Preciosismo bético en el Pizjuán

Setién es entrenador de partidos grandes. Aquellos en los que lo emocional se impone. Pero no con Quique. El derbi andaluz estuvo marcado por el tempranísimo gol de Fabián y los minutos de frenético fútbol que impuso el Sevilla, más con el corazón que con la cabeza, más con Navas que con Banega. Pero el plan funcionaba y el Sevilla aprovechaba la ternura defensiva de los verdiblancos para acercarse al marcador y dejar el derbi abierto. Hasta que Setién dio con la tecla, una vez más.

Andrés Guardado se colocó en el costado, de falso extremo, y Boudebouz, que había cuajado una pobre primera parte, se fue a la mediapunta. El argelino es un gestor de goles, pero no de juego, algo que le hace estar íntimamente relacionado con el peligro, no así tanto con la generación. Cuanto más alejado está de la zona de influencia de creación, mejor para los béticos. Con Fabián y Guardado dando sentido al juego y sabiendo que Javi García les cubría la espalda, el Betis colonizó a sus vecinos en una segunda mitad en la que vimos lo  que persigue con asiduidad su técnico. La jugada del tercer gol bético fue una obra de arte, contemporizando la jugada, durmiéndola, y precipitándola con un cambio de juego de Feddal y la posterior asociación de sus hombres clave; Guardado, Sergio León y Boudebouz. La magia está servida.

El tercer gol del Betis es lo que Setién ha querido siempre para sus equipos. Ahora, tiene las herramientas para convertir lo espectacular en rutinario.

Vincenzo Montella pareció que se quedase al margen del partido. Poco hábil a la hora de leer la ternura del joven Francis en el lateral y dando entrada a Correa demasiado tarde, el ritmo se impuso a sus planes. N’zonzi pasó de puntillas en – quizás – una de sus últimas oportunidades de reivindicación. En ataque, todo el peso lo asumió Banega, y con el mal partido del “Mudo”, perdido en la mediapunta, el argentino se quedó solo ante un plan que no funcionaba. Solo Banega y Escudero impusieron el ritmo necesario para suplir la falta de creatividad e ideas en la medular. Volver a lo más primitivo siempre es una buena idea cuando las cosas no funcionan. Y al Sevilla le funcionaba.

Pero si alguien se fraguó un nombre en el derbi sevillano es Fabián. El canterano está viviendo un proceso de maduración exprés de la mano de Quique Setién, que lo ha convertido, a día de hoy, en un jugador muy completo, alguien que posee el don de tomar buenas decisiones en los ambientes más adversos. Eso es impagable. Su papel fue crucial dando solidez defensiva, despliegue y aportando llegada desde segunda línea. Ante los momentos de presión del Sevilla, el Betis recurría a él, como un mantra irrefutable. El joven centrocampista no es lo que puede llegar a ser pero sí mucho más de lo que pudimos imaginar que sería. Tras tomar el Bernabéu y el Sánchez-Pizjuán, el Betis solo puede seguir soñando.

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