Gerard Moreno como fin

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El paso hacia la consolidación terminó en frustración. La segunda campaña de Quique Sánchez Flores en el Espanyol comenzó con unas expectativas altas, pero el resultado final ha sido el de dar un paso en falso. Sin rectificación. Buscando la estabilidad bajo un 4-4-2 muy marcado, el equipo demandaba una no-tendencia al unísono, sino que se abriera el abanico de posibilidades a partir de las cuales se ejerciera el mismo modelo de juego.

Menos opciones de contactar con Gerard Moreno.

Sin obviar la voluntad de Quique de partir de la conservación, implementó diferentes esquemas, siempre con el mismo objetivo. El dominio de las dos áreas fue una premisa que convivió bajo las órdenes del ya ex técnico blanquiazul. En la propia, Diego López y Pau López conjugan un valor añadido en la primera de las premisas. Para sumar, el equipo defendía como un bloque, también con el 4-4-2. En variación al aspecto ofensivo, Quique trató de dar variabilidad al ataque, modificando el sistema hasta en dos ocasiones a lo largo de la temporada. No obstante, hacer énfasis en el estaticismo y dominio de las transiciones defensivas repercutió en la incapacidad de dotar al equipo de mayores opciones con balón. O, dicho de otra manera, de contactar con Gerard Moreno en una posición resolutiva.

Por este motivo, el ‘7’ se multiplicó. Una posesión que no pase por sus pies reduce considerablemente el porcentaje potencial de éxito. El reflejo de la sobredimensión que emprendió el delantero se constata en los números, donde destaca por haber logrado la mitad de los goles del Espanyol, uno de los conjuntos con más dificultades para anotar en Liga. Gerard Moreno no solo es un desarrollador de las posesiones blanquiazules, sino que también es el principal fundamento de la finalización. Reservarse para mantener la estructura defensiva ha perjudicado, en cierto modo, a la capacidad ofensiva del equipo, que se ha redirigido hacia la culminación del talento individual.

Gallego quiere el balón como medio.

David Gallego trató de compensar ambos aspectos en su debut como técnico del primer equipo. Probó con un sistema poco común respecto a los que Quique, anteriormente, había apostado. Con un 4-3-3, defendió con éxito los centros laterales del Girona, así como las llegadas de los interiores. Una vez más, Gerard Moreno equilibró las carencias tácticas con su calidad técnica. Prueba de ello, el gesto en el primer gol, pese a que le obligue a finalizar con la diestra. Aunque el Espanyol disfrutó de escasas posesiones largas, las ideas en fase atacante de Gallego se constataron en la movilidad de los delanteros. Gerard, Sergio García y José Manuel Jurado, que funcionó como elenco, permutaron constantemente sus posiciones, pese a que el objetivo final de la construcción siempre fue contactar con Moreno. Otro de los beneficiados fue Sergi Darder, que se dedicó a comunicarse con el goleador blanquiazul durante la segunda mitad. El ex centrocampista del OL ha sido uno de los damnificados por Quique al apostar por la consolidación de la estructura defensiva, jugando en algunos partidos en banda y minimizando, de esta manera, algunas de sus características.

Gallego, ya sea dirigiendo más o menos partidos, ha ofrecido algunas mimbres que permiten dibujar el futuro a corto plazo de un Espanyol que ya no tiene nada que perder. La gestión de algunas piezas jóvenes, como Óscar Melendo o Marc Roca entre otros, puede ser clave hasta final de temporada. Aun así, Gerard Moreno seguirá siendo el objetivo de cada uno de los contactos con el balón de los jugadores del Espanyol.

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