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Regresó Costa, volvió Griezmann

La temporada del Atlético se está desarrollando en dos partes claramente diferenciadas. En la primera, que ocupa desde el inicio del curso hasta la llegada del nuevo año, se vio al Atlético menos vital. En los últimos meses, la sanción de la FIFA llegó haciendo mucho daño al conjunto colchonero y el que más lo sufrió fue Simeone. Con Diego Costa en la grada, el Cholo echaba de menos alternativas que le diesen forma al equipo, que desprendiesen el carácter rojiblanco y, sobre todo, que le diesen continuidad. El Atlético de este primer tramo evolucionó a partir de Oblak y la irregularidad. El portero acabó la primera vuelta por delante de la increíble temporada de Ter Stegen con solo ocho goles, uno menos que el alemán. El guardameta esloveno tapó las carencias de este Atlético deficiente y fue el principal culpable de que el equipo llegara al último partido del año sin perder. Esa seguridad bajo palos le dio crédito al conjunto colchonero sin haber mostrado un gran brillo en su juego, y le permitió mantenerse en posiciones privilegiadas durante tanto tiempo a pesar de su intermitencia. Simeone tenía algunos jugadores imprescindibles en su once pero menos de lo habitual. La falta de recursos obligó a actuar con los que había disponibles, y éstos no correspondieron al rol pertinente. El equipo deambulaba por el campo, no se encontraba y le costaba un mundo generar lo que antes era rutina. Pero todo partió, como no, con la llegada del invierno.

Oblak fue el encargado de mantener el nivel de un Atleti desahuciado en juego y en lo anímico. Hasta que llegó Diego.

La entrada de Diego Costa estimuló al equipo tanto a nivel de juego como a nivel moral. El de Lagarto despertó a las partes que estaban dormidas en el primer tramo, sobre todo Griezmann, y el Atlético renació. Mientras el hispano-brasileño asumía las responsabilidades que sus homólogos no habían conseguido, el francés se deslizaba por el rectángulo como no había hecho en todo el curso. Sin él no se entiende la mayor incidencia del francés en su juego. Desde principios de enero, la pieza angular del ataque rojiblanco durante los últimos años se beneficia de la labor oscura de su nuevo compañero para explotar su interminable abanico de virtudes. Los movimientos de Costa, tanto horizontales como verticales, y su habilidoso juego de espaldas han dotado a Griezmann del espacio que requería para maniobrar desde la mediapunta sus dos prioridades: el balón y el gol.

Además de Simeone, Griezmann ha sido el gran beneficiado de la llegada de Costa. El rendimiento reciente del francés es espectacular.

Pero si algo ha cambiado desde Diego Costa es, precisamente, ese último factor, el gol. Más allá de su tarea sin balón, su principal implicación ha sido hacerlo enviar al fondo de la red. El Atlético consiguió perforar la portería rival en nueve encuentros de los diez que disputaron durante el mes de enero con el de Lagarto sobre el campo. Una inyección moral que catapultó al equipo debido a la falta de gol como una de sus principales carencias. De hecho, el Atlético es el tercer equipo más goleador, por detrás de Barça y Madrid, desde la llegada del hispano-brasileño. Ese plus psicológico reivindicó las posibilidades del Atlético y, lógicamente, las de Griezmann. El francés respira otro aire, se relaciona más con los jugadores que debe relacionarse y tiene más impacto en su zona favorita, la de tres cuartos. Su idilio con el gol tampoco pasa desapercibido después de marcar once goles en los últimos once partidos, ocho de los cuales en los últimos cuatro. Griezmann genera y finaliza. Es el alma del juego del equipo cuando tiene el balón. El retorno de Diego Costa ha magnificado sus virtudes y ha reconducido su calidad brutal y diferencial. Versátil, imprevisible, creativo y goleador. Sin Costa, nada de esto hubiera sido posible, pero, sin el francés, este ‘Atleti’ tampoco.

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