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Efectividad hiperbólica

El Girona volvió a recibir seis goles, al igual que ocurriera en el Camp Nou, esta vez en el estadio del otro gigante del fútbol español. La efectividad del equipo blanco frenó la propuesta atrevida de la entidad gerundense, que había llegado a la reanudación con opciones de sacar provecho de su visita al majestuoso Santiago Bernabéu. La gran movilidad ofensiva del 4-4-2, con Lucas Vázquez, Asensio y Cristiano liberados y un Benzema más intermitente en salir de su posición, con la función principal de fijar centrales y atraer marcas, desarticuló eficazmente el entramado defensivo del Girona. Vocacionalmente posicional, la retaguardia catalana cayó en la trampa del ataque inestable del Madrid, que agrupó muchos jugadores por dentro, generando superioridades desde la acumulación y espacios desde la descarga. La efectividad merengue en la segunda mitad -cinco goles en seis remates a portería- desequilibró un encuentro que solo estaba igualado en el marcador. Aun así, el Girona salió con la cabeza bien alta de Chamartín después de disputarle durante más de cuarenta y cinco minutos al conjunto blanco y conseguir anotarle tres tantos de cabeza, algo que no les sucedía desde la temporada 2003/04.

La primera parte fue mayoritariamente blanca. El Madrid controló desde la posesión, saliendo desde atrás con Kroos, jugando como mediocentro, y desde la vertiginosa movilidad ofensiva frente a un Girona valiente que organizaba su presión en campo rival. Además de la altura temeraria de la defensa rival, los pupilos de Zidane conseguían encontrar espacios a partir de los desmarques de ruptura de Cristiano, que aprovechaba el agujero entre el carrilero y el central de su lado para estirar a éstos, dando entrada tanto a Carvajal como a Marcelo, que dotaban de gran amplitud al equipo, aunque no fueran tan participativos en la incursión ofensiva como en otras ocasiones. Por dentro Benzema fijaba a los centrales y los dos hombres de banda, Lucas Vázquez y Asensio, se alternaban al ocupaban el carril exterior para que los laterales se incorporasen por dentro de forma puntual e interiorizaban su posición para aprovechar los espacios que tanto Karim como Cristiano generaban de forma más regular.

Los continuos movimientos de los hombres de ataque merengues, consiguieron desestructurar el planteamiento defensivo del Girona, que en la segunda mitad hizo aguas.

Así, con Asensio desde el movimiento vertical, ayudando también en tareas de creación, y Lucas Vázquez desde el horizontal, apareciendo repentinamente a la espalda del doble pivote, el Madrid empequeñeció a un Girona que mantuvo la compostura. El problema de los de Machín, más allá del posicional a nivel defensivo, era con balón. El equipo estaba impreciso y le costaba un mundo darle continuidad a las jugadas. Parte de esa irregularidad se debe también al sistema del Madrid, que atacaba ordenado y era más eficaz en la presión tras pérdida. En ataque, el Girona solo se pudo alimentar de la iniciativa individual de Mojica, la incombustibilidad de Portu y el olfato de Stuani. Y con eso bastó. La razón por la que se llegara al descanso con tablas en el marcador después del dominio notorio del Madrid fue la efectividad. El Madrid solo consiguió batir a Bono una vez en los ocho remates que fueron entre los tres palos mientras el Girona solo necesitó dos para empatar el encuentro. Una suerte -si se puede decir así- que los gerundenses echarían de menos en la segunda mitad.

En los primeros veinte minutos de la segunda mitad, Cristiano y el Madrid dieron una lección de efectividad que borró al Girona del encuentro. En los tres goles que marcó el conjunto madrileño, los tres miembros de la zaga catalana tuvieron una contribución especial: Ronaldo superó la espalda de un inocente Bernardo en el primero, Ramalho se vio superado por Benzema, que dejó una actuación completísima, en la jugada originaria del segundo y Juanpe se descolocó, dejando al rival en superioridad numérica en su área en el tercer gol merengue. La efectividad hiperbólica de los locales y los errores determinantes de posicionamiento del tridente defensivo de los visitantes sentenciaron un encuentro que, después de la reanudación, gobernaban con solemnidad los blancos desde el balón mientras los albirrojos intimidaban desde la intermitencia. Los goles de cabeza de Stuani y Juanpe sirvieron para dar mayor crédito a la propuesta atrevida de Machín, que aún tuvo que ver cómo el Madrid desmontaba su defensa por partida doble sin despeinarse.

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