El guardián Laguardia

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Con la llegada de Abelardo el Alavés encadenó una serie de resultados positivos que hoy le permiten observar los puestos de descenso desde una posición de prudencia pero con cierto alivio, algo que parecía muy lejano previa la llegada del técnico asturiano. El ritmo de puntuación ha decrecido, algo lógico teniendo en cuenta que sus números se equiparaban a los de los mejores equipos de nuestra liga, pero todavía hoy, habiéndose disputado 32 jornadas, continúa escalando puestos en la clasificación. El conjunto vasco tiene un colchón de 12 puntos sobre el Deportivo, que marca la zona roja, mientras está a tan solo 9 de Europa -un objetivo que seguro el Pitu no se quiere ni plantear- cogiendo ya el tren de los equipos que rondan los 40 puntos.

Como ya habíamos analizado, diversos factores tácticos y estilísticos explicaban el brutal cambio de dinámica de los vitorianos, pero hay que añadir cosas que son ajenas al gijonés para dar cuenta de el por qué de algunas cosas. Cuando Abelardo llegó a Mendizorroza uno de los que hoy se ha erigido como una de sus piezas clave estaba lesionado, y así fue hasta que debutó esta temporada en la jornada 19, directamente como titular tras la grave lesión que le tuvo apartado hasta mitad de campaña. No hablamos de otro que de Víctor Laguardia.

El central maño llegó en mitad de la dinámica positiva alavesista y colaboró en continuarla y acentuarla. Dirigiendo la zaga blanquiazul desde el primer momento, Laguardia supuso un plus en las garantías defensivas para Abelardo, algo que el asturiano, quizás por su pasado como futbolista, valora con especial énfasis. Su capacidad para ir al corte, bregar cuerpo a cuerpo y su anticipación le hacen ser un defensor muy rocoso y con gran capacidad para vencer en el uno contra uno. Además su juego aéreo se ha convertido en fundamental para las aspiraciones de su equipo, no solo porque sea efectivo en la defensa de los balones laterales al área, sino por ser capaz además de anotar dos tantos en los 14 encuentros que lleva disputados, ayudando en sendas ocasiones a su equipo a llevarse los tres puntos. Posiblemente esa anticipación de la que hacíamos mención equilibra en parte la falta de velocidad del maño, que sufre a campo abierto, aunque esa es una situación que el Alavés trabaja por no favorecer.

Si su desempeño defensivo supuso un salto de nivel para su equipo, que consiga goles que dan puntos es la mejor noticia -e inesperada- para Abelardo.

Las cifras ayudan a entender mejor lo que Laguardia le ha aportado al Pitu Abelardo en términos defensivos. Si bien el ritmo de puntuación ya no es tan elevado como antes, el equipo ha mejorado mucho en sus cifras en la parcela defensiva. En las 18 jornadas precedentes a la llegada del maño al once titular el Alavés había sumado 15 puntos (9 de ellos en la etapa Abelardo) y había encajado 27 goles. Comparado con las cifras desde la presencia del maño en la zaga alavesista asimilamos su gran influencia en la zaga vasca: 14 partidos, 23 puntos y 18 goles recibidos. No solo ha colaborado en que su equipo siguiera sumando más puntos que en la etapa previa al técnico asturiano, sino que logró dar mayor consistencia a su apuesta defensiva, apuntaló y lideró a una zaga reconocible que hoy en día recibe 0,58 goles menos por partido, logrando acumular 8 ocasiones en las que los babazorros consiguieron dejar su puerta a cero, algo fundamental en las aspiraciones del asturiano. Con Laguardia el Alavés ha guardado a buen recaudo la llave del candado que asegura la meta de Pacheco.

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