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Sí hubo clásico

Un clásico que se disputa en el mes de mayo es, a priori, sinónimo de final. Con la Liga ya decidida para los culés, temerosos acudimos a una previa que señalaba onces llenos de suplentes, falta de tensión y, algo que nunca sucede en estos partidos. Mucho a ganar, poco a perder. Así, con ambiente de gala en el Camp Nou, se batieron los dos mejores equipos del continente, ofreciendo lo que en este contexto se demandaba; espectáculo.

El inicio del FC Barcelona fue poderoso, agilizando el juego a partir de un inspiradísimo Iniesta -qué homenaje se dio el manchego- y un Suárez que aguantaba y descargaba, sacando de sitio a Ramos y descargando para buscar la espalda de un Marcelo más ofensivo que nunca. Sin la amenaza de Leo Messi en su costado, el carioca actuó de falso extremo y estiró muchísimo su posición. Pero el Real Madrid dio un paso adelante, exhibiendo su calidad. Kroos y Modric se movieron con inteligencia para activar las superioridades que acababan, normalmente, con un Karim Benzema que siempre domina en el Camp Nou. El francés deslumbra en el contexto que le brinda el Clásico, mientras Cristiano impone su ley dentro del área. Siempre voraz, materializó lo que fue una muestra técnica del Real Madrid en esa media hora de la primera mitad.

Saltar la presión con Ramos, Marcelo, Kroos y Modric no necesita de ningún plan previo.

El descanso y la expulsión del canterano Sergi Roberto obligaron a Valverde a sentar a Coutinho y dar entrada a Semedo. El contexto dibujaba un Madrid obligado a llevar la iniciativa y un FC Barcelona con un bloque, inevitablemente, más bajo. Ahí emergió la figura de Ivan Rakitic, que fue el pulmón y el director del campeón liguero. Su capacidad para interpretar lo que demandaba cada acción y su despliegue físico encumbraron a uno de los nombres de este curso. Su presencia no se supo trasladar a Europa, pero en Liga ha sido un coloso. La actuación de Leo Messi, por otro lado, fue emocionante. El descanso despertó al genio argentino, que empezó a presionar, y con él el resto del equipo. Lo que el Baça hizo mal con 11, lo hizo bien con 10. El click lo dio Leo.

El argentino capitaneó al FC Barcelona en inferioridad numérica.

El Real Madrid notó con sensibilidad la falta de punch tras la retirada del campo de un tocado Cristiano. Kroos bajó su impacto, no pudieron transitar y se remitieron al centro lateral, tan criticado este curso. Ni la entrada de Asensio dio mayor soltura a un ataque que cojeaba. Pero Bale decidió comparecer con un golazo. Centralizada su posición, el galés asumió los remates en los últimos compases de un encuentro trepidante. Un papel de líder que sigue siendo incógnita en su fútbol en esta irregular temporada.

El partido sirvió para evidenciar las carencias y virtudes de ambos equipos. El FC Barcelona no pudo controlar el partido desde el balón cuando lo necesitó, demasiado errático y corriendo mal hacia atrás, mientras los blancos se quedaron sin ideas cuando Cristiano se sentó, desprotegidos en el área, con el Barça haciéndoles mucho daño atacando desde el lateral. El partido murió con el Real Madrid buscando una victoria que les diera alas de cara al 26 de mayo en Kiev, pero sin capacidad de intimidación terminaron sucumbiendo ante el empuje de un Barça liderado por Leo Messi.

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