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Un abril diferente

La jornada deparaba dos partidos atractivos, pero en polos opuestos en lo anímico y emocional. Mientras Klopp exige esa adrenalina inalcanzable para cualquier ser humano, en Barcelona los pupilos de Ernesto Valverde otearon el horizonte y no vieron ninguna cara conocida. La Roma es, a día de hoy, un buen equipo incapaz de no salir derrotado del Camp Nou a pesar de tener delante a un equipo que carecía de profundidad y ritmo. Le bastó con ser quien es.

La baja de Dembélé y la titularidad de Semedo dibujaba un partido que buscaba minimizar el error y ganar en equilibrio.

Ernesto Valverde sorprendió con el 4-2-3-1, con Sergi Roberto en la medular y Semedo de lateral. Probablemente, el técnico tomó la decisión motivado por el nivel de Kolarov y la ternura de Ousmane Dembélé a la hora de proteger su espalda y la del compañero. Con este planteamiento el Barça se protegió de los envites del serbio pero dejó mucho que desear cuando los visitantes exigieron desborde y chispa. Los romanos se plantaron con un 4-1-4-1 sólido, combinando momentos de presión muy adelantada con un bloque medio que se limitaba a ofrecer caminos fáciles de defender, aguardando al error y confiando en su portero, Alisson, quien se mostró dubitativo y dejó claro que debe dominar el área pequeña y el arte del despeje al dificultarse el blocaje. Pero con esto era suficiente.

El tanto de De Rossi fue un golpe duro para quien no hace nada malo y recibe un castigo, como un niño que ha husmeado donde no debía y se lleva una reprimenda. El inicio del segundo tiempo fue un cómputo de lo que es el Barça de Valverde. Aprovechar los momentos buenos para encarrilar la eliminatoria con una eficacia tan necesaria como extraña -en propia puerta y Gerard Piqué- y minimizar los malos con un Ter Stegen que pasó de villano a héroe en cuestión de milésimas de segundo. Y Rakitic. El croata merece mención a parte por convertir lo excepcional llegado a este punto de su carrera, en rutinario. Su capacidad para recuperar, presionar y estar siempre donde lo pide la jugada le convierten en un jugador dominante.

Sergio Busquets jugó renqueante y lo notó el juego culé, más lento de lo normal

El partido fue entrando en un letargo que dañó a un Barça que pudo hacer sangre y prefirió conservar la pelota, como los mantras Guardiolistas que ya no sirven sin Xavi e Iniesta juntos en el terreno de juego. Movidos por la poca tensión en el ambiente y esa desconexión mental fruto del resultado, sabiéndose superiores, casi imbatibles frente a un rival que por mucho que se esforzaba, no lograba ni siquiera inquietar al Camp Nou.

La lectura que nos da el partido deja ciertas dudas en torno a lo que le queda al Barça. El trío Iniesta, Umtiti y Suárez dejó muestras de cansancio, entendible, pero no menos preocupante. Avales competitivos y pilares en el esquema de los azulgrana, cuajaron un mal partido, maquillado por el importantísimo gol del charrúa. En cambio, Valverde sí pudo confirmar que la pareja Sergi Roberto/Semedo puede ser muy útil en partidos exigentes, por físico y por entendimiento. El portugués ofreció sus mejores momentos en ataque, haciendo gala de su potencia para inquietar -que no dañar- la estructura defensiva romanista. Le queda, pero es un primer paso.

Empieza abril con la sensación en el Camp Nou de partido extraño, de noche que no les pertenece. Sin apenas sufrir pero sin brillar, los de Ernesto Valverde se bastan con ser quienes son para dejar la eliminatoria -casi- sentenciada.

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