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La metamorfosis de Samu Castillejo

Samu Castillejo siempre ha sido un jugador diferente. Desde sus inicios en el fútbol malagueño, siempre fue el hombre que dio un plus cualitativo al colectivo. Con el balón pegado a su talentoso pie izquierdo, su capacidad de desequilibrio en el duelo individual aguaba las estructuras defensivas y convertía en pesadilla toda transición ofensiva de su equipo. Pero si en Málaga creció, en Villarreal se ha consolidado. Con tan solo año de experiencia en la máxima categoría, el malagueño aterrizó al equipo de la Plana Baixa como una de las promesas emergentes de la competición. Desde su llegada, el 10 del submarino amarillo ha deslumbrado partiendo desde la banda derecha, a pierna cambiada, y ha acabado convirtiéndose en un fijo para los distintos planteamientos de los técnicos que ha tenido a sus órdenes, y con todos ellos realizando funciones similares. Hasta que llegó Javi Calleja.

El curso comenzó con Fran Escribá manteniendo su 4-4-2. Y Samu Castillejo era uno de sus protagonistas. El ex-Málaga empezaba pegado a la cal en el carril derecho y tendía a interiorizar su posición, aprovechando la libertad en la zona de la mediapunta, para tener más espacio para desequilibrar y, al mismo tiempo, dejar vacía la banda para la incorporación del lateral. El malagueño canalizaba todo el juego ofensivo del conjunto groguet, pero era la única pieza que encajaba en el engranaje del técnico valenciano. Era el hombre más incisivo en el juego, pero era uno de los únicos recursos, sino el único, cuando el equipo tenía la posesión. El Villarreal tenía una plantilla equilibrada y suficientemente ambiciosa para optar a posiciones privilegiadas, pero la sensación era que no estaba exprimiendo todo su jugo. El debate giraba en torno a si era él quien estaba pasando por un momento de forma muy positivo o eran los demás que no rendían al nivel esperado. La destitución de Escribá afirmó lo segundo.

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Mapa de calor del Villarreal-Betis de la jornada 3. En el 4-4-2 de Escribá, Castillejo ocupaba la posición de mediocampista derecho, dando amplitud a la vez que juego interior. (vía Squawka.com)

La llegada de Calleja supuso un nuevo paradigma desde los primeros días. El técnico madrileño pasó del 4-4-2 al 4-3-1-2. Con Castillejo como interior diestro, Calleja quiso sacrificar parte de la capacidad diferencial del malagueño para optimizar mejor todas las piezas del tablero. El equipo mejoró considerablemente y Castillejo, aunque partía de una posición que le era poco común, no se quedó atrás. El malagueño era el responsable de dar amplitud en la salida de balón para estirar al contrario en un sistema muy centralizado pero, con la marcha de Bakambu, quien pasó a ocupar esa función fue el lateral. Compartiendo pocos automatismos con un juego más desequilibrante, ha tenido que adaptarse a los nuevos mecanismos en el interior. Samu es ahora más participativo con el balón, más exigido en tareas defensivas y menos relacionado con la banda. Pero ahí sigue siendo un fijo.

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Mapa de calor del último partido en casa frente a la Real Sociedad. Con Calleja, desde una posición más retrasada, Castillejo participa más en los primeros compases de la jugada y en la medular y no tanto en fase ofensiva. (vía Squawka.com)

El juego vertical del Villarreal le permite llegar desde segunda línea, ocupando posiciones ofensivas sabiendo que éste ya no es su hábitat más natural. Un recurso que anteriormente fue discurso. La metamorfosis de Samu Castillejo es una realidad y parece tener cabida en ese Villarreal de Calleja que empieza a entusiasmar después de conseguir 16 puntos de 21 posibles con un juego reconocible. Habrá que seguirlo de cerca.

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