El largo plazo da resultado

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La Selección logró ganar por partida doble la Eurocopa en 2008 y 2012 y el Mundial de 2010. Un hecho nada fortuito si se analiza con cierta perspectiva. La ‘Roja’ consiguió unir a jugadores bajo un mismo denominador común, un ADN, un patrón, un estilo de juego. El modelo del éxito se implantó en muchas de las canteras de los equipos del país y el resultado y la apuesta a medio-largo plazo es extraordinaria. Trabajar la base de forma dilatada es la fórmula principal de asegurar buenos frutos en el futuro. Con la vigencia en la absoluta de los Andrés Iniesta, David Silva o Sergio Busquets, llegan desde atrás mimbres que permiten, por un lado, observar la consecuencia de dicho trabajo desde abajo, y por otro, asegurarse la continuidad del estilo de juego. La fuente de recursos no se ha agotado.

La selección española sub21 tiene las condiciones y las capacidades necesarias para desarrollar dicho patrón asociativo. Visto que éste se puede implementar en diferentes esquemas, Albert Celades formó en la visita a Irlanda del Norte una formación con tres centrales. Jorge Meré, en el centro de la zaga, ejerce un rol en el que es capaz de desenvolverse por su jerarquía. En las alas, Unai Núñez y Aarón Martín, lateral reconvertido al flanco izquierdo por su perfil, aunque minimizado en el impacto ofensivo. Los tres centrales aseguran al equipo una mayor consistencia defensiva y, a la misma vez, tener al equipo preparado para replegarse posicionalmente en las transiciones ataque-defensa.

Carlos Soler y Mikel Oyarzabal duplican sus roles.

Mikel Oyarzabal y Carlos Soler actúan como jugadores de banda, a pierna natural. A diferencia de la implementación del mismo sistema en otros conjuntos, Celades busca en este escenario obtener dos elementos que sumen desde el estático en asociaciones en corto, sin dejar de ser opciones reales en cuanto a aportación en profundidad y desmarques verticales. Pese a que son perfiles de carácter asociativo -el ADN comentado anteriormente- también aprovechan los balones en largo de los lanzadores. Sin balón, Soler y Oyarzabal se anclan en banda para que la defensa no pueda estar plenamente compacta en el balance, por contra, con balón se juntan con el resto de centrocampistas. Por el centro, Mikel Merino y Fabián Ruiz actúan como doble pivote. El del Real Betis demuestra, también con la ‘Rojita’, cuánto de interiorizados tiene los mecanismos incorporados por parte de Quique Setién. Es el primer apoyo en salida de balón, en la base de la jugada, pero también participa por en el centro del campo y suma cualitativamente en las diagonales hacia Oyarzabal.

Celades permite a Ceballos mostrarse en plenitud

Si bien son Soler y Oyarzabal percuten en las bandas, Pablo Fornals coordina el carril central junto al alma máter de la selección, Dani Ceballos. Mientras que el centrocampista del Villarreal asume un rol de nexo y ayuda con la base de la jugada, Ceballos tiene total libertad de movimiento. El jugador del Real Madrid es una opción de apoyo en la creación de la jugada, pero su rol no se limita a eso. Con un énfasis especial en la zona de finalización, Celades permite al andaluz mostrarse en plenitud, siendo el dueño de la mediapunta. Es el encargado de medir los tiempos para realizar el último pase, interpretar el movimiento de las alas y ser su lanzador. Sin balón, son Soler y Oyarzabal quienes tienen un papel en el primer movimiento de subir la línea de presión, así como de mantener el bloque alto. Los rivales pierden la alternativa de la salida lateral y España mantiene tres centrales atrás para posibles duelos aéreos.

El cúmulo de centrocampistas permite a la ‘Rojita’ dominar la posesión de balón y generar y desestabilizar a partir de la misma. Borja Mayoral tiene una trascendencia indirecta en el juego, teniendo que fijar los centrales para permitir a sus compañeros poder influir y crear superioridades en la zona de tres cuartos. Además, el delantero del Real Madrid tiene gol y sabe anticipar los movimientos de los creadores para aparecer y finalizar. Albert Celades ha implementado un sistema que permite juntar a muchos centrocampistas, sacrificando una punta de profundidad y desequilibrio, pero ganando en la ocupación de espacios sin balón. El futuro de la absoluta va por buen camino.

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