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CR7: Delantero ante todo

El despegue definitivo de la carrera de Cristiano Ronaldo tuvo lugar justo cuando pasó a realizar funciones de delantero. En sus inicios en la élite en Lisboa y en Manchester, conocimos a un jugador potente, rápido y flexible que desbordaba y generaba ventajas jugando de extremo, ensanchando el campo, pegado a la cal. En teoría, sus movimientos debían ir enfocados a entregar el balón de la forma más ventajosa posible a sus compañeros que ocupaban el área para que fueran éstos los que anotaran el gol. Sin embargo, sus características superiores y su ambición por ser él el final de todo, llevaron a Sir Alex Ferguson a plantearse el rol del portugués en el campo y, por qué no, en la historia del fútbol europeo. El manager escocés preparó al Manchester United para darle a CR7 todo el espacio y tiempo que necesitara para marcar la diferencia dentro del área. Pasó a ser, sin duda, delantero de profesión.

Ferguson vio a Cristiano Ronaldo como un arma goleadora a explotar.

Sin embargo, la profesión de delantero, sobre todo en el fútbol moderno, es muy variable. Se puede ser un ariete que gestione el área para habilitarse y rematar lo que sus compañeros puedan ofrecerle (Radamel Falcao). También se puede ser un falso nueve, que participe en la elaboración del juego y que deje vacía con frecuencia la posición entre centrales (Lionel Messi). Otros, gustan más llegar al área que pisarla con continuidad (Thomas Müller). Así, y llamándolos a todos delanteros, podríamos seguir enumerando a jugadores de distinto nivel y condición pero con una sola cosa en común: ser el encargado de marcar. Antoine Griezmann, Arjen Robben, Rodrigo Moreno, Mauro Icardi, Harry Kane. Los delanteros cada vez hacen más cosas para endulzar y matizar su olfato de gol. Cristiano Ronaldo, en sí mismo, constituye otro modelo más.

El ‘7’ se ha caracterizado siempre por amenazar en ubicuidad. Aparecer por los tres carriles con una exuberancia física que le permitía arrancar un contrataque en banda derecha, participar en su elaboración y terminar haciendo el remate final entrando al área pequeña desde la izquierda. Todo aunando velocidad y potencia con precisión técnica y una lectura de los espacios que no hemos visto igual en el panorama internacional. Por otra parte, esta capacidad de atacar aprovechando toda la extensión del campo posible la acompañaba de una paleta amplísima de recursos para el remate: disparo desde lejos, cabezazo, definición desde dentro del área, lanzamiento a balón parado. Con la pierna izquierda o con la derecha. En estático y en carrera. En definitiva, un sistema ofensivo en sí mismo.

Con CR7 los defensas encontraron un delantero difícil de comprender.

Este Cristiano alcanzó su pico de plenitud física probablemente en los años 2012 y 2013. Desde entonces, su juego ha ido cambiando y tanto el Madrid como él se han tenido que ir adaptando a la nueva situación. Esto no ha hecho mermar ni sus cifras goleadoras ni, sobre todo, el rendimiento del equipo, que ha entrado en una de sus etapas más gloriosas a nivel de títulos. Ronaldo, a la vez que ha ido perdiendo exuberancia física en cuanto al dominio del espacio más amplio, ha mejorado notablemente su compresión de su cuerpo y del juego. En sus momentos de mejor estado físico, continúa siendo un jugador muy dinámico, aunque ya sin potencia neta como para llevarse al rival contrario por delante. A cambio, planea por la frontal del área rival para entrar y salir de ella pero con un ratio de acción mucho menor al de antes, tanto en vertical como en horizontal. Ahora influye en menos metros, pero en ellos es capaz de marcar la diferencia a partir de su desarrollado entendimiento del juego ofensivo.

Pocos jugadores conocen mejor el oficio de atacar que Cristiano.

A la hora de marcar el gol, su declive físico, claro, también ha influido. Ha perdido autosuficiencia, poder a campo abierto, por lo que necesita más a sus compañeros. Requiere de un funcionamiento del sistema algo mejor para ejecutar, pues ya no marca la diferencia tan lejos del área. Y es dentro de ella donde nos encontramos ahora al Cristiano más cruel. Cada vez necesita menos toques para marcar. Entiende y conoce el área como la palma de su mano y ahí nadie se mueve como él. Nunca ha sido un ariete y probablemente nunca lo sea. Sigue estando más cómodo con otro delantero cerca que le distraiga defensores y le entregue balones de cara. Por eso se lleva tan bien con Benzema. Porque, aunque llegando desde más cerca, sigue midiendo el espacio entre él y la pelota como nadie en el mundo y, al final, siempre se acaban encontrando. Ronaldo sabe buscar el balón y después estará celebrando. Que se lo digan a Neuer, Oblak o Buffon.

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