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Modric y el bien común

Cuando nos sentamos en las butacas a ver y apreciar el talento de las mejores actrices y de los mejores actores nos detenemos en cada detalle a la hora de analizarlos. Son muchos los matices que se les exigen a los intérpretes a la hora de convertirse en protagonistas de películas que serán vistas y recordadas por millones de espectadores. Pero sin duda alguna, lo que diferencia a un buen actor de otro peor, es su capacidad de cambiar de roles con aparente facilidad, destacando el término aparente e indicando que la facilidad cuesta y se practica a base de entrenamiento y sacrificio.

Sin ir más lejos, Leonardo DiCaprio, que cuenta con nombre de artista, es capaz de interpretar la sensibilidad absoluta en ‘Titanic’ muriéndose por amor y la excentricidad inconformista máxima en ‘El Lobo de Wall Street’. Pues cambiemos la gran pantalla, los escenarios y la alfombra roja por una perfecta y bien cuidada alfombra verde con un telón de fondo como el estadio Santiago Bernabéu, llamando a nuestro actor principal Luka y de apellido Modric. Ya solo faltan las palomitas.

Sobrarían las palabras para describir a un jugador como el croata. El mediocentro nacido en Zadar (Croacia), llegó a las filas del Real Madrid en el año 2013 y desde entonces son pocos los que dudan de sus cualidades con el esférico. Un futbolista de exquisita calidad técnica capaz de controlar un partido gracias a su toque preciso y su fútbol sencillo, aunque lo difícil en el fútbol es precisamente hacer lo fácil y esto Luka lo cumple a la perfección.

Internacional por la selección de Croacia en 103 partidos y anotando 12 goles, Modric es un mediocentro con una gran capacidad de liderazgo y una envidiable visión de juego. Además, pese a no contar con una gran envergadura, su 1,72 m. no le impiden implicarse fuertemente en un genial despliegue físico durante los partidos, convirtiéndolo en un perfecto interior capaz de ofrecer ayudas defensivas a los laterales y extremos. De ahí que su posición no sea fija y abarque grandes áreas en el terreno de juego a lo largo de un mismo encuentro.

Su gran juego de primeras y su buen golpeo de balón le permiten actuar en posiciones cercanas al área rival como mediapunta, como hacía en el Tottenham Hotspur, aunque donde más luce es en posiciones medias, en las que Luka se convierte en la primera opción de salida para los centrales y los mediocentros defensivos. Es el oxígeno que necesita su equipo para cada partido, el cerebro blanco que se encarga de tener activo el sistema nervioso ante posibles bajadas de tensión.

Pero sobre todo, es un futbolista de equipo. Su solidaridad se manifestó en el partido de vuelta de las semifinales de la UEFA Champions League frente al Bayern de Múnich. Zinedine Zidane apostaba por colocar en el medio del campo a Kovacic, Kroos y Luka Modric formando un 4-3-3 asimétrico en ataque y un 4-4-2 más claro en fase defensiva, con el objetivo de controlar la posesión del esférico durante largos tramos del encuentro, dejando al titularísimo Casemiro en el banquillo. Además, el lateral derecho en funciones era Lucas Vázquez, un jugador lleno de garra y pundonor que no se amilana ante ninguna situación pero que ve en sus características de extremo carencias lógicas defensivas. Sin embargo, el peligro y la posesión no le duraban mucho al conjunto blanco por lo que gran parte del encuentro tuvo que verse detrás del balón, defendiendo constantemente las internadas de Müller por la derecha y de Ribéry por la izquierda.

Ante esta situación Ribéry y Alaba, integrantes de la banda izquierda del Bayern, insistían una y otra vez en cargar el juego a las espaldas del hoy lateral gallego y tras una serie de superioridades ante las que el teórico mediocentro defensivo -Kovacic- no respondía, tuvo lugar una aparición casi divina. El 10 del conjunto blanco, el encargado normalmente de acariciar el balón y dotarlo de magia, no se arrugó a la hora de ponerse el mono de trabajo, convirtiéndose en un segundo lateral derecho.

Si bien era Kovacic el encargado de aparecer en las coberturas hacia las bandas y ante su falta de implicación en el papel, Luka se situó por delante de Lucas, arropándolo y ayudándolo en todas las tareas defensivas. Decidió que descuidar su rol habitual de mediocentro creativo y acomodarse a su nueva posición de interior defensivo era la mejor opción para su equipo, que lo estaba pasando mal durante mucho tiempo.

Entonces, a través de ese doble lateral formado por Luka y Lucas el Real Madrid controló algo más la entrada de Ribéry y Alaba, eliminando parte del peligro que originaron durante toda la primera parte y dotando a su equipo de rigor defensivo y táctico, anulando espacios libres y generando cierta sensación de seguridad, poderío y solidaridad.

Mientras que en ataque seguía ofreciéndose como guía para sacar el balón jugado en las posesiones largas por las que optaba el Madrid, en defensa su implicación era absoluta. Esto generaba también que en ataque no pudiese desenvolverse al cien por cien de sus capacidades. De ahí que los blancos apostaran por un ritmo más lento y un intento de juego elaborado.

Luka Modric se erigió como una especie de segundo lateral derecho desde la posición de interior defensivo. La clave estaba en parar a Ribéry y Alaba y ayudar a Lucas Vázquez en tareas defensivas.

Una melena rubia volvía a correr por el lateral derecho del Santiago Bernabéu pero en este caso no se llamaba Míchel ni se apellidaba Salgado. Aunque su espíritu aguerrido y peleón parecían recordar la figura del gallego. El croata demostró entrega durante todas las fases del encuentro que disputó en su nuevo papel, tirándose al suelo para evitar los centros rivales o corriendo y protegiendo el esférico cuando tocaba. Una muestra increíblemente fantástica de la inteligencia de un jugador sublime.

Su poder de adaptación es tan grande que se convirtió en una de las figuras del partido abandonando en ciertos momentos sus mejores cualidades y siendo el primero de los defensores de su equipo. Ya pasados varios minutos de la segunda parte, y con la entrada de Bale y Casemiro, su rol volvió a ser el de siempre. Con Asensio situado en la parte derecha y Bale en la izquierda y con Casemiro como pivote defensivo, Modric pudo volver a su hábitat natural en el que luce cada fin de semana, ese en el que ejerce de líder, de iniciador, de domador de posesiones, de cerebro racional y de genio permanente.

Pero la implicación defensiva del menudo jugador croata por la banda provocaba una superioridad manifiesta bávara en el medio del campo. Los alemanes superaban con facilidad la primera línea de presión impuesta por Benzema, Cristiano y Asensio y rápidamente se situaban con James, Thiago, Tolisso y Müller en las fases ofensivas, ahogando a Kroos y Kovacic con una superioridad manifiesta.

Finalmente el conjunto de Zinedine Zidane supo sufrir y de la mano de un magnífico Keylor Navas logró empatar a dos goles para conseguir un nuevo pase a una final de la Champions League, alargando su idilio con la competición.

Si algo nos demostró el bueno de Modric en el encuentro ante el Bayern es que en los deportes colectivos no hay nada más importante que el equipo y el croata luchó, rindió y se modificó por el bien de sus compañeros, sin dudar en el cambio de posición aunque este conllevase su mal particular, sacrificándose por el bien común.

Una muestra de que talento y sacrificio deben cogerse de la mano. Modric, pese a sus carencias defensivas, luchó para anular espacios y generar espíritu solidario a su equipo.

Un ejemplo para citar en las escuelas de fútbol de cómo afrontar esto del fútbol con pasión y es que, a sus 32 años, Modric sigue dejándonos lecciones en el terreno de juego mereciéndose todo tipo de elogios ante el gran futbolista y compañero que es.

Y es que, además de sus capacidades técnicas, deslumbra por su buen posicionamiento en el campo y su poder táctico a la hora de leer diferentes situaciones del juego y de anticiparse a los movimientos a través de robos o de la eliminación de espacios ventajosos para el rival.

Un talento muchas veces infravalorado por haberse enfrentado a la era de los magníficos Xavi o Iniesta pero que sin duda contiene las características para ser uno de los mejores mediocentros actuales. La calidad y el talento también necesitan de determinación, sacrificio y esfuerzo, y estas tres últimas características fueron el reflejo de Luka Modric ante el Bayern en el terreno de juego. Un futbolista total, al servicio siempre de su equipo. Un actor principal y protagonista espléndido, capaz de interpretar distintos papeles dentro de una misma película.

 

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