Ser o no ser

La UEFA Champions League, Copa de Europa para los románticos, es la competición de los desdichados, de los ilusos, de los que aspiran. No conoce de leyes ni de justicia, sino que se rige por un sistema simple e ilógico; ser o no ser. En esta frase shakespeariana se esconde el secreto de dicha competición. El Sevilla llevaba años buscando ser, aún habiendo dominado la Europa League, la UEFA para los románticos, incluso tiranizando esta copa, los andaluces querían ser. Y para ser, hay que vencer. Derrumbaron Old Trafford en una noche que no parecía de Champions, hasta que Ben Yedder decidió cambiar el orden natural de las cosas y convertir a Mourinho en un personaje derrotado. El Sevilla ya lo tenía.

Pero, para que fuesen, Montella esgrimió un plan para contrarrestar los envites furiosos de los ingleses, capitaneados por Lukaku en la punta de ataque, acompañado por Fellaini -que ejercía de segundo punta-, Alexis, Rashford y el escurridizo Lingard. Ante un plan tan vertical como rudimentario, el técnico italiano optó por retrasar la posición de N’Zonzi, que caía a un costado en la base de la jugada para limpiar el centro de la medular y dejar espacio para que Banega hiciera cosas de genio. Las que lleva haciendo un año en Nervión, pero que solo relucen cuando el rival que le mide es tan alto como su nivel. Injusticias diarias. Con esta premisa, el conjunto local dudaba a la hora de saltar a la presión, entre saltar a N’Zonzi o guardar la compostura, y gracias a esto, el Sevilla dibujaba caminos hacia la portería de De Gea. Pero en las áreas, y en la Champions League, vuelve  a ser una cuestión de fe. De Ser o no en el momento justo. Y el Sevilla transmitía una sensación de candidez. Pasaban de hombre a niño al llegar al área.

El conjunto de Montella transmitía una agria sensación de peligro. Llegaban pero no golpeaban.

El partido estaba en zona de nadie, pero el Manchester se sabía superior por una cuestión meramente intimidatoria. El terror que infundaba Romelu Lukaku y las apariciones de segunda línea de Rashford o Alexis eran un sustento mayor ante la pobreza futbolística de su plan. Pero Lenglet, héroe de los que actúan en silencio, decidió no ceder y esperar a que llegase Wissam. Nadie aguardaba ese final. Con el encuentro roto y el United más presionante, Vincenzo Montella contestó a la entrada de Paul Pogba con la de Ben Yedder. Apenas dos minutos después, el delantero batía a un David De Gea que había hecho todo lo posible por hacernos creer que no es de este mundo bajo palos. Un disparo raso, ajustado y fuerte sirvieron para humanizar al guardameta. Y el United ya no pudo ser.

El plan de Mourinho, desdibujado, simplista y en busca del error contrario se topó con un Sevilla serio, que nunca le perdió la cara a la eliminatoria y que, desde sus limitaciones, siempre quiso más. Fue la noche de Ben Yedder. Pero Éver Banega y Clement Lenglet permitieron que el Sevilla, hasta la llegada de su héroe, soñara con ser. Wissam lo ratificó.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *