El líder de los comunes

Lucas Vázquez es ese jugador que todo equipo desea tener en sus filas. Más especialmente un equipo grande, uno como el Real Madrid o el Barcelona. Aquellos que se dedican más a atacar que a defender a lo largo de un encuentro. Lucas es un jugador que en esas tareas ofensivas cumple sobradamente. Su técnica, desborde y un buen pie diestro para colgar balones le hacen ser un jugador muy fino y productivo en la banda derecha, jugando a pierna natural, puesto que está mucho más determinado a la asistencia que al gol. Un extremo puro de toda la vida. Y a pesar de no ser el más rápido o el mejor regateador, es un auténtico puñal por ese costado

En clave Real Madrid -o cualquier equipo grande como decíamos antes- tener un jugador que realice un doble trabajo, en ataque y en defensa, es un balón de oxígeno de un valor incalculable. Los equipos más fuertes del continente atesoran a sus mejores estrellas en las líneas de ataque, algo que les hace ser temidos por las defensas rivales y superiores a aquellos clubes que no pueden aspirar a contratar semejantes referencias mundiales en su posición. Sin embargo, este tipo de jugador suele caer en el individualismo, no tanto como egoísmo con el balón, sino como sacrificio en pos del grupo. Obviamente frente a un micrófono o al celebrar un gol y agradecer una asistencia nunca te parecerán estar a un lado del grupo, pero cuando su equipo tiene que defender estos jugadores son los últimos en gastar parte de su energía por ayudar en la cobertura a ese lateral o mediocentro que antes o después le está sirviendo en bandeja una ocasión de gol.

El trabajo en defensa en labores de cobertura y presión de Lucas actuando como extremo es algo que escasea en los clubes con mayor número de estrellas en ataque.

Lucas Vázquez no es esa clase de jugador. No es una cuestión de humildad, tampoco de actitud, puesto que todos tienen la ambición de ganar y van predispuestos a ello, sino que es una cuestión de entender el sacrificio como parte del juego, la mentalidad del esfuerzo y la recompensa, ésta sí, global, que todo el conjunto recibe. La noche en la que el Real Madrid asaltó el Parque de los Príncipes fue una nueva muestra de ello. Ante un conjunto parisino que apostaba a dos de sus estrellas en sus flancos, como son Mbappé y Di María, Lucas volvió a demostrar que es un jugador de esos que, por entrega y lucha, tanto gusta a los aficionados y, por supuesto, a su entrenador. Asistió a Cristiano en el 0-1 con un gran desmarque al espacio que generó Benzema al arrastrar la marca de Motta tras un magnífico pase y recuperación de Asensio y también fue capital en el segundo gol merengue, recuperando el balón en el centro del campo y llegando al área en una larga carrera para dar un balón a Bale que el galés no pudo conectar a gol por la aparición de Rabiot, pero cuyo errático despeje acabó en el gol de Casemiro. Un desgaste y un compromiso que ayudan al Madrid a estar mejor organizado en defensa por las constantes coberturas que ofreció a Carvajal y también a ser más productivo en ataque como los goles de Cristiano o Casemiro demuestran, donde el gallego tuvo un papel protagonista.

Sus 16 asistencias en partidos oficiales esta temporada le convierten en el máximo asistente del Real Madrid.

Quizás no sea el más alto, el más veloz o el mejor anotador que tenga el Real Madrid, pero sí es su máximo asistente, que no es poco. En los 2410 minutos que ha disputado hasta la fecha entre Liga, Copa del Rey y Champions League, suma un total de 14 asistencias, -a las que se le sumarían las dos que consiguió entre Mundial de Clubes y Supercopa de España- cifra que le convierte en el mejor pasador a gol del club blanco con diferencia, a pesar de su, a priori, rol inicial de suplente. Números que le permiten ser un claro candidato para ser de la partida o, al menos, hacer dudar a Zidane cuando tenga a todos sus hombres disponibles. No copará portadas, no protagonizará un fichaje de más de 100 millones de euros. Es un jugador común, capaz de cosas extraordinarias.

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