Extinción y reencuentro

Era el día de San Valentín y en el Parque de los Príncipes fuimos testigos de una de las peores noches del FC Barcelona en la última década.  Asistimos atónitos al desplome de un conjunto que estaba llamado a llegar lejos, y que a la postre culminaría una de las remontadas más románticas, pero que terminó muriendo en la orilla. Cayó, víctima de sí mismo en una caída agónica y anunciada. Y en aquel tétrico teatro, Sergio Busquets agonizaba sin el balón en su poder. El que un día fue el máximo exponente del fútbol de control, quedó expuesto ante el músculo del Paris Saint Germain. Busquets, y por ende el Barça, agonizaban. Hasta que llegó Ernesto Valverde.

En el fútbol actual quizás no exista un jugador tan especial como Sergio Busquets. El de Badia es una especie en peligro de extinción, quizás la única que haya existido. Un jugador diferente. El canterano del FC Barcelona llegó al primer equipo en el momento justo. Con apenas 20 años y sin un cartel que lo señalara como el elegido, empezó a demostrar unas cualidades que parecían hechas precisa y concretamente para aquel momento. Y quizás así fuese. Busquets no se entendería en otra época. Es un jugador que va ligado a un estilo, a una filosofía. Él es la esencia de una manera de entender el juego. Indisoluble. Busquets, sin la pelota, no es más que un niño al que le han castigado sin poder salir. Encerrado, ve como todos juegan, menos él. Sergio necesita la pelota como el respirar.

La capacidad para ver el fútbol con la pelota controlada hacen de Sergio Busquets el director de orquesta perfecto.

Con Luis Enrique, todo se enfocó a potenciar el tremendo monstruo de tres cabezas, la MSN. El plan era sencillo. Hacer llegar el balón cuanto antes a Leo o Ney para que todo explotase. Era útil. E incluso bonito. El Barça tiranizó Europa y demostró esa capacidad camaleónica de transformarse y readaptarse. Pero por el camino se fue perdiendo una esencia que ciertos jugadores llevaban implícita. Como dijo Xavi Hernández en una entrevista a El País: “A mí no me gusta (hablando de ese estilo). Funcionó, pero yo prefiero otra cosa”. Y ahí podríamos situar a Sergio Busquets. El pivote brilló a contracorriente. Era tan necesario como poco utilizado. Pero poco a poco el fuego fue apagándose y lo que funcionó se anquilosó, dejando una medular débil sin balón y demasiado blanda para robarla en campo propio.

En esos años, Ivan Rakitic funcionó de regulador. La banda derecha era de Leo Messi y ante eso, el técnico asturiano situaba al croata de interior diestro para tapar las subidas de Leo y, en ataque, estirar al equipo, tirándose a una posición totalmente ajena a él; el extremo derecho. Ante esta situación, Busi perdía un socio indispensable, y con esa separación desmedida entre los hombres del medio campo, el Barça sufría en transiciones. Busquets es probablemente el pivote más lento que hay en la élite. Y ahí quedó desnudo. En París parecía una sombra. Vapuleado. Iniesta y Busquets defendían algo que parecía obsoleto, lejano. Apenas eran unos momentos en donde se situaban entorno al balón y, como en unos amigos que se reencuentran tras muchos años, disfrutaban haciendo lo que les había llevado a ser  quienes eran: jugar. Pero en un equipo tácticamente deshecho y empecinado en jugar a lo que los que realmente saben de qué va esto no querían, el Barça se desmoronó.

Aquella noche en París demostró a las claras que Busquets solo tiene sentido si el plan del Barcelona pasaba por seguir fiel a su estilo tan marcado.

Ernesto Valverde es ese perfecto punto de reencuentro. Entendiendo las necesidades de Sergio, el Txingurri ha situado a Rakitic al lado de Busquets, dando más protagonismo al lateral en tareas ofensivas y dejando que Iniesta, el otro interior, se relacione en alturas más avanzadas, cerca del pico del área. Ese nuevo encaje permite al de Badia subir unos metros y allí poder disfrutar de pequeñas sociedades que hacía mucho, demasiado, que no existían. Con Sergio más arriba, la recuperación tras pérdida es mucho más sencilla. El Barça juega más junto, más ordenado y a lo que dice Busquets. Y nadie sabe mejor lo que le conviene al FC Barcelona que Sergio Busquets.

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