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Isco Alarcón al espacio

Cuando Isco tiene espacios, los rivales siempre temen. No es su punta de velocidad o su uno contra uno en carrera lo que les preocupa, sino una serie de virtudes diferentes que permiten al malagueño encontrar siempre las mejores opciones para dar el último pase o rematar a puerta. Es difícil definir a Isco Alarcón con unas pocas etiquetas o como un rol concreto. Ya cuando vestía la elástica del Málaga en Primera División y nos dejaba a todos maravillados, era un jugador con el perfil perfecto para ser un mediapunta o, en su defecto, un interior, de escándalo. Su visión de juego, su exquisito toque y su capacidad para aguantar la pelota ante cualquier adversario que le encime le hacían un jugador ideal para plantear un juego de posesión partiendo desde la base de la jugada en el centro del campo.

Isco es mucho más que toque, regate y control. También es un jugador importante de cara a gol.

Fue esa facilidad para el gol, ese remate que hizo suyo trazando una parábola perfecta desde la esquina del área a la esquina contraria de la portería, la que le hizo llamar la atención de todos los grandes europeos partiendo desde la banda izquierda de La Rosaleda. Allí fijaba la atención del lateral diestro contrario, sin embargo su intención siempre era la de romper hacia dentro y generar dos espacios principales: la incorporación de su lateral zurdo o bien la salida del central de su perfil para darle un hueco al punta, ejerciendo la opción más clara de último o penúltimo pase hacia el gol, todo ello junto a la amenaza de que fuera el propio malagueño el que se encargase de definir. Pero si antes citábamos su capacidad para aguantar la posesión en sus pies esto se debe por una brillantez que roza la humillación en el regate en estático. Isco es, a las distancias cortas, escurridizo como pocos. Quizás muy asemejado al estilo que practica España en los últimos años representados en una figura de corte muy similar: Andrés Iniesta.

El malagueño tiene más facilidad para el gol que el manchego, aunque su capacidad para organizar el juego desde el centro del campo sea menor. Isco es más peligroso desde posiciones más adelantadas, en la zona de tres cuartos, tanto por su capacidad para conducir una contra con velocidad pero con un control a su vez total, como por las opciones que da a su equipo en el juego posicional, encontrando al hombre mejor posicionado o generando él mismo los espacios necesarios en un juego de regate-conducción.

Argentina le planteó el contexto de partido ideal para que el malagueño brillase.

Frente a la Selección Argentina Isco hizo su primer hat-trick con la elástica de España, pero sus tantos se basaron sobre todo en la pegada. Sí pudimos ver al Isco al que todos estamos acostumbrados de regates maravillosos en estático, pases precisos y conducciones magistrales, pero sus goles nos mostraron un registro más; la capacidad de llegar desde atrás. Tan solo en uno de ellos -el tercero- necesitó dar más de un toque, aunque lo logró con tan solo dos. En un partido donde Argentina probablemente erró con el planteamiento en términos de presión frente a la Selección Española, que en eso mismo dio una auténtica lección, permitió al conjunto hispano adelantar mucho sus líneas y dificultar la salida albiceleste, propiciando además recuperaciones de gran importancia en campo contrario y muchas situaciones ideales para el contraataque a campo abierto.

En este contexto de partido Isco -entre otros- brilló con luz propia. Cada gol tuvo una ejecución diferente. En el primero se adelanta a la defensa entrando por la izquierda para definir un pase perfecto de Asensio. El segundo llega tras una contra por banda derecha que el de Arroyo de la Miel de nuevo se encarga de finalizar en el fondo de la red llegando desde atrás por el carril central para definir al primer toque. Y el último tanto surge de una recuperación en campo rival del propio Isco que recibe de vuelta el balón de Iago Aspas para definir con dos toques desde dentro del área. Un contexto de espacios y contraataques que beneficiaron al malagueño, que pudo hacer daño tanto con balón como sin él apareciendo por los tres carriles del terreno de juego. Seguramente haya sido su noche más mágica con ‘la Roja’, pero puede ser el principio de una larga carrera de éxitos con la Selección.

 

 

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