosa velocidad con pelota que atemoriza a todos sus rivales.

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