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Valverde para todos

Desde que Ernesto Valverde dejó anclada su mirada al césped del Santiago Bernabéu en agosto, tras uno de los peores inicios de temporada de la historia reciente del Barcelona, hasta el día de hoy, la escala de colores ha pasado de un negro radicalizado a blanco -cada uno puede determinar si más o menos grisáceo-. La Supercopa de España mostró todos los defectos que Luis Enrique había encubierto durante tres años. Las secuelas de un tridente que había perdido la pieza más desequilibrante por sí misma. El Txingurri sabía que, en un cambio de hombre por hombre, el rendimiento sería inferior. Las dos premisas que consideró en julio las ha llevado consigo mismo hasta los meses en los que se decide la temporada. Por un lado, no mimetizar hasta la cúspide el modelo de juego tradicional del club, pero -sin renunciar a éste- establecer una base sólida. La otra de las premisas es uno de los dilemas a los que se enfrentan todos los entrenadores de Leo Messi. Valverde decidió rodearle, favorecer su juego. Que el Barça jugase para el argentino, sin privarle de libertad de movimientos. La reformulación de la posición del ’10’, redireccionó al equipo a otra dimensión.

El Barça se ha diferenciado por su capacidad defensiva.

Es el principal granito de arena que el técnico ha aportado a una generación de futbolistas que han bebido siempre de una misma ideología de juego. No tomó como dogmático el 4-3-3 y lo moduló a un 4-4-2 asimétrico. Sin renunciar a nada, solo adaptándose, tocando diferentes teclas. La presión en campo contrario ha sido uno de los aspectos condicionantes del Barça esta temporada. Fue el motivo principal del rendimiento de Samuel Umtiti durante más de seis meses. El francés, cómodo en la anticipación, fue la cobertura sistemática de la banda de Jordi Alba y Andrés Iniesta. Y sus actuaciones se acrecentaron en cuanto a vistosidad. Otro de los nombres propios ha sido Marc-André Ter Stegen. No solamente con balón, se ha establecido como uno de los guardametas mejor dotados a la hora de hacer lo que hacía un portero antaño, parando.

El Barça ya no solo se defiende con el esférico. El nuevo esquema propicia un menor recorrido para el repliegue posicional, dibujo que mantiene en defensa. El punto necesario de desorganización cicatriza rápidamente después de perder el balón. El equipo se comprime, se juntan las líneas y los rivales se ahogan. El pasador se encuentra en un contexto que demanda mucho y de todo. Ahí Sergio Busquets ha vuelto a encontrarse. Su mejor versión se ha prolongado durante todo el curso, ofreciéndose al equipo en salida de balón y volviendo a ser -muy- importante en la presión. Esta vez, acompañado de un multidisciplinario Ivan Rakitic. La ubicación del croata ha estado muy vinculada a la de Busquets. Posicionalmente, en el proceso de transición de la jugada tiene mayor contacto con el balón y sin el esférico, cubre otra de las zonas sensibles, la espalda de Messi.

Jordi Alba ha sido uno de los principales beneficiados.

Si bien el 4-4-2, en cierto modo, puede pecar de profundidad, el análisis no puede desprenderse de Jordi Alba y Sergi Roberto. Son el termómetro que indica cómo quiere atacar el equipo. El reconvertido lateral derecho es un centrocampista exiliado a la banda, pero no renuncia a su pasado -ni a lo que realmente es-. El modelo de juego le ha dotado de una lectura de juego especial, sabiendo adaptarse a las necesidades de la banda del número diez. Por otro lado, Valverde selló el visado de Jordi Alba para que pudiese viajar con total libertad. Siendo el principal beneficiado de la marcha de Neymar Jr. No tiene que adaptarse a los movimientos de un jugador de más altura, no tener que pensar le facilita incorporarse al ataque como falso extremo en cada jugada. Las colaboraciones con Andrés Iniesta en el pico del área son uno de los benefactores del sistema asimétrico. Si bien uno de los fines de Valverde es que Messi reciba el balón en zona de influencia, lo más arriba posible, Jordi Alba le ofrece la posibilidad de hacerlo habiendo aparecido antes en la base de la jugada. La famosa diagonal difiere del concepto puro de abocarse a la inmediata finalización o centro lateral. Dota al argentino del tiempo necesario para despojarse de la piel de creador para convertirse en finalizador. Son los segundos que le habilitan para pasar de jugar con dos líneas defensivas por delante de él, a aparecer -sin una focalización extra por parte de la zaga rival- en la frontal del área.

La posición de medio derecho es la que más dudas ha creado a Valverde.

La posición de centrocampista derecho es la que única que ha bailado en los momentos más importantes de esta campaña. Valverde ha empleado a todas las opciones de las que disponía en la plantilla aunque ha sido Philippe Coutinho, pese a jugar en el perfil diestro, el que mejor ha terminado interpretando el rol que se le pide. Beneficiado por su contribución cualitativa y gesticulación con balón. Desde Aleix Vidal a André Gomes, pasando por Deulofeu, Paco Alcácer, Paulinho o Dembélé, todos los jugadores han tenido la capacidad de desenvolverse en dicha posición, con más contras que pros. Paulinho apareció tímidamente durante uno de los tramos de la temporada para dotar al equipo de un recurso distinto. Por el carril central, como segunda punta pero no al uso, el brasileño ofreció sin balón todas sus capacidades. Emergió como un tipo con gol, pero no ha sido capaz -no lo es por características técnicas- de realizar un proceso de inmersión y ajustarse a las vertientes técnicas y tácticas del prototipo de centrocampista azulgrana.

Luis Suárez, con algunos periodos distinguidos por su irregularidad, fue uno de los afectados por el cambio de sistema. Ligeramente desplazado a la izquierda, el uruguayo se demoró en encontrarse a sí mismo y ser útil para el equipo. Cuando ha estado acertado en el primer toque -independientemente de la aportación numérica en cuanto a goles- ha sido cuando el equipo más se lo ha agradecido. Es la posición que Valverde menos ha pincelado y, por la naturaleza del propio delantero, el tiempo ha dictaminado que los goles han terminado cayendo por su propio peso. El Barça ha ganado la séptima liga de la última década, lo que le ensalza como dominador de la competición nacional con mucha diferencia. Fiel reflejo de la capacidad de domar un torneo, año a año, de Leo Messi y su generación. Es momento de reflexión para Valverde. Con diferentes caras el próximo mes de agosto, deberá volver a preguntarse y resolver algunas incógnitas para que ‘su’ Barça se inmiscuya y siga con un proceso natural.

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