Theo sin autopista en Chamartín

Para triunfar en el fútbol contemporáneo hay que aunar unas condiciones físicas y técnicas excepcionales con un contexto emocional y táctico que sirva de guía y trampolín para alcanzar el máximo nivel posible. Conocemos innumerables casos de jugadores con una calidad superior a la media que no han encontrado ese punto competitivo imprescindible para condicionar en la élite (nos sirve el ejemplo de Jesé Rodríguez) y también otros casos con un teórico menor nivel neto pero que, bien orientados, han llegado a desarrollar un rendimiento que los sostiene por encima de donde previamente se les había colocado (el caso, también madridista, de Lucas Vázquez).

Theo Hernández (1997) irrumpió en la Liga Española la temporada pasada de la mano de Mauricio Pellegrino y su emocionante Deportivo Alavés. El técnico argentino entendió a la perfección su plantilla y fabricó un conjunto muy práctico basado en un sistema defensivo muy seguro y un centro del campo versátil con capacidad de robo, pase y llegada al área. Lo configuró todo sobre una línea de cinco zagueros liderada por los solventes Víctor Laguardia y Zou Feddal como centrales. En las bandas, Pellegrino utilizó dos carrileros con claras funciones: dar amplitud, profundidad y salida al equipo cuando se recupere el balón. Y ahí, Theo encontró su sitio.

Pellegrino encontró a Theo la ubicación y la función ideal para sus condiciones.

El francés hizo gala de su extraordinaria potencia y de su conducción imparable. Una vez arrancaba la moto, la probabilidad de que el balón terminara en el área rival era alta, y eso le daba mucho oxígeno a su equipo. Más llegando que estando, daba opciones de salida a sus centrocampistas, desahogando el juego y siendo un látigo sobre el que edificar las ventajas en ataque. Todo, además, bien compensado por la cobertura de los tácticamente bien ordenados mediocentros (Marcos Llorente y Dani Torres) y la vigilancia de los cuatro zagueros restantes.

Theo, desde el lateral, fue una de las principales armas ofensivas del Alavés.

La capacidad de dominar tantos momentos a lo largo de la temporada haciendo gala de las mencionadas virtudes, le hizo llegar al Real Madrid. En la capital, Theo es igual de rápido, alto, fuerte y potente. Sigue siendo joven y con proyección. Pero no está, ni de cerca, igual de cómodo que en Mendizorroza. Y para explicarlo tenemos causas emocionales y tácticas. Las primeras las explican su juventud y madurez incompleta, unidas a una menor cantidad de minutos y partidos -algo previsible teniendo por delante al capitán Marcelo- que le dificultan conectarse a la competición tanto mental como físicamente. Pero es tácticamente donde más problemas está encontrando el lateral.

Y es que de blanco no puede correr. No encuentra diez metros de prado para iniciar la carrera con la que se siente dominante y con la que aportar al equipo todo lo que sabe hacer. El Madrid este año ha pecado de lentitud en la circulación, de falta de ritmo y de desborde, déficits que los rivales han aprovechado para defender en repliegue reduciendo los espacios para después rematar al final a un rival mentalmente bloqueado. El atacar ante equipos replegados, con líneas juntas y en pocos metros, incrementa la responsabilidad y dependencia de jugadores técnicos, pues se necesitan piezas que eliminen contrarios con el regate. No hay espacio ni tiempo para que un jugador arranque una carrera y encuentre a partir de ello el tempo para hacer daño. En este contexto Theo viene teniendo muchas dificultades para crear una ventaja, ya que carece de la finura técnica y de la sensibilidad asociativa necesarias para ser la llave que abra la puerta.

Sin embargo, hay algún punto para la mejor adaptación del francés a la mecánica blanca. El 4-4-2 con rombo en el centro del campo que radicaliza la posesión de balón a partir de la jerarquía de Modric, Kroos e Isco, necesita de alas para despegar y sacar verdadero rédito a tanto toque de pelota. Con un enfoque obvio a jugar por dentro en un esquema estrecho, la puntualidad de Theo para subir y el timing preciso que pueda desarrollar para hacerlo en el mejor momento, puede ser una vía para romper con su potencia el rondo que forma el equipo en el centro y ser la lanza que provoque el daño directo al rival. Para ello quizá siga teniendo que esperar su momento, pues este traje táctico lo reserva Zidane para los grandes partidos de la temporada y ahí, Marcelo Vieira, es, claro, un fijo.

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