Sin vértigo a las alturas

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El derbi sevillano se encuentra a la vuelta de la esquina y los corazones de cada barrio hispalense ya empiezan a latir con fuerza. Son muchas las incógnitas que rodean al equipo de esta orilla del Guadalquivir, pero en este encuentro ganar las despeja todas. Se busca una nueva identidad que parece llegar en el mejor momento.

El Sevilla decidió dar en diciembre un giro a la situación. Con Berizzo el juego no parecía tener consistencia. No había identidad, no había trabajo defensivo y, especialmente en las últimas jornadas, no había resultados. De cara a un choque tan vital como el derbi y por supuesto los objetivos finales, no se podía mantener dicha inercia. Era necesario un cambio, un punto de inflexión. Y ese cambio tiene nombre y apellidos: Vincenzo Montella.

A pesar de la situación en la tabla, la inercia del Sevilla no era positiva con Berizzo al mando.

Aún es pronto para elevar nada a definitivo, pero en su primer encuentro ante el Cádiz se vislumbraron detalles que van a regir a este nuevo Sevilla. Para empezar, el napolitano ha eliminado el marcaje individual. Una orden defensiva que a menudo descolocaba a los jugadores y que generaba más pérdidas que recuperaciones de balón. En su lugar, Montella opta por una defensa adelantada que asumirá riesgos, pero mejora con creces el sistema defensivo. El Sevilla jugó más junto, dejará menos espacios entre líneas y, si la presión tras pérdida es buena, tendrá antes y en mejores condiciones el balón. Con Berizzo el equipo jugaba muy estirado y ello restaba dinamismo tanto en transiciones como a la hora de ejecutar una presión acertada.

En ello parece clave el triángulo defensivo que se forme en el centro del campo. Recuperar a N’Zonzi para la causa se antoja la piedra angular del devenir sevillista. Con el francés junto a Banega y Pizarro, este Sevilla se asegura el control del juego. Banega parece ser el vértice de ese isósceles. El encargado de dinamizar los ataques y buscar rápidamente la transición ofensiva. Se intuye un Sevilla más dinámico y vertical que el de Berizzo, incluso que el de Sampaoli. Ya no hay pase de seguridad tras robo. Ahora se mira hacia delante, con más hombres por delante de la línea del balón.

Cambios importantes en materia defensiva, pero Montella también dejó entrever en Cádiz varios ajustes de su sistema ofensivo.

Pero, sin duda, lo que más parece que va a destacar en el conjunto sevillista son las alturas que va a ocupar en su zona ofensiva. Un matiz que se notó en el Ramón de Carranza, donde tanto los laterales como los extremos tenían órdenes bien distintas a las que Berizzo les inculcaba. Los extremos ya no parten desde línea de cal. Dicha zona es ahora para los laterales, que tienen mucho más vuelo y capacidad para llegar a línea de fondo. Los extremos ocupan posiciones más centradas, actuando en ocasiones casi de segundos puntas junto al delantero centro. Esas posiciones a hombres como Nolito, Correa o Sarabia les permitirá explotar su mejor virtud: su juego interior. Incluso Jesús Navas, que, a priori, parece mostrar su mejor versión pegado a la cal, evidenció muestras de sentirse cómodo para aparecer por dentro.

También es cierto que las continuas apariciones de los laterales como extremos abiertos generarán riesgos. Montella deberá corregir con ayudas y coberturas de los centrocampistas para evitar que el Sevilla se vea muy expuesto, además de conseguir que la presión sea más ordenada que la que tenían con Berizzo. Si este juego de alturas y posiciones de los extremos y laterales funciona bien, se verá, por fin, un Sevilla profundo por los costados y dinámico en tres cuartos de campo.

¿Se verá todo esto en el derbi del próximo sábado en el Ramón Sánchez-Pizjuán? Probablemente, no. Al menos, no en su mejor expresión. Pero el Sevilla de Montella parece querer trazar una hoja de ruta encaminada a una identidad clara. El Betis será el primer rival de un equipo que dice adiós a las transiciones lentas, a los altos porcentajes de posesión anodina, a la poca profundidad en campo rival. Un Sevilla potenciado por sus extremos y laterales suena bastante bien. Y más sabiendo no solo la calidad de los mismos, sino que estarán sostenidos por un centro del campo con mimbres más que suficientes para dar argumentos a la idea. Sin vértigo a las alturas, con verticalidad bien expresada sobre el verde. En Nervión ya hay ganas de ver a su equipo carburar. Y qué mejor que comenzar este mismo sábado con una alegría en forma de victoria ante el máximo rival.

Artículo de David Ruiz (@DavidRM19 en Twitter)

 

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