Javier Mascherano: El antihéroe

En el mejor equipo del siglo XXI y uno de los más grandes -y estéticos- de todos los tiempos, nos hemos acostumbrado a degustar a jugadores de pie dulce, de juego hilado, de una profunda convicción en que, para ser bueno, se necesitaba ser como Xavi, Iniesta o Leo Messi. Este era el canon del aficionado culé. Por eso, cuando en verano de 2010, tras la marcha de Touré Yaya, el FC Barcelona anunciaba el fichaje de Javier Mascherano, éramos muchos los que, lejos de abrirle las puertas de los secretos del más alto fútbol mirábamos con recelo al nuevo jugador. Incrédulos que fuera a ser el recambio de Sergio Busquets, todo poesía. El argentino era un jugador fraguado en mil batallas, de meter la pierna, de no rendirse. Era un competidor nato. Es por eso que cedimos. Es por eso que hoy lo lloramos.

Central titular en el 40% de las Champions cosechadas por el FC Barcelona. Solo lo supera el 60% de Gerard Piqué.

Pep Guardiola le fichó para ser el relevo en días puntuales, y ocasiones especiales, a Sergio Busquets.  Pero coger el ritmo de transatlántico necesario en un equipo de estas dimensiones es siempre complicado. Y El Jefecito se movía incómodo por el tapiz, como si fuera un extraño. No encajaba en una posición que era suya, pero que no le pertenecía. y probablemente si no hubiera cambiado de posición, Mascherano haría tiempo que habría abandonado este club, sin despedidas ni textos que lo recuerden, quizás. Su reconversión a central fue algo obligado, fruto del azar. La enfermedad de Eric Abidal y las lesiones de Carles Puyol obligaron a Guardiola a poner en marcha la que, a la postre, terminaría siendo la pareja titular durante los siguientes 5 años y medio.

18 títulos en 7 temporadas y media entre los que destacan: 4 Ligas, 4 Copas y 2 Champions.

Pero si hay una noche que convirtiese de veras la carrera y la trascendencia de Javier Mascherano en la plantilla esa fue la de Nicklas Bendtner y su envite fallido. El día en que Mascherano fue lo que siempre ha sido pero nunca creímos que pudiera llegar a funcionar aquí, en el Barça. Ese jugador de tackle limpio, pundonor ‘puyolesco’ y carrera rápida. El que te salva un gol y sigue con los músculos a punto por si hay que cortar alguna jugada. El que no se rinde. El antihéroe que abandona sin capa el Camp Nou, porque nunca la tuvo, porque nunca la necesitó para ser Javier Mascherano. Gracias, Jefecito. 

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