Maxi desencadenado

La pasión por el fútbol es algo que no se negocia. Ese es el mensaje que Maxi Gómez dejó claro a los pretendientes asiáticos que intentaron moverle de Vigo con dirección a China. Una oferta suculenta y atractiva para muchos, sobre todo en lo económico, pero no tan seductora para un jugador de 21 años recién aterrizado en la liga española. Todo esto fruto de una brutal irrupción en un equipo que venía de realizar una de las mejores campañas de su historia. Era difícil acoplarse a un conjunto que ya tenía titulares y suplentes fijos pero por medio de goles, poderío y confianza, el delantero charrúa del Celta de Vigo ha convencido a todos y enamorado a la parroquia viguesa con su compromiso desde el primer día.

En su primer partido con los vigueses, frente a la Real Sociedad de Eusebio, terminó anotando un doblete que ya avisaba de su fe en el gol. Tras una primera vuelta exitosa en lo personal, Maxi ha empezado la segunda de la misma manera.

Los primeros partidos del uruguayo con los celestes hacían ver a un delantero oportunista y tremendamente poderoso en el juego aéreo y en el cuerpo a cuerpo. Esto también le costaba que los árbitros muchas veces escogieran como fácil pitarle a él las faltas en las disputas. Pese a ello, es el cuarto jugador que más faltas recibe en la liga, con un total de 61. Un atacante que vivía del gol en el área, donde se hace más peligroso. Su situación se resumía cerca del portero rival y en la definición no admitía disculpas ni perdones, sólo le servía ver la pelota dentro del arco.

Pero el paso de las jornadas nos ha enseñado a otro Maxi, una transformación que nos habla de su rápida adaptación al juego que quiere proponer el Celta. El juego de toque rápido y de movimientos continuos no es fácil para un delantero de su envergadura (1,86 m. y 87kg.), sin embargo él ha sabido reconducir la situación.

Durante las primeras jornadas Maxi se resumía en un delantero con funciones muy parecidas a las de un boya en el waterpolo: cuando el Celta tocaba el balón rápido por abajo, Maxi se apartaba lo que podía de la jugada para buscar desmarques dentro del área y tener pendientes a los defensas contrarios. Además, cuando la imposibilidad llevaba a los defensores celestes a elevar el esférico a posiciones ofensivas, era Maxi el encargado de luchar, ganar o bajar los balones que llegaban, muchas veces en difíciles situaciones que resolvía de manera notable. Una vez conseguía hacerse con esas pelotas en unas condiciones óptimas, su rápido giro de cuerpo le permitía abrir hacia las bandas y correr a posiciones centradas en área rival. De hecho, Pione Sisto vio como muchos de sus grandes pases encontraron a Maxi como rematador.

No solo aporta gol. Su lucha, garra e incansables ganas de ganar son vitales para el Celta. Su gran inteligencia se demuestra en su evolución.

Sin embargo, su inteligencia en el juego le ha permitido madurar de una manera bestial. La mejora que se le observa en el manejo del esférico con los pies y su velocidad de reacción son dignas de admiración para los más jóvenes. El ‘killer’ uruguayo ya no es solo ese delantero que remataba todo lo que se le pusiese por delante. Ahora es capaz de comenzar las jugadas, bajando a posiciones más cercanas al medio del campo, sirviendo de desahogo para los mediocentros y otorgando mayor libertad a Iago Aspas en zonas atacantes.

Parte de esta mejora viene concedida por el cambio de sistema que Unzué propuso en los celestes. El 4-3-3 instaurado en Balaídos desde la etapa de Eduardo Berizzo no comenzó dando resultados al Celta, que se mostraba como un equipo demasiado endeble en las pérdidas en zonas medias y algo desconectado en ataque. El técnico navarro varió y propuso otra opción. Maxi estaba marcando una gran cantidad de goles pero Aspas se mostró algo desaparecido durante las primeras jornadas. ¿Por qué no juntar a Aspas y Maxi en punta? Así lo hizo el entrenador celeste. Su propuesta cambió a un 4-4-2, con Pione Sisto en banda izquierda y Wass actuando de interior en fase ofensiva, dejando paso a las carreras de Hugo Mallo desde el lateral. De esta manera, Aspas y Maxi Gómez actúan en un radio más cercano, lo que les permite asociarse con mayor facilidad y generar muchas más dudas en la defensa rival.

Ahora, el charrúa no solo está pendiente de rematar dentro del área, sino de participar más en la fluidez del juego. Y claro está, sin perder un ápice de su instinto goleador. Los 12 goles que lleva anotados durante esta temporada muestran un síntoma común: su poderío y fuerza sobre sus adversarios. Por mucho que lo agarren o incomoden, el uruguayo siempre sale victorioso como si de mosquitos se tratasen sus rivales, y es que tiene una garra descomunal. Además deben sumarse 2 asistencias a sus registros, lo que habla de su buena faceta asociativa. El regate también se ha visto mejorado. Es un regate corto, sin estridencias, pero efectivo. Un regate en parado que le permite ganar segundos para abrir el balón a otras zonas. No la pisa ni hace bicicletas, pero orienta bien el cuerpo, cambia de ritmo en poco espacio y gracias a su poderío obliga al defensor a frenarse o a cometer infracción.

Remata todo lo que se le ponga por delante. Tiene un don para el oportunismo propio de grandes y el gol corre por sus venas. Imposible pararlo en el cuerpo a cuerpo.

De esa docena de goles, 6 han sido de cabeza. Esto explica el por qué el Celta es el equipo con mejor porcentaje de centros por gol generados. Los vigueses son el equipo más efectivo en relación a centros al área (con un ratio de 18.61 centros por gol generado), muy por encima del Betis y sus 27.92 centros. Y en gran parte se debe a los buenos centros que otorgan jugadores como Pione Sisto, Hugo Mallo o Daniel Wass y por el poderío aéreo del jugador nacido en Paysandú (datos vía @FutbolAvanzado).

Pese a que la velocidad no es su punto fuerte, sus desmarques siempre dejan cosas muy interesantes. Cuando el desmarque es directo, es decir, un desmarque realizado para su contacto con el balón, rompe bien la espalda de los defensas llegando con potencia y fuerza desde el borde del área quebrando la última línea defensiva. Pero en los desmarques indirectos, los realizados para atraer a la defensa rival y generar espacios a sus compañeros, es un jugador muy inteligente y útil.

Su convencimiento y convicción le han hecho convertirse en un fijo en el once titular del Celta. Su pasión a la hora de jugar se intuye en cada jugada, en cada pase y en cada remate. Disparos a puerta que hace con el alma de un jugador humilde que quiere comerse el mundo. Algo muy empleado en sus luchas con los defensas. En cada balón dividido no da una pelota por perdida, lo que le hace salir victorioso en los frentes de batalla. Un gladiador del esférico. Un delantero a la uruguaya.

El último partido con el Espanyol es buena muestra de todas sus cualidades. Consiguió anotar un nuevo doblete pero pudieron ser más si no llega a interponerse en su camino Diego López y su espectacular encuentro. Le cuesta entender el juego sin pasión y por ello la demuestra en cada jornada. Una implicación que le hace señalarse el escudo de la camiseta cada vez que marca un gol y que le une aún más con la parroquia viguesa.

Una tremenda evolución que le hace pedir a gritos su convocatoria con la selección nacional de Uruguay para el mundial que se disputará en Rusia. No solo por sus números sino porque Maxi aporta cosas diferentes. Un nueve más fijo que Cavani o Suárez, que ofrece un poderío físico envidiable para muchos y determinante para sus equipos. Es el debutante de la Liga Santander que más goles anotados lleva en la temporada y no está nada lejos de los 16 goles en liga de Luis Suárez. Cavani se distancia un poco más gracias a sus 21 goles en la Ligue 1 y empata a tantos con Stuani, con 12 cada uno. Una temporada muy regular y completa para un recién llegado.

Él lo tiene claro. Va de cabeza hacia el mundial de Rusia. Ofrece ventajas determinantes como su poderío en el juego físico y en la brega.

A todo esto debemos sumarle su instinto goleador. Cuenta con el don del oportunismo necesario en los grandes referentes ofensivos, apareciendo en ocasiones de donde menos se los espera el defensor. Su poder intimidatorio frente a los defensas es grande, lo que genera dudas a la mínima oportunidad que tengan que enfrentarse a él.

Por todo esto, no se hace raro escuchar en Balaídos un cántico muy conocido en las gradas para las que juega Suárez o para las que lo hizo Forlán. Cada quince días, por tierras viguesas se está haciendo costumbre cantar eso de ‘Uruguayo, uruguayo’, muestra del buen papel del delantero. Hinchada y jugador se unen para vibrar en cada uno de sus goles, en una comunión pintada del azul más celeste. Un flechazo propio del mismo Cupido. Maxi llegó, demostró y la afición se lo reconoció. Y seguro que no se acaban los aplausos.

 

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