La vieja comparsa

La Juventus de Turín tocó el cielo en el Camp Nou. El pasado mes de abril los de Massimiliano Allegri secaron a la que, hasta la fecha, había sometido Europa bajo sus goles. La ya inexistente “MSN” quedó ruborizada ante el poder defensivo de un conjunto hermético, irreverente y tremendamente contundente en ambas áreas. Había tocado el cielo. Lo que vino después lo ratificó. Como -casi- siempre, el Real Madrid fue el encargado de despertar del sueño a los italianos en un baño de realidad en Cardiff. Los blancos disponían de una plantilla demasiado poderosa, incluso una quimera para la férrea defensa juventina. Tocaron cielo y se hundieron.

Las bajas de Benatia y Pjanic son muy sensibles para los intereses locales

Tras unos meses en los que las dudas acecharon a los de Zinedine Zidane todo parece indicar que los jugadores han vuelto a entrar en trance; las eliminatorias son todo lo que necesitan. Encabezados por Cristiano Ronaldo, el principal argumento ofensivo y competitivo del equipo, el Real Madrid se enfrenta a la Juventus con más certezas que incógnitas. Los blancos son claros favoritos por momento, nivel y plantilla.

Cristiano, Marcelo, Modric y Sergio Ramos son el aval competitivo de mayor peso sobre el verde

El planteamiento que pueda trazar Allegri estará condicionado por las bajas, sensibles, de Benatia y sobre todo la del bosnio Miralem Pjanic. El mediocentro es la baza creativa y organizativa del equipo turinés, aún más tras las marchas de Bonucci y Dani Alves este verano. El equipo ha perdido dos baluartes en la salida de balón que permitían al equipo ser más versátil a la hora de atacar. Sin Pjanic, su nexo, el equipo corre el peligro de ver tremendamente reducido su dinamismo ofensivo. Esto, sumado a la lentitud al espacio de sus teóricos puntas -Higuaín y Dybala- harán que, probablemente, Allegri externalize su plan. Con Alex Sandro y/o Asamaoah como principales referentes en el costado izquierdo y Douglas Costa alimentando los envites laterales, la Juventus podría encontrar una buena vía de ataque cargando el área con sus llegadores, Khedira o Matuidi.

Lo comentado en el anterior párrafo estará estrictamente relacionado con el once que plantee Zidane. En el último enfrentemiento europeo, condicionado por las lesiones, el francés alineó a un equipo muy vertical y compacto, protegiendo los costados con Lucas Vázquez y Marco Asensio que, a la par, ejercían de lanzadores en las transiciones ofensivas. Tras la exhibición de Isco con España en el parón, Zidane tendrá el dilema -bendito dilema- de configurar un once. Ante la escasez de talento puro en la medular italiana, el Real Madrid podría optar por dar rienda suelta al suyo, con Modric, Kroos e Isco en el once, el origen de la caída juventina en la pasada final. El 4-3-1-2 usado por Zidane esta temporada ha llevado a partidos con poca profundidad, embotellando el juego y obligando de una perfección técnica a todos los jugadores para tratar de avanzar en campo rival. El nivel de Marcelo y Carvajal de menos a más esta temporada, hará el resto. Ante este esquema, la Juve podría hacer daño si logran estirar las bandas y ampliar el campo, dejando espacio para que Dybala aparezca a la espalda de Casemiro y obligue al Real Madrid a correr hacia atrás de forma desorganizada.

La gestión de los elegidos por parte de Zinedine Zidane puede marcar el devenir del partido. Verticalizar o contemporizar. En Cardiff, ante una Juventus pletórica, los blancos pisotearon a la Vecchia Signora con el rombo y una versión sublime de sus laterales. La clave, como casi siempre, la tiene Zidane.

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