Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Equipos

Rock ‘n’ Roll al estilo Klopp

[Este artículo forma parte del número de abril de nuestra revista digital, que la puedes descargar aquí]

Jürgen Klopp aterrizó en Anfield para revertir una situación insostenible. Y es que un histórico del fútbol europeo no puede permitirse el lujo de estar tantos años sin conseguir títulos. The Kop lo exige. A día de hoy -seguramente sin quererlo implícitamente- el Liverpool está más preparado para competir en la Copa de Europa que para disputar la Premier League. El sello del entrenador alemán está más que consolidado en el estilo de juego: eléctrico, con transiciones explosivas y uno de los mejores ataques del continente. Sin embargo, todo lo que suma arriba se contrarresta en defensa. Es la tarea pendiente del Liverpool.

Problema estructural más que individual

Aunque la calidad individual, pieza por pieza, no supera a ninguno de sus competidores nacionales -ni los dos equipos de Manchester, Chelsea, Tottenham o Arsenal- el enfoque de la parcela defensiva de Klopp no propicia una mejora a corto plazo. El Liverpool es un equipo sumamente ofensivo y expone, sobretodo, a sus centrales. Generaliza unas carencias que son evidentes. En primer lugar, desde Pepe Reina ningún otro portero ha estado cerca del rendimiento del español. Loris Karius ha mejorado a Simon Mignolet -las últimas titularidades lo demuestran- pero el alemán deja ver algunas debilidades, como la inseguridad en el juego aéreo o la colocación en ciertos casos. En segundo lugar, los centrales quedan expuestos a los mecanismos del ataque red. Los laterales se suman al ataque y Jordan Henderson o Emre Can, que se desarrollan como mediocentros reconvertidos, no son suficientemente conservadores. Sin embargo, Klopp ha optado por Joe Gomez, un central que ha sido utilizado como un comodín lateral en ambos costados. Sin Nathaniel Clyne, Trent Alexander-Arnold, una de las promesas de Anfield, ha quedado relegado a un segundo plano. Gomez es mucho más conservador, juega cerca de los centrales y forma una línea de tres asimétrica con balón. Por contra, Arnold tiene mucho más recorrido y presencia ofensiva, lo que a Klopp no le ha interesado últimamente. El Liverpool rehúsa al ataque de un lateral para protegerse de las transiciones defensivas, algo que puede permitirse en algunos de sus partidos. No obstante, la penetración vertical desde el perfil diestro del terreno de juego la realiza -el también reconvertido- Oxlade-Chamberlain. Virgil Van Dijk aporta un salto cualitativo al conjunto de su defensa y mejora la salida de balón. No obstante, la mejora de uno de los centrales no repercutirá a corto plazo a la mejora de toda la parcela defensiva. El entrenador alemán demanda un perfil característico: con capacidad de jugar el balón, pero con especial énfasis a la colocación sin él y la valentía y confianza que requiere jugar a campo abierto, a 40-50 metros de su propia portería.

El vacío de Coutinho

Sin Philippe Coutinho, el Liverpool pierde una pieza fundamental, la más imprescindible, en la base de la jugada. La temporada 2016-17 fue la de su confirmación, partiendo desde el extremo pero bajando a recibir en muchas situaciones. Con el fichaje de Mohamed Salah, el brasileño abandonó parcialmente la mediapunta para ser, a la misma vez, creador y finalizador. Los de Anfield, más allá de tener uno de los mejores tridentes de Europa, destacan por sus interiores con llegada y su participación desde segunda línea. Son complementarios a Salah, Roberto Firmino y Sadio Mané. Emre Can tiene un poderoso disparo y una conducción capaz de romper líneas, pero también ha sido el recambio de Henderson como medio centro. Georginio Wijnaldum, sin obviar su aportación en ataque, ha modulado su rol a un centrocampista algo más conservador, pero sin perder su esencia. Uno de los centrocampistas más similares en cuanto a comparación individual con Coutinho es Adam Lallana. El inglés es el jugador con mayor capacidad para moverse entre líneas, pero corre el riesgo de influir en los movimientos de Firmino por el centro. La lesión a inicios de temporada le paró en seco y le está costando volver a entrar.

El retoque más interesante de esta campaña es el de Oxlade. A priori, llegó a Liverpool como suplente del tridente, pero rápidamente Klopp le asentó en el centro del campo. Oxlade es un jugador vertical, directo y profundo, pero su desarrollo como interior no es contraproducente, más bien al contrario. Aún con tiempo para leer cuál es la velocidad con la que debe circular el balón por dentro, Oxlade está enfocado a ser un agitador de momentos. Es la versión desencadenada de Emre Can. Se asocia principalmente con Salah, con el que a veces una simple pared es suficiente como para romper una línea de defensores.

El Liverpool es reconocible como un equipo de Klopp. Sin embargo, además de la defensa como aspecto global, le cuesta atacar posicionalmente. Sin Coutinho, el equipo no tiene ningún jugador capaz de desatascar los encuentros. El técnico alemán no ha buscado un recambio directo que cumpla con su función, muchas veces es por la propia calidad de los jugadores de ataque por la que las ocasiones terminan cayendo del bando red. Por este motivo, la directiva cerró el acuerdo de fichaje de Naby Keïta para el próximo mercado veraniego. El centrocampista del RB Leipzig es, sobre el papel, uno de los fichajes más acertados.

Liverpool

Si se puede correr, los goles están asegurados

Es plenamente lógico, pero el Liverpool, para ganar sus encuentros, necesita marcar más goles de los que encaja. O, dicho de otra forma, de los errores que paga en defensa. Los atacantes deben estar más inspirados que la parcela ofensiva rival. Desde la llegada de Klopp, el Liverpool ha anotado un mínimo 4 goles en un mismo encuentro en 25 ocasiones. Simbólicamente, este verano Firmino cambió el dorsal 11 por el 9. Lejos de ser un delantero centro clásico, el brasileño es tan importante en el desarrollo del juego y la generación de ocasiones como en la finalización de las mismas. ‘Bobby’ trabaja para Mané y Salah. El egipcio, sorprendentemente, está rompiendo todos los registros goleadores. Aunque ubicarle en la mediapunta para acercarlo a la creación para mejorar el ataque posicional podría ser ideal, a día de hoy, apartarle del área sería un error. Es un delantero completísimo: se asocia -muy importante su conexión con The Ox-, es capaz de deshacerse de la defensa pocos metros, tiene un buen golpeo… Y tiene gol. Pocos podían imaginar este rendimiento cuando se le fichó. Desde sus primeros partidos, Salah está siendo la pieza fundamental del engranaje de Klopp. Por otro lado, Mané es uno de los mejores atacantes al espacio, pero también se está adaptando al ataque estático y a la generación de ocasiones a partir de éste. Aunque sin Firmino nada tendría sentido. Atrae a los centrales, les saca de su zona y los extremos atacan esos preciados espacios. Cada movimiento tiene un porqué, analiza la situación en apenas segundos y desemboca en una oportunidad. Y a todo esto, además de tener un ojo en Mané y otro en Salah, tiene la capacidad de ser uno de los goleadores de la Premier League.

Con espacios para contragolpear, el Liverpool tiene el encuentro prácticamente ganado. El tridente gestiona a la perfección la ocupación de carriles, el momento preciso de dar el pase, la toma de decisión, para la posterior finalización. Capaz de lo mejor y de lo peor. Capaz de establecer una ventaja de tres goles en el Sánchez Pizjuán para acabar siendo irreconocible y empatar. Klopp está madurando al equipo y, sin quererlo, ha construido un bloque que puede dar más de una sorpresa en la Copa de Europa. En una competición en la que prima la velocidad, nadie mejor que los de Anfield para explotarla. A medio plazo, si el club consigue retener a los jugadores insignia y Klopp es capaz de mejorar el apartado defensivo -con nuevas incorporaciones o no- el Liverpool será más regular. Y si lo es, la Premier League puede ser un objetivo algo más cercano.

 

 

1 COMENTARIO

¿Algo que añadir?