Abelardo reanima al Alavés

La llegada de Abelardo ha difuminado en buena medida la temporada del Deportivo Alavés. Una campaña que arrancaba con ilusión tras el buen año anterior donde consiguieron una permanencia cómoda e incluso alcanzar la final de la Copa del Rey. De la mano de un técnico joven que venía de hacer un buen papel en latinoamérica, debutaba Luis Zubeldía en Europa en una experiencia que no le serviría de mucho a la postre. Tres meses después y sin haber conocido otra cosa que la derrota, el argentino fue el primer entrenador cesado en la Liga Santander. Su relevo lo tomó un perfil totalmente contrapuesto al suyo; Gianni De Biasi se hacía cargo de un Alavés hundido al que, tras únicamente seis jornadas disputadas, muchos daban ya por desahuciado con su cero en el casillero. El experimentado técnico italiano llegaba con la vitola de ser mucho más defensivo que su predecesor, algo muy necesario dada la fragilidad del equipo, y con un carácter que le haría ser más dominador de un vestuario de moral machacada. El ex seleccionador albanés -entre otros muchos trabajos- arrancaba su andadura con el pie derecho, logrando una victoria de mucha importancia frente a un rival directo como era el Levante y en su propio estadio. Aun así no fue suficiente para remontar el vuelo de un equipo que bajo su mando sumó tres victorias por cinco derrotas en los ocho partidos que disputó. No son números tan malos teniendo en cuenta la situación de partida, pero el juego tampoco terminaba de convencer, y con nueve puntos tras catorce jornadas, solo el Málaga de Míchel tenía peores números.

Entonces la dirección deportiva del Alavés decidió apostar por el Pitu Abelardo. El entrenador asturiano ya había demostrado su buen hacer en un equipo de características similares, con un objetivo y filosofía que encajaban a la perfección con el gijonés y cuyo mando podía motivar a más de un joven jugador blanquiazul. Los resultados no tardaron en llegar. Ya en su primer partido, apenas pasados dos días desde que se hiciera cargo del conjunto vasco, logró una sorprendente remontada en campo del Girona cuando todo parecía indicar lo contrario. Un hat-trick de Ibai presagiaba la garra y la competitividad que el nuevo entrenador quería instaurar en sus chicos, y ésto, anímicamente, fue una constante que hizo, ahora sí, realzar el vuelo a un equipo que estaba agonizando desde hacía meses.

El hecho de que fuera Ibai Gómez el encargado de liderar esa remontada no fue algo circunstancial. El conjunto de Abelardo, como ya lo fuera el Dépor con la llegada de Parralo, partió por asentar su juego a través del juego exterior, de las bandas. La temporada de Pedraza ya estaba siendo buena, pero tras la llegada del asturiano, su crecimiento en el juego ha sido exponencial. Con el habitual 4-4-2, que se intercalaba con el 4-2-3-1 antes de la lesión de Burgui, el Pitu tenía claro que el juego por banda era fundamental para generar más ocasiones de peligro en el área rival. Por ello no es casual que con el asturiano en el banquillo, tanto Ibai como Pedraza hayan ganado en protagonismo, tanto como asistentes como goleadores. Pero hay una diferencia clave para entender todo esto: el Alavés ha comenzado a reestructurarse adelantando todas sus líneas, lo que sitúa a su equipo más cerca del área rival, pero además lo hace con ellas más juntas, lo que permite que los compañeros estén más cerca unos de otros y favorezca la circulación de balón, así como la presión tras pérdida y las coberturas en clave defensiva. Un cambio fundamental para entender por qué ahora su circulación sí funciona y por qué consigue mejores números en defensa alejando al rival de su propia portería.

El juego por bandas se ha vuelto el arma más productiva del Alavés en ataque con la llegada de Abelardo.

Con un Alavés que gana altura en el campo y poso con la pelota, Abelardo ha conseguido generar ataques de manera mucho más eficaz, optando más por el pase corto y la posesión que no el balón largo desde la mitad propia de terreno. Esto es fundamental para entender por qué Pedraza e Ibai aparecen con mayor frecuencia en la zona de tres cuartos, cuelgan los balones más cerca del área y, con la presencia de dos puntas -ya sean Munir, Bojan o Guidetti- el conjunto vitoriano se está acercando con mucho más peligro a la meta rival. No son pocos los goles que hemos visto desde entonces con un centro lateral o un pase atrás que tanto los puntas como los llegadores de segunda línea aprovechan para definir. El Alavés centra más y centra mejor.

Habiendo retocado tanto el sistema, Abelardo ha conseguido mejorar y mucho los resultados del conjunto vitoriano, tanto que únicamente en cuatro jornadas -y tras haber plantado cara al Atlético de Madrid en el Metropolitano- superó el registro de puntos de las 13 anteriores y dejó en las mismas ocasiones la puerta a cero. El diferencial de competitividad que ha obtenido el equipo le permite ser ahora un rival difícil de batir para cualquier adversario. Eliminado en los penaltis de los cuartos de final de la Copa del Rey ante un equipo tan en forma como el Valencia de Marcelino, y habiendo evitado la zona de descenso cuando todos daban al equipo por muerto, Abelardo ha realzado el vuelo de un Alavés que sigue buscando su sitio en la Primera División.

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