Talento “made in” Trencin

Según la RAE (Real Academia Española) un metrónomo es “una máquina, a manera de reloj, para medir el tiempo e indicar el compás de las composiciones musicales”. A su vez, desde el mismo organismo se define a una brújula como un “instrumento consistente en una caja en cuyo interior una aguja imantada gira sobre un eje y señala el norte magnético, que sirve para determinar las direcciones de la superficie terrestre”.

Y os estaréis preguntando, ¿a cuento de qué viene esto? Lo vais a entender muy rápidamente.

El 16 de junio de 2017, se iniciaba en la ciudad polaca de Lublin el Europeo sub 21 en un partido inaugural que enfrentaba a la selección anfitriona, Polonia, frente a una hasta el momento desconocida Eslovaquia. El combinado eslovaco llegaba a este campeonato de Europa sub 21 con bastantes jugadores que ya habían participado con la selección absoluta aunque sin demasiada importancia. Pero entre todos ellos destacó el nombre de un jugador cuyo peinado mohicano poco representaba la elegancia de su juego, hablamos de Stanislav Lobotka.

El mediocentro nacido en Trencin comenzó a enamorar a Europa y a los ojos de numerosos clubes desde el pivote, desde la posición de 5. Pero no es el clásico pivote defensivo y fijo en su posición, más ocupado en tareas defensivas de corte y mantenimiento o equilibrio del equipo. Lobotka es un jugador que quiere el balón, que está muy cómodo con él en los pies y que sirve de primera salida de balón, marcando el tiempo, el control y la dirección. Él no solo toca la canción, es cantautor, crea e interpreta la mejor melodía posible. De ahí la comparación con metrónomos y brújulas.

Tardó poco el Celta de Vigo en adelantarse a los demás y ver un futuro lleno de talento en Stanislav que hasta el momento no está dejando indiferente a nadie. Con un desembolso de alrededor de unos 5 millones de euros, el menudo internacional absoluto con la selección de Eslovaquia y compañero entre otros del jugador del Nápoles, Marek Hamsik, llegó a Balaídos con poco ruido y mucho trabajo, haciéndose con la titularidad indiscutible en el conjunto celeste, mostrando un enorme nivel en el primer tramo de temporada, con un total de 21 partidos disputados. Un acierto total de la secretaría técnica del Celta en la que Felipe Miñambres siguió al joven mediocentro en sus anteriores etapas por la cantera del Ajax y en el Nordsjaelland danés, equipo desde el que desembarcó en Vigo.

Sin embargo sus comienzos en el Celta no fueron desde la posición en la que se encuentra más cómodo. Partió desde situaciones más ofensivas, como interior, en las que se encontraba a gusto con el balón pero se veía falto de espacio y tiempo para pensar y elaborar su juego. Y es que la liga española requiere de menos tiempo para pensar y de un mayor grado de intensidad al que aún tenía que aclimatarse. Por eso, en poco tiempo, Unzué terminó retrasándolo a su posición natural, la de pivote defensivo.

Desde el 4-4-2 que plantea el técnico navarro del Celta, Lobotka se sitúa como pivote móvil, puesto que siempre está acompañado de mediocentros que ofrecen un gran trabajo defensivo y no dudan en ayudarle (Wass, ‘Tucu’ Hernández…). Pese a ello Lobotka ocupa una posición inicial más atrasada, otorgándoles a sus compañeros libertad en la llegada a portería.

Ofreciéndose como la primera ayuda en la salida del balón para los centrales, Lobotka se encuentra cómodo siempre que el esférico esté cerca suyo. Su situación en el campo parte desde la siguiente línea a los centrales, y su baile de movimientos para recibir el balón es digno de los mejores. En la presión de los delanteros rivales, oscila entre ellos hasta encontrar una posición limpia que le otorgue una mejor salida de balón. No encuentra dificultades en la presión asfixiante del rival y aunque esté muy encimado, cuenta con un tronco inferior envidiable que le proporciona una gran potencia y una rapidez asombrosa. Y todo esto lo hace con el balón pegado al pie, sin riesgo y con una claridad absoluta de ideas en su juego. Su rápido giro con el esférico, la potencia en la salida y su bajo centro de gravedad lo convierten en un elemento imparable.

Hace del riesgo su comodidad y eso nunca es sencillo. Una vez supera la primera línea de presión no desprende miedo y no tiene problemas en embarcarse hacia posiciones más ofensivas. De ahí que sus movimientos con el balón sean muy variados. Si ve que hay espacios no duda en apostar por subir él mismo el esférico. Pero por otro lado, si ve un pase claro que pueda crear superioridad, es el primero en verlo ya que su visión de juego es admirable.

Talento, descaro, calidad, buen pase, potencia, velocidad… los adjetivos se quedan cortos para destacar sus cualidades.

Salvando las distancias, pertenece a la escuela de los Xavi, Modric o Verrati, jugadores con un potente tren inferior y dotados de una exquisita calidad técnica y una admirable inteligencia para levantar la cabeza y observar posiciones ventajosas para sus compañeros. Los perfectos compañeros de equipo, de los que todos desearíamos tener en nuestro club.

Aunque sea un especialista en el juego en corto, Stanislav no rehúsa el juego en largo, con grandes desplazamientos hacia posiciones exteriores que provocan la superioridad de laterales y extremos en fase ofensiva. No le gusta hacerle daño al esférico, él lo acaricia aunque su viaje sea aéreo.

Es un especialista tanto en la salida a la contra como en el control pausado del partido. En transiciones ofensivas otorga rápidos pases hacia los compañeros más adelantados y en última instancia no tiene problema en ser él mismo el director de orquesta y llevarse el balón consigo. Pero además es un gran controlador del juego, sabe leer muy bien las situaciones en las que su equipo necesita descansar y tocar, organizando con claridad, inteligencia y precisión.

Además, su gran disposición sobre el terreno de juego lo hacen un jugador diferencial. Su inteligencia no solo sale a relucir cuando tiene el balón sino que sin él también destaca. Sabe colocarse como casi ninguno, ofreciendo siempre una salida de apoyo a centrales, laterales o compañeros del medio del campo. Tácticamente es sorpresivo por las muchas posiciones que puede abarcar durante un encuentro.

Si hay que ponerle un pero, éste se produce cuando se acerca a posiciones cercanas al área. Aunque no sea un mal llegador (como demuestra su gol en Wembley frente a Inglaterra) no es un especialista en estas lides. Pese a contar con un buen golpeo de balón, no son muchas la veces que apuesta por su disparo, aunque cierto es que su posición como pivote defensivo no le permite incorporarse mucho cerca del área y de lo contrario sería un gran riesgo para el conjunto vigués.

En los partidos en los que predomina el juego aéreo es cuando el eslovaco lo pasa peor. Las situaciones en las que no es capaz de dominar el partido se le antojan complicadas como jugador asociativo, pudiendo solo intervenir en la recuperación de segundas jugadas.

Un mediocentro con calidad, potencia, inteligencia y gran pase corto y largo que sin embargo no rehuye las tareas defensivas. Si en ataque su juego es más vistoso a ojos del espectador, en defensa el “genio de Trencin” es un portento físico pese a su 1’70 m. de estatura. Es potente y veloz en la anticipación y en el corte, robos de balón siempre limpios, sin la necesidad de entradas bruscas que concedan faltas a los rivales. Su saber estar en el terreno de juego le permite adelantarse a lo que el rival quiere hacer, obra también de su inteligencia, que sale a relucir de nuevo pero esta vez para defender.

Rápido al corte y en la anticipación, sus tareas defensivas alumbran casi tanto como las ofensivas. No da un balón por perdido y su potencia en la lucha lo convierte en un incómodo defensor.

Su trabajo defensivo es tan admirable como el ofensivo, estando rápido y pendiente de sus marcas y no dejando pensar a los rivales cuando se acercan al área propia. Además cuenta con una gran capacidad física que le permite mantenerse a un gran ritmo de juego durante los 90 minutos de partido.

Lobotka es un jugador clave a la hora de entender el juego celeste. Si Iago Aspas se sitúa en la cúspide de una hipotética pirámide teñida del color más celeste, Stanislav no anda muy lejos. Y es que el de Moaña ha encontrado la conexión perfecta que le permita, en multitud de ocasiones, encarar a sus adversarios con ventaja. Se explica de este modo porqué el Celta es el tercer equipo de la Liga Santander que más pases ha conseguido realizar con éxito en los primeros 30 metros de circulación propia, con un 94,85% de pases logrados en esa zona, justo en la que comprende el primer área de acción de Lobotka (vía @FutbolAvanzado).

Un jugador de presente pero sobre todo de futuro ya que sus 23 años le deparan un largo camino que recorrer y que sin duda será exitoso si mantiene las ganas por seguir haciéndolo bien o mejor. Cualidades le sobran para ello. Un talento nacido en Eslovenia, con pasado en la cantera del Ajax y que porta la casaca número 14, esa que puso de moda un genio holandés de calidad extrema y de técnica asombrosa. Un número que con Lobotka tiene asegurado seguir transmitiendo calidad, inteligencia y riesgo. El riesgo de los que apuestan por llevar el cuero pegado al pie por más que el oponente sople cerca, porque esos capitanes son los que hacen que los barcos naveguen bonito además de productivo.

 

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