Iniesta en las tierras de Shakespeare

Andrés Iniesta fue el héroe de aquella noche de 2009 en la que se convirtió en leyenda viva del Fútbol Club Barcelona. Un año después lo haría con la selección española, para tocar la cima del mundo. El manchego es el escribano del Barça. Ha entendido la disminución de sus cualidades físicas con el paso de los años y se ha ido readaptando. Casi una década después del gol de Stamford Bridge, Iniesta ha sido el alma del equipo que ha propiciado que la eliminatoria se decida en el Camp Nou.

Un Paulinho ‘a medias’ no estuvo cómodo en ningún momento

Ernesto Valverde reconoció que ha estado pensando en el Chelsea desde el mismo día del sorteo. El Txingurri tenía claro quiénes serían diez de los once hombres que saltarían al Bridge. Paco Alcácer, Paulinho, André Gomes, Ousmane Dembélé o Aleix Vidal ocuparían la posición restante. El elegido, como en Eibar, fue Paulinho. El brasileño se mostró incómodo desde el primer minuto de partido. En un encuentro en el que Valverde priorizaba el orden y el repliegue posicional, el centrocampista tenía una doble función: ser la punta del rombo en ataque para liberar a Lionel Messi y, a su vez, actuar como medio derecho en el 4-4-2 lineal en defensa. La distancia a recorrer era considerable y la precaución le privó de obtener un buen rendimiento. Fue un Paulinho ‘a medias’, con un ojo siempre puesto en los movimientos de Marcos Alonso y las ayudas a Sergi Roberto cuando Eden Hazard decidía caer a banda. Por su parte, Ivan Rakitic asumía un mayor peso en el balance defensivo y en el ataque sin balón, leyendo e interpretando al mismo tiempo la disposición sobre el verde de Messi, Sergi Roberto y Paulinho. Por ello, en muchas ocasiones, le vimos por detrás de Sergio Busquets.

Pedro permitió a Hazard cada uno de sus movimientos

Antonio Conte ofreció el balón al Barcelona una hora antes del inicio del encuentro, en cuanto oficialmente se conocieron los onces iniciales. Sin ser una novedad, Hazard formaba como falso nueve, con Willian y Pedro como escuderos, pero con una libertad de movimiento de los tres de forma complementaria. El belga se dejaba ver en banda izquierda para recibir y encarar y no tener que girarse. Cada vez que encaraba, la defensa azulgrana sufría. Pedro permitió brillar a Hazard, cada movimiento tenía un sentido y un motivo claro y específico para que el ’10’ recibiera en velocidad y en la mejor posición posible. El Chelsea vivió durante todo el encuentro de las pérdidas del Barça, muchas de ellas culminadas con poderosos tiros desde la frontal. Los de Conte estuvieron muy cómodos en todos los tramos del partido, Courtois apenas fue exigido y el tridente ofensivo generó suficientes ocasiones como para llevarse el partido. Cesc Fàbregas era el lanzador y Willian y Pedro los complementos indirectos de Hazard. En el apartado defensivo, N’Golo Kanté ocupó todos los espacios -omnipresente- y abarcó las ayudas defensivas que necesitaba el equipo en cualquier zona del campo. César Azpilicueta estuvo simplemente perfecto en su duelo particular con Luis Suárez, aunque lo tuvo algo más fácil en una línea de cinco en bloque bajo. El uruguayo no encontró ningún espacio a lo largo del partido. A su vez, Victor Moses, cada vez que Messi recibía el balón en la zona central, bajaba hasta la línea que marcaba el fuera de juego de los centrales para que no le sorprendiera la diagonal del argentino hacia Jordi Alba. Uno de los movimientos -y mecanismos que permiten a Messi partiendo de la base de la jugada acabar en el área- que más usa el Barça fue bloqueado por el Chelsea, que obligaba a Alba a encarar o asociarse con Iniesta.

La hora de Dembélé aún no ha llegado. Aleix Vidal potenció.

El ritmo bajo que buscaba el Barça, con posesiones largas, fue la antítesis del objetivo final del Chelsea: romper en la transición defensa-ataque. Aleix Vidal, una de las opciones para partir como titular, entró con la idea de reforzar y potenciar la doble función de Paulinho. Se restaba potencialmente el gol y presencia en el área -algo que no obtuvo en ningún tramo del partido- pero el Barça ganaba velocidad y profundidad. Dembélé en plenitud habría sido la mejor opción, pero aún le falta tiempo y confianza como para exponerle en el contexto en el que se encontraba el equipo.

Paradójicamente, el Barça consiguió empatar a partir de un robo de Iniesta que, teniendo a Suárez acechando el área pequeña, asistió a un Messi que definió desde la frontal. Leo y Andrés se intercambiaron los papeles del guion de aquel partido de 2009, esta vez fue Messi quien definió e Iniesta quien asistió. En la misma portería. Con el argentino a un lado, Iniesta es el autor más representativo de la obra de Valverde en Can Barça. Un vivir constantemente del engaño, del control orientado, del pase de fuera hacia dentro y de un sentido absoluto a cada metro que recorre. El mejor artesano de los catalanes volvió a ser importante en Stamford Bridge. Lo de Andrés es poema que parece no tener fin. Iniesta se vistió de William Shakespeare.

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