Rodrigo recupera la sonrisa

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Largo y tendido se ha hablado y escrito sobre el clásico esquema de Marcelino García Toral. Un 4-4-2 establecido a lo largo de su carrera y que tan buen rendimiento le dio estos últimos años a unos pocos kilómetros de la capital del Turia. Un sistema y un estilo de juego tan trabajado y analizado era fácil que cuajase rápidamente en su nuevo equipo al poco de su aterrizaje en Paterna. Y así fue. Muchos de los jugadores de un Valencia desanimado y desesperanzado encontraron su mejor versión bajo la tutela del entrenador asturiano, incluso aquellos que llegaban nuevos a la disciplina ché y que no pasaban por el mejor momento de su carrera, hoy son indiscutibles en un equipo que aspira seriamente a clasificarse a la próxima edición de la Champions League.

Son muchos los nombres que se han destacado por su rendimiento durante esta temporada en el club de Mestalla, pero sin duda uno de ellos, y probablemente por encima del resto, sea Rodrigo Moreno. El delantero hispanobrasileño va encaminado a mejorar su mejor campaña como profesional en el Benfica, habiendo firmado ya, con varias jornadas aún por disputarse, su mejor temporada como profesional en el fútbol español fijándonos estrictamente en sus cifras. Los números seguramente sea lo más tangible que se puede asociar a su rendimiento, pero lo cierto es que su fútbol está yendo mucho más allá de goles y asistencias en el engranaje valencianista.

En goles y asistencias está cerca de igualar la mejor temporada de su carrera.

Su asociación al inicio de la temporada con Simone Zaza formaba una de las duplas más productivas del campeonato. Con el italiano más enfocado en fijar a los centrales, aunque también con cierta capacidad para moverse por la zona central y generar espacios, Rodrigo tenía la libertad total para poder retrasar unos metros su posición y ser el primer enlace en la zona de tres cuartos para el organizador más capacitado del equipo, Dani Parejo. Ese pase vertical Parejo-Rodrigo era la primera línea de unión entre el centro del campo y la delantera que permitía al equipo avanzar metros con rapidez, romper una línea en el equipo rival y asentarse en campo contrario a través de la fluida asociación con otra pieza clave en la ofensiva ché; Gonçalo Guedes. Con el extremo portugués ya en una posición adelantada y en ventaja para el uno contra uno, buena parte del trabajo para la generación ofensiva ya estaba hecho. A partir de ahí, Rodrigo tenía dos opciones según el desarrollo de la jugada; ser el apoyo en una posición más interior acompañando a Guedes o bien atacar los espacios que Zaza creaba con su presencia, como mencionábamos anteriormente. Esa conexión Guedes-Rodrigo generó muchos goles en el primer tramo de la temporada.

La conexión y gran movilidad entre Guedes y Rodrigo generaba muchos desequilibrios en las defensas rivales con ambos en su mejor versión.

Poco a poco la cosa fue cambiando, con la ausencia del portugués por lesión y el bajón de rendimiento de un Zaza que había empezado impecable, Rodrigo cada vez lo tenía más difícil para ser determinante en la delantera ché. Fue entonces cuando emergió la figura en ataque de otro de los nombres propios de la temporada en Mestalla, Santi Mina. El gallego aprovechó al máximo todos los minutos sobre el césped hasta su reciente lesión, mostrando sus aptitudes para el remate y la definición, algo que liberó en cierta manera a Rodrigo, pero éste a su vez vio menguado su radio de acción por la mayor movilidad de Mina con respecto a Zaza. A pesar de ello Rodrigo no vio afectado en demasía su rendimiento, asentándose en campo contrario junto al gallego en mayor medida que con Vietto, que a pesar de su impacto inminente a su llegada en el mercado de enero, es al que más le está costando acoplarse al sistema de Marcelino.

Ya con la vuelta de Guedes y la presencia en el once de nuevo de Simone Zaza, Rodrigo vuelve a tener el contexto ideal que le rodeaba al inicio de temporada. Una situación que le favorece por la complementariedad con sus dos compañeros en especial, y que le ha permitido firmar en el Sánchez Pizjuán una de las mejores actuaciones de la temporada, con un partido muy completo y su primer doblete en esta ilusionante campaña para el Valencia. Un doblete que refleja fielmente lo que es capaz de hacer Rodrigo cuando cuenta con espacio por delante con Zaza fijando a los centrales y con pasadores como Kondogbia ejerciendo de asistente de lujo. Un partido en el que el punta hispanobrasileño volvió loca a la defensa hispalense e hizo trabajar sobre manera a un exigido Sergio Rico. Rodrigo se ha convertido con esta actuación en el máximo goleador ché esta temporada, algo que da prueba de su regularidad y del rendimiento de uno de los jugadores clave del actual cuarto mejor equipo de La Liga. Un Rodrigo que ha recuperado la sonrisa bajo el mando de Marcelino.

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