Círculo perfecto

Todo empieza en él. Pero todo -también- termina en sus botas. El FC Barcelona vuelve a jugar para Lionel Messi y los resultados son tangibles. El argentino deleita a todos los aficionados del mundo del fútbol una vez más, pese a no realizar uno de los partidos que se le recordarán eternamente. Ante el Valencia, en semifinales de la Copa del Rey, hemos visto al Barça de Ernesto Valverde en potencia. El sello de la presión tras pérdida, diferencial.

El Barça encierra a su rival en su propia área

Como ya sucedió en Mestalla, así como en muchos de los partidos a lo largo de la temporada, el Barça ha mostrado su capacidad de encerrar al equipo contrario prácticamente en su propia área. Una posesión pausada por fuera, pero buscando siempre a Leo Messi. Tras pérdida, los azulgrana asfixian e impiden cualquier opción de salida con el balón controlado del rival. Sergio Busquets e Ivan Rakitic, con y sin balón, han dominado la concepción espacial de las zonas que podía explotar el Valencia en caso de robo. Han privatizado el territorio, impidiendo cualquier esfuerzo por contactar con Rodrigo Moreno y Luciano Vietto. Ha sido en este apartado donde los de Marcelino García Toral han echado de menos a Gonçalo Guedes, enlace entre el centro del campo y la doble punta. Por otro lado, Samuel Umtiti ha mostrado su mejor versión. Ha realizado una actuación impecable, pese a regresar de lesión. El francés sigue mostrándose seguro en el corte, jugando a cincuenta metros de su propia portería y haciendo coberturas defensivas.

El Valencia luchó para no terminar defendiendo en bloque bajo, pero el Barça lo propició. Sin embargo, los de Marcelino apenas concedieron espacios, haciendo casi imposible la finalización de cara a puerta. El Barcelona necesitaba subir una marcha más para poder penetrar en el entramado defensivo valenciano, el partido pedía la entrada de Philippe Coutinho. El brasileño está acostumbrado a este tipo de contextos, ante equipos replegados y siendo él quien tiene el mayor peso en la creación, el desequilibrio y el artista indicado para distinguir ese punto diferencial. Empezando desde la derecha, naturalmente acabó jugando por dentro y, con la salida de Andrés Iniesta, terminó donde más cómodo se siente. El manchego sigue siendo plenamente necesario en el esquema de Valverde y la unión de Busquets con Rakitic, que fijaban a Dani Parejo y Francis Coquelin, le permitían desenvolverse como falso interior e influir algo más adelantado y tirado hacia el costado izquierdo. Coutinho intenta adaptarse a la filosofía del Barça, trata de jugar rápido, no retener el balón más segundos de los necesarios y, lo más importante, juntarse con Messi sin influir en la zona de repercusión del ’10’.

Valverde ha provocado que cada jugador tenga un rol distinto y diferencial

Valverde ha potenciado y revalorizado una plantilla que parecía que no podría alcanzar el nivel y rendimiento actual. Cada pieza es importante, juega un rol distinto al de otro y puede ser útil dependiendo del contexto. Es el caso de Paulinho, que empezó siendo un perfil útil para cargar el área y dotar a Messi de espacio en la frontal, pero que también ha jugado -sobretodo los últimos partidos- en una zona cercana al interior. André Gomes dota al equipo de un componente físico diferente, Paco Alcácer parte desde la banda derecha pero también empuja a la defensa y ha demostrado no ser incompatible con Luis Suárez y hasta Aleix Vidal se ha ganado la confianza del técnico, como extremo posicional, facilitando el repliegue defensivo en caso de pérdida y jugando como titular en encuentros importantes.

El Barça de Valverde controla los partidos mediante la posesión y la posición, porque encierra al rival de forma que le sea imposible salir, reduciendo espacios, con una segunda y tercera línea muy agresiva. En la primera parte, el equipo analiza minuciosamente el rival y, en la segunda, cuando el equipo contrario puede verse capaz de sacar un resultado favorable, Valverde da con la tecla para cambiar el rumbo del partido, no de forma total, a veces con tan solo una pequeña variante que permita una mejora circunstancial. Con Ernesto, segundas partes siempre fueron mejores. Y lo más importante es el papel que está jugando Messi. Por naturaleza y necesidad del argentino, baja a recibir, es el encargado de empezar a dibujar. El resto le acompaña, le complementa, sigue el trazo iniciado por el argentino, para que él mismo cierre el círculo perfecto. Fútbol hecho arte.

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