La idiosincrasia verdiblanca

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Que Quique Setién tiene un estilo de juego muy particular y definido es algo que el cántabro ha ido dejando claro a lo largo de su carrera. De esto también eran conscientes en la dirección deportiva del Real Betis a la hora de apostar por él, en palabras del propio Serra Ferrer tras el último encuentro en el Villamarín frente al Real Madrid. Una apuesta por un técnico con una filosofía tan marcada requiere de los hombres adecuados, unos perfiles muy concretos, aquellos que mejor encajen con el fútbol que se quería proponer en la parte verdiblanca de Sevilla. Y el Betis hizo la inversión. En verano y en invierno llegaron nombres muy ilusionantes para la parroquia bética y también para aquel espectador neutral que lo veía desde fuera. El Betis prometía, y su plantilla daba la sensación de poder ir de la mano de Setién a una nueva dimensión, una diferente a la que ocupaban estas últimas temporadas. Los Boudebouz, Sergio León, Javi García, Tello o Andrés Guardado -entre otros- dotaban al conjunto bético de un plus intangible que se traducía en la sensación de poder formar un once de mucha calidad con potencial de asaltar los puestos europeos de la clasificación.

Pero el fútbol da muchas vueltas. Hoy son los chicos del filial los que están dando mayor soltura al juego verdiblanco. Todos ellos con una irrupción descomunal a pesar de ser debutantes en la máxima categoría del fútbol español. Loren entró por la puerta grande con un doblete. Lo mismo que Junior a base de asistencias y desborde por el carril izquierdo. Y qué decir ya de Fabián Ruiz, el más asentado de todos y el eje del centro del campo por el que pasan todos los balones y todo el juego del Betis. Nadie apostaba por ello allá por septiembre, pero han sido estas nuevas luces las que están iluminando el camino de Setién hacia Europa.

Tras una importante inversión y con grandes nombres vistiendo la elástica verdiblanca hoy son los chicos del B los que más destacan sobre el césped.

Aunque no todo es de color de rosa. El Betis ha sumado muchos resultados característicos del fútbol que propone, con una gran cantidad de goles pero para ambos bandos. Si bien a priori un partido en el Benito Villamarín ante un equipo atrevido nos hace asegurar goles y diversión, sobre todo si no eres de uno de esos dos conjuntos, para el aficionado verdiblanco que sufra de problemas de corazón quizás no sea lo más recomendable. Hasta en 13 ocasiones un partido del Betis ha tenido 4 o más goles. Algo quizás no muy llamativo por la cantidad pero sí por la frecuencia. Aunque resultados mucho más potentes no le faltan: el 4-4 en Anoeta frente a la Real, seguido del frenético 3-6 frente al Valencia de Marcelino, el 5-0 que encajó a manos del Eibar, el inolvidable derbi en el Pizjuán donde vencieron por 3-5, mismo resultado que obtuvo recientemente en el Villamarín frente al Madrid o con el que el Cádiz le apeó en su feudo de seguir con vida en la Copa del Rey. 5 partidos con 8 goles o más en una misma temporada. Una auténtica locura.

Sus números en ataque son incontestables, pero se ven contrarrestados con la cantidad de goles que encajan.

Y de todos ellos solo resultó victorioso en el derbi frente al Sevilla. Seguro que para cualquier bético es motivo de orgullo, incluso puede que compense todas las demás goleadas que recibieron en su contra, pero esto denota algo importante en el Betis; la incapacidad para controlar los partidos. Sus 41 goles a favor le convierten en el sexto mejor equipo de La Liga en cuanto a anotaciones se refiere, empatado con el Atlético de Madrid, aunque con la gran diferencia en que estos últimos han encajado 39 goles menos. Por algo son segundos en la tabla. Pero la gran diferencia con el resto de equipos de La Liga es que sus 50 goles en contra le hacen ser el equipo más goleado solo por detrás de Las Palmas y Deportivo. Algo sintomático. Está claro que el Betis no tiene problemas a la hora de generar fútbol ofensivo, ni tampoco en concretar dichas acciones, pero achacar todo a la defensa seguramente sería precipitado. El nivel defensivo de los centrales por ejemplo, ha estado a la altura de un equipo de su exigencia. Primero Feddal antes de su grave lesión de rodilla, y ahora Bartra y en menor medida Mandi, rinden a un buen nivel a pesar de las cifras que cargan a sus espaldas. El problema del Betis está en saber manejar los momentos de partido. No trata de utilizar y canalizar la posesión para defenderse con ella con el marcador a favor, ni tampoco apuesta nunca por atrasar la primera línea de presión y utilizar el recurso de replegarse para atraer al rival y poder hacerle daño a la contra, cuando armas tiene para ello.

El Betis de Setién peca en exceso de querer dominar siempre el juego a partir de su idea y filosofía, algo que les acerca al éxito por la capacidad de hacer daño, pero que se vuelve en su contra cuando ésta es la única vía. Setién no es un suicida, pero al Betis le están faltando argumentos y recursos para concretar más las opciones de victoria a las que su propio juego les acerca. Si el Betis fuera capaz de contemporizar bien sus partidos, seguramente el objetivo hoy sería mucho más plausible. Tener una idea de juego es clave en cualquier equipo, pero ¿compensa que por ceñirse a un plan pueda resultar perjudicial en tantas ocasiones?

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