La defensa como discurso

A falta de cuatro jornadas para la conclusión del campeonato liguero, se puede afirmar que la máxima categoría no se le ha quedado grande a Pepe Bordalás. El técnico alicantino ascendió la temporada pasada al Getafe en el playoff después que ya lo hubiese hecho con el Alavés el curso anterior, aunque la directiva del equipo vitoriano no optara por darle continuidad. La negativa de los babazorros le llevó a Madrid, al barrio de Getafe, donde, con el equipo en Segunda, comenzó a forjar una identidad férrea que ha conseguido adaptarse plenamente a la máxima categoría. Este año en la división de plata le sirvió a Bordalás para instaurar el modelo con el que el Getafe no entraría como un don nadie y sin un plan claro. El bagaje que le dio esta temporada fue clave para que el colectivo entrara en dinámica y relativizase la entrada en Primera.

Y vaya si lo ha hecho. El Getafe se ha acomodado en el año del retorno a Primera División a través de incomodar. Pepe Bordalás, como todo el mundo, es de los que le gusta comenzar la casa por los cimientos pero, a diferencia de la mayoría, él es de los que decide centrarse ahí y acabar la casa como mejor pueda. El repliegue defensivo en campo propio es su característica más pronunciada y a partir de ahí es donde afianza su juego. Este primer movimiento enseña el objetivo de su juego: reducir los espacios rivales para atraparlo. Para minimizar las virtudes del contrincante. Así pues, su personalidad futbolística no se basa en lo que puede hacer con el balón sino lo que puede quitarle al rival para quedárselo consigo. Su intocable 4-4-2 le permite a Bordalás ganar equilibrio defensivo tanto en la ocupación individual de espacios como la proximidad de las ayudas. Y para eso se necesita un grado de intensidad singular.

La presión y la intensidad que imprime su equipo son dos de las claves de la consistencia del mismo en fase defensiva.

Cuando un equipo opta por alejarse del balón, también decide, implícitamente, promover el contacto: defender la vertiente más física del deporte rey. Incomodar. La intensidad y el choque forman parte del juego del Getafe, de su ADN. Así, el entrenador alicantino busca perfiles que respondan bien en el duelo tanto por bajo como por arriba para quitar o alejar el esférico. En ese contexto se entiende la labor de Djené y Bruno -antes Juan Cala-. Cuando los azulones tienen el balón bajo su posesión, el juego no se ablanda, sino que se agiliza. Es el conjunto que menos circula el balón por la medular y eso explica su profunda vocación ofensiva, vertical. Equipado con jugadores rápidos y habilidosos, la velocidad es su insignia en campo rival: tanto por fuera como por dentro, trazan la transición con pocos toques.

Atacar los espacios con jugadores de un carácter semejante menos Jorge Molina. El delantero alcoyano es el “pato feo” del sector ofensivo de los madrileños. Contemporiza, atrae, descarga y asiste. Es ese jugador invisible que le da cuerpo al juego monótono e impermeable del Getafe. Sin él, el retorno por todo lo alto de Ángel Rodríguez a la máxima categoría no hubiese sido tan satisfactorio. Si Molina ha marcado las diferencias en el juego, Ángel las ha marcado en el área. El canario ha materializado la friolera de doce goles, casi un tercio de todas las dianas del colectivo, que ha permitido al Getafe ganar ambición y partir con posibilidades de ganar una de los billetes para acceder a competiciones europeas. Y si Ángel ha sido diferencial en el área contraria, Vicente Guaita lo ha sido en la propia. El espigado portero de Torrent -tierra de grandes delanteros- ha recibido 31 goles, el tercer mejor registro de la competición, solo por detrás de los dos que ocupan el foco protagonista; Oblak y Ter Stegen. El rumor de su marcha hizo tambalear los cimientos del conjunto azulón. Ni el gran papel de Guaita se entiende sin el sistema defensivo de Bordalás ni el planteamiento esquemático de los madrileños atrás sin la figura del portero valenciano.

Los ejemplos de Ángel y Guaita son los más influyentes para explicar otra de las llaves de este Getafe: la contundencia en las áreas. El objetivo del Getafe no es el balón sino las áreas, y la idea de Bordalás persigue la manera de sacar el máximo rédito de ellas. Un equipo que juega de memoria con pero, sobre todo, sin balón. Un valor que les ha catapultado en el retorno a la máxima categoría.

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